Mientras El Niño continúa fortaleciéndose en el océano Pacífico, la sequía ya deja pérdidas severas en el sur de Honduras. En San Antonio de Flores, Choluteca, más de 100 cabezas de ganado han muerto desde febrero por la escasez de agua y alimento, mientras pequeños productores se ven obligados a vender sus animales antes de perderlos.
El alcalde César Núñez informó que recientemente más de 300 reses fueron sacadas del municipio para su venta, debido a que los ganaderos ya no cuentan con recursos para alimentarlas. La crisis también golpea la agricultura, donde las pérdidas de cultivos son prácticamente totales, y comienza a afectar el comercio y los ingresos de las familias de la zona.
Este panorama podría agravarse durante los próximos meses. El Centro de Predicción Climática de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) confirmó que El Niño ya se encuentra activo y seguirá intensificándose hasta finales de 2026. El organismo estima una probabilidad del 97% de que el fenómeno persista hasta comienzos de la primavera de 2027.
El Niño continuará fortaleciéndose durante los próximos meses y podría convertirse en uno de los eventos más intensos registrados desde 1950, una evolución que para Honduras representa mayor riesgo de calor extremo, disminución de las lluvias y una canícula más severa y prolongada.
El escenario más preocupante se concentraría entre octubre y diciembre, período para el cual la NOAA calcula un 81% de probabilidades de que El Niño alcance una intensidad muy fuerte. De concretarse, se ubicaría entre los eventos de mayor magnitud del registro histórico iniciado en 1950.
La Organización Meteorológica Mundial (OMM) también advierte que el calentamiento del Pacífico ecuatorial avanza rápidamente y que las anomalías de la temperatura del mar podrían superar los dos grados Celsius en algunas de las principales regiones utilizadas para vigilar el fenómeno. El Niño suele alcanzar su máxima intensidad entre noviembre y febrero.
Para Centroamérica, el panorama apunta a temperaturas superiores al promedio y una mayor probabilidad de precipitaciones por debajo de lo normal.
Esto no significa que dejará de llover en Honduras, sino que los acumulados durante la temporada podrían ser menores y que los períodos secos entre una lluvia y otra pueden ser más extensos.
En el territorio hondureño, el mayor impacto suele sentirse en Choluteca, Valle, El Paraíso, Francisco Morazán, La Paz y Ocotepeque, así como en el sur de Comayagua, Intibucá y Lempira. En esas zonas, El Niño normalmente intensifica y prolonga la canícula, especialmente entre finales de junio y principios de septiembre.
La reducción de las lluvias puede afectar principalmente los cultivos de maíz y frijol, la disponibilidad de agua para consumo humano, la ganadería y la generación hidroeléctrica. También aumenta la posibilidad de incendios forestales, daños por plagas y pérdidas económicas entre las familias que dependen de la agricultura de subsistencia.
Los efectos no serán iguales en todo el país. Mientras el corredor seco podría enfrentar déficits de precipitación más marcados, las zonas montañosas, el Caribe y el norte todavía pueden registrar aguaceros intensos, tormentas eléctricas e inundaciones repentinas por el paso de ondas tropicales o sistemas de baja presión.
El Niño también suele limitar la formación de ciclones en el océano Atlántico debido al aumento de los vientos cortantes en las capas altas de la atmósfera. Sin embargo, esto no elimina por completo la posibilidad de que una tormenta o huracán se forme, se acerque o genere lluvias indirectas sobre Honduras.
La NOAA subraya que incluso un evento muy fuerte no garantiza que todos sus efectos tradicionales ocurran en cada país. La intensidad aumenta las probabilidades de calor y sequedad, pero las condiciones finales dependerán también de otros factores atmosféricos, de la llegada de humedad desde el Caribe y del comportamiento particular de cada mes.
Ante este escenario, los sectores agrícola, energético y de gestión de riesgos deberán vigilar la disponibilidad de agua, ajustar los calendarios de siembra y prepararse para una segunda mitad de 2026 marcada por temperaturas más altas, lluvias irregulares y períodos secos más prolongados.
En el país, los efectos del déficit de lluvias ya comienzan a traducirse en una emergencia alimentaria en las zonas más vulnerables del corredor seco. El pasado 22 de julio, el Gobierno puso en marcha una operación de asistencia para más de 15,000 familias de Choluteca y El Paraíso, dos de los departamentos más golpeados por la sequía, la prolongación de la canícula y la pérdida de cultivos de subsistencia.
Cada familia recibirá una ración de aproximadamente 160 libras de alimentos, valorada entre 3,000 y 4,000 lempiras. Desde las instalaciones de Copeco en Choluteca se despacharán diariamente 900 sacos hacia los municipios priorizados, en una intervención que confirma que la falta de lluvias ya está afectando la seguridad alimentaria y los medios de vida de miles de hogares.
La respuesta se extenderá a otras comunidades identificadas como vulnerables en Choluteca, Valle, El Paraíso, Francisco Morazán, La Paz, Ocotepeque y sectores del sur de Comayagua, Intibucá y Lempira.
97%
de probabilidad
hay de que El Niño persista hasta comienzos de la primavera boreal de 2027, según la Noaa.
Copeco, junto con las instituciones del Sinager, la Asociación de Municipios de Honduras, las Naciones Unidas y más de 65 organizaciones de la Red Humanitaria, inició el levantamiento de necesidades para focalizar la ayuda en los municipios con mayores problemas de alimentación, acceso al agua, salud y protección social.
Aunque el corredor seco concentra el mayor riesgo de pérdidas agrícolas, escasez de agua y afectaciones a la ganadería, el impacto de El Niño no será uniforme en todo el país.
El norte, el Caribe y las zonas montañosas todavía pueden registrar tormentas intensas e inundaciones repentinas, mientras las autoridades advierten que los próximos meses estarán marcados por temperaturas más altas, lluvias irregulares y períodos secos prolongados, por lo que recomiendan ahorrar agua, reparar fugas y mantener reservas seguras para consumo humano.