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Para medir el nivel de vulnerabilidad que enfrentan los comerciantes, especialmente aquellos que operan en el sector informal, LA PRENSA Premium realizó un recorrido por distintos negocios de San Pedro Sula, donde se efectuaron pagos reales mediante transferencias bancarias por la compra de productos y bebidas.
El ejercicio mostró una preocupante práctica, ya que la mayoría de vendedores no verifica en tiempo real si el dinero realmente ingresó a sus cuentas, confiando únicamente en capturas de pantalla o en la palabra del cliente.
Esto los vuelve vulnerables a estafas, pues este equipo evidenció cómo microbandas clonan aplicaciones bancarias para simular pagos por transferencias electrónicas que nunca se concretan.
En una florería del barrio Guamilito, una joven atendió la venta de un arreglo floral y, tras realizarse la transferencia a través de la banca en línea, únicamente pidió observar la fotografía del comprobante. Acto seguido tomó una imagen con su celular y continuó atendiendo a otros clientes sin revisar su cuenta bancaria.
Una escena similar ocurrió en un puesto de jugos naturales instalado en una de las calles más transitadas en las cercanías de la Circunvalación.
El comerciante, quien estaba acompañado de su padre, ni siquiera solicitó evidencia del pago, fueron los periodistas quienes tomaron la iniciativa de mostrarle la captura de la transferencia. Después de verla rápidamente siguió preparando naranjas sin confirmar si el dinero había sido acreditado.
La dinámica se repitió en una pulpería, donde la propietaria entregó los productos solicitados, aceptó el pago mediante transferencia y solamente observó por unos segundos la imagen mostrada en el celular antes de continuar con sus labores.
En un comedor de la zona del centro, la empleada entregó el plato de comida y tras enseñarle la pantalla donde se reflejaba el pago, simplemente tomó nota en un cuaderno con lápiz, sin revisar el sistema bancario.
El recorrido dejó al descubierto cómo cientos de pequeños comerciantes podrían convertirse fácilmente en víctimas de estafas electrónicas basadas en comprobantes falsos o manipulados.
El problema no radica únicamente en las cantidades individuales que se pierden, muchas veces de montos bajos, sino en el efecto acumulado de estos fraudes y estafas sostenidas en el tiempo.
Una pérdida de 500 o 1,000 lempiras puede parecer menor en un solo caso, pero en repetidas ocasiones durante semanas o meses termina representando un duro golpe para negocios cuyos ingresos dependen de ventas diarias y márgenes reducidos.