El fenómeno El Niño ya está presente en el Pacífico ecuatorial y los próximos meses serán clave para Honduras.
La Organización Meteorológica Mundial proyecta para julio, agosto y septiembre de 2026 una rápida evolución hacia un El Niño fuerte, con mayores probabilidades de temperaturas por encima de lo normal en Centroamérica y el Caribe.
Eso no significa que Honduras dejará de recibir lluvias ni que todo el país enfrentará sequía al mismo tiempo. Significa que el clima puede volverse más irregular: semanas de calor intenso, pausas prolongadas de lluvia en zonas vulnerables y, en otros momentos, aguaceros fuertes capaces de provocar inundaciones repentinas.
Para el país, el mayor riesgo está en la lluvia. El Centro Nacional de Estudios Atmosfericos Oceanograficos y Sismicos (Cenaos) de Copeco advierte que El Niño suele provocar una canícula más intensa y prolongada en Choluteca, Valle, El Paraíso, Francisco Morazán, La Paz y Ocotepeque, además del sur de Comayagua, Intibucá y Lempira.
En esas zonas, menos lluvia puede traducirse en problemas para la siembra, menor disponibilidad de agua, afectaciones en cultivos de maíz y frijol, pérdidas ganaderas y mayor riesgo de incendios forestales.
El impacto también puede llegar al bolsillo. Si la sequía golpea la producción agrícola, algunos alimentos podrían encarecerse, especialmente los granos básicos. Además, el aumento del calor puede elevar la demanda de energía por ventiladores, refrigeración y bombeo de agua.
La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (Noaa) estima una probabilidad de 63% de que este evento alcance una categoría muy fuerte entre noviembre de 2026 y enero de 2027.
Por eso, las autoridades llaman a prepararse con información oficial, proteger las fuentes de agua, evitar quemas, vigilar los cultivos y atender los avisos de Cenaos y Copeco.
El Niño no es una alarma para entrar en pánico, pero sí una señal para actuar a tiempo. En Honduras, donde miles de familias dependen de la lluvia para sembrar, producir y abastecerse de agua, cada semana sin precipitación puede marcar la diferencia.
Desde Ginebra, Suiza, la Organización Meteorológica Mundial (OMM) confirmó que El Niño evolucionará rápidamente en los próximos meses hasta convertirse en un episodio fuerte, lo que acentuará la probabilidad de fenómenos extremos y desastres naturales.
Asimismo, se prevén temperaturas superiores a la media en la mayor parte de las zonas habitadas del planeta.
El fenómeno climático "aumentará el riesgo de olas de calor (terrestres y marinas), sequías, lluvias torrenciales y otros fenómenos meteorológicos extremos en numerosas regiones del planeta", advirtió el organismo científico de la ONU al comunicar a la prensa los datos actualizados sobre la velocidad y potencia a la que avanza El Niño.
Según los datos, el calentamiento de las aguas del Pacífico ecuatorial central y oriental se acelerará entre julio y septiembre y dará lugar a un episodio fuerte de El Niño, con anomalías de la temperatura superficial del mar superiores a los 2º.
Ante esta situación, la OMM anunció la movilización de todo su sistema para reforzar los pronósticos estacionales, las alertas tempranas y la coordinación con gobiernos, agencias humanitarias y sectores especialmente vulnerables, como la agricultura y la salud, con el objetivo de intentar reducir el impacto sobre la población y las economías.
Recordó que El Niño suele alcanzar su máxima intensidad entre noviembre y febrero, aunque sus efectos sobre las temperaturas globales suelen prolongarse durante el año siguiente.
Las previsiones para el trimestre julio-septiembre apuntan a un aumento de las lluvias en el Pacífico ecuatorial central y oriental, mientras que se esperan condiciones más secas de lo habitual en zonas del océano Índico tropical, el subcontinente indio y buena parte de Australia.
También anticipa menos precipitaciones de lo habitual en partes de Centroamérica, el Caribe y el noroeste de Sudamérica, mientras que el suroeste de Estados Unidos podría registrar un periodo más húmedo.
Para Europa, la organización pronostica un contraste entre el norte y el sur del continente, con mayores probabilidades de lluvias por encima de lo normal en el sur y por debajo de la media en el norte.
El Niño es uno de los principales reguladores naturales del clima mundial y suele aparecer cada dos a siete años. Aunque es un fenómeno natural, el cambio climático tiende a amplificar su impacto.
El anterior episodio de El Niño, desarrollado entre 2023 y 2024, contribuyó a que esos dos años batieran sucesivamente los récords de temperatura global.
También se le relacionó en ese entonces con graves sequías en el sur de África, Centroamérica y el norte de Sudamérica, el aumento del riesgo de incendios forestales y episodios de lluvias torrenciales e inundaciones en varias regiones del mundo.