San Pedro Sula, Honduras. Una emprendedora que convirtió cultivos desaprovechados en una empresa social premiada internacionalmente; una mercadóloga que trabaja junto a la CEO de uno de los desarrolladores inmobiliarios más importantes del país y una arquitecta que pasó de diseñar hospitales públicos a coordinar el plan maestro de una nueva ciudad.
¿Qué tienen estas tres personas en común? Son jóvenes, están muy bien preparadas, son mujeres, pero, sobre todo, son exitosas... y son hondureñas.
Tienen diferentes antecedentes y formación profesional, pero todas pertenecen a una clase de personas que vive su éxito, no en el exterior, sino en la mismísima tierra catracha que las vio nacer, demostrando con ello que se puede triunfar en Honduras.
Sólida formación
María Auxiliadora Molina se graduó de la secundaria con apenas 16 años y, aunque llegó a la universidad sin la plena certeza sobre su verdadera vocación, tras un proceso de autoconocimiento continuó su formación académica eligiendo la carrera de administración industrial en inteligencia de negocios, un campo profesional que combina el estudio de datos con la gestión empresarial, el cual cursó en la Universidad Tecnológica Centroamericana (Unitec).
"Es una carrera muy amplia, una carrera que me podía especializar en varias áreas", cuenta sobre una decisión que terminaría por definir su presente.
En el caso de Ariana Bonilla, la motivación para convertirse en una profesional le viene de familia. Su madre es mercadóloga, su hermana es una destacada abogada, su tía es gerente de mercadeo en un importante medio de comunicación y su abuela —comparte con orgullo— fue una de las primeras doctoras en química y farmacia en Honduras.
Dado que desde pequeña le atrajo todo lo relacionado con las marcas y la publicidad, fue muy natural para ella escoger la carrera de mercadeo y comunicaciones, graduándose de esa carrera en la Universidad Stetson, en DeLand, Florida, EUA.
Una historia muy similar comparte la arquitecta Gloria Morazán, quien creció rodeada de una familia de ingenieros civiles y estuvo a punto de seguir los mismos pasos, de no ser porque le atrajo más el aspecto artístico del diseño arquitectónico.
Como primer paso, obtuvo su pregrado en arquitectura en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (Unah) y, un tiempo después, gracias a una beca Fulbright obtenida a través de la Embajada de los Estados Unidos, llegó a la Universidad de Oregón, en donde se especializó en diseño urbano sostenible.
Molina: la causa social
Terra Verde, el emprendimiento creado por Molina, tuvo su origen en una causa social. Llevaba más de una década trabajando con una fundación de apoyo a niños en aldeas, donde identificó un problema recurrente: cultivos que se desperdiciaban por falta de mercado.
La respuesta fue crear una empresa que diera salida a esa fruta y verdura (pulpa de mango, maracuyá y fresa sin preservantes) y que luego se diversificó hacia tacos de pollo y chips de vegetales durante la pandemia.
El fruto de todo ese esfuerzo llegó para ella en 2025, cuando se convirtió en la primera empresa hondureña en obtener el premio Impact Hope Woman Entrepreneur de la Fundación Bayer, el cual recibió en la ciudad de Estambul, Turquía.Sin embargo, lo que más le satisface es la oportunidad de ayudar a otras mujeres que lo han tenido más difícil en la vida.
“Intentamos contratar mujeres jefe de hogar, que tal vez no tuvieron la misma oportunidad que yo de estudiar, de poder formarse, pero tienen la valentía y pues ese como fervor de salir adelante”, algo que, admite, la hace “muy feliz”.
Bonilla: compromiso con la sostenibilidad
Tras su regreso a Honduras en 2020, en plena pandemia, Bonilla encontró su oportunidad en el desarrollador inmobiliario Celaque, en donde comenzó en el departamento de mercadeo y su talento comenzó a destacar en lo que se convirtió en una exitosa carrera que ya lleva más de un lustro.
“Mi trayectoria es bien bonita, porque he ido creciendo en la empresa en diferentes áreas, empezando en mercadeo, luego manejando varios proyectos, ya a nivel de la empresa, conociendo más del rubro de la construcción, del departamento de desarrollo, de diseño, también apoyando en el área de recurso humano”, dice, resumiendo su ascenso dentro de la jerarquía empresarial, que en la actualidad la ubica en una posición en la que trabaja muy de cerca con Pamela Ayuso, cofundadora y CEO de Celaque.
Pero el logro con el que se siente especialmente orgullosa tiene que ver con la obtención de su maestría en sostenibilidad e innovación empresarial, obtenida en la Eada Business School de Barcelona, España.
Como resultado de esa preparación, lideró los esfuerzos por certificar a Celaque como una B Corp, certificación que se otorga a aquellas empresas líderes en sostenibilidad que cumplen con altos estándares de gobernanza, responsabilidad social, ambiental y de transparencia con sus clientes, logrando convertir a Celaque en la cuarta empresa en Honduras que obtiene dicha certificación.
Morazán: proyectos de gran escala
La trayectoria de Morazán la ha hecho recorrer un largo camino, a través del cual ha participado en proyectos de gran escala.
Entre sus primeros trabajos destaca su participación en el diseño y planificación del Polideportivo de la Unah, del edificio de la Academia Nacional de Policía (Anapo) y de hospitales regionales de la Secretaría de Salud, todos los cuales desarrolló para la firma constructora Serpic.
Mientras cursaba su maestría en Estados Unidos, tuvo la oportunidad de trabajar con la empresa multinacional Jacobs en proyectos industriales de data centers y semiconductores, en donde se fabrican procesadores para computadoras.
Desde 2023 labora con Próspera, trabajando en algunos de los desarrollos arquitectónicos más importantes en la isla de Roatán, como la torre Duna, el complejo de apartamentos y área comercial más grande de la isla.
Retos y oportunidades
Hay que mencionar que su éxito y reconocimiento en el mercado empresarial hondureño no vinieron de la noche a la mañana. También hubo obstáculos en el camino que han tenido que sortear para salir adelante.
“Realmente uno de los mayores retos, personalmente, es que, por mi edad y por ser mujer, mucha gente no nos toma en cuenta o no me da el respeto que merezco porque estoy en la misma mesa que ellos o estoy en la misma circunstancia que ellos”, refiere Molina.
Bonilla, por su parte, destaca desde el positivismo toda la experiencia adquirida en las diferentes responsabilidades que tuvo que asumir y todo lo aprendido a lo largo del camino, a medida que superaba expectativas y escalaba posiciones.
En cuanto a Morazán, refiere que no siempre resulta fácil abrirse camino como mujer en un rubro profesional como la construcción, tradicionalmente dominado por los hombres. “Una nota como tal vez no les gusta que sea una mujer la que esté dándole las instrucciones, versus que si es un hombre”, dice.
Pero, junto con los retos, reconocen que también hay oportunidades y que Honduras tiene un gran potencial para el desarrollo y la innovación tecnológica.
En opinión de Molina, a Honduras no le falta talento, sino apoyo. “He conocido gente muy brillante, gente que tiene ideas maravillosas, gente que tiene toda la capacidad, pero tal vez no el apoyo, no tiene los recursos”, observa, a la vez que señala que ese es el siguiente paso para fomentar el crecimiento del país y de su gente.
Para Bonilla, la innovación tecnológica es un vehículo que avanza a gran velocidad, al que hay que subirse para no quedarse atrás. “Creo que sí estamos innovando ahorita pues, con todo lo que viene de la inteligencia artificial, todo lo que estamos pues apostando, creo que ahorita sí estamos en un punto que nosotros tenemos que acoplarnos con el cambio”, reflexiona.
Morazán no tiene dudas sobre el potencial de Honduras, pero el problema es que, con frecuencia, “los simples procesos de abrir una empresa nueva, a veces pueden encontrar bastantes trabas”, señala.
En lo que todas parecen coincidir es en que la llegada de empresas como Próspera abre las puertas a todo un mundo de posibilidades para desarrollar ideas y crear nuevas industrias, procesos más eficientes y un clima empresarial que ofrezca oportunidades para el talento local que, de otro modo, se iría al extranjero.
La experiencia de estas tres mujeres demuestra que, con la motivación y la preparación adecuada, países como Honduras pueden encontrar finalmente su camino hacia el desarrollo.