La historia de doña Elvia Martínez (de 101 años) es un ejemplo de perseverancia y amor maternal. A lo largo de más de un siglo de vida, ha enfrentado con fortaleza los desafíos que le impuso la pobreza, siempre con un sueño en mente: ver a sus hijos convertidos en profesionales, algo que ella no pudo lograr por falta de recursos económicos.
Don Marco Antonio Martínez, el menor de sus hijos, fue el último en cumplir ese anhelo. Tras nueve años de estudios en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (Unah-Campus Atlántida), en La Ceiba, finalmente obtuvo el título de Licenciado en Administración de Empresas.
El pasado 26 de septiembre, durante la ceremonia de graduación, Marco dedicó su logro a su madre, quien lo acompañó con orgullo. “Me felicitó por el logro y estaba contenta. Ella casi no está consciente de la situación, pero me dijo que estaba feliz”, dijo a LA PRENSA don Marco Martínez.
Doña Elvia nació el 10 de junio de 1924, en Olanchito, departamento de Yoro, en el seno de una familia humilde. A los 18 años se trasladó a La Ceiba, junto a su madre y su primer hijo. Allí comenzó a trabajar en oficios domésticos, además de “lavar y planchar ajeno” para sostener a su familia.
Afectada por la naturaleza
Durante el huracán Fifí en septiembre de 1974, perdió las pocas pertenencias que tenía, cuando su vivienda fue destruida por las aguas.
La Cruz Roja le donó un terreno en lo que hoy es la colonia Miramar, donde levantó una “champita” con ayuda de un empresario que más tarde fue alcalde municipal.
Relata que su casa fue primero una choza de manaca y madera de San Juan, luego de pino, y hoy se siente orgullosa de cómo ha sido remodelada con el apoyo de una de sus hijas, que vive en Estados Unidos.
Doña Elvia tuvo cinco hijos. Mientras trabajaba, su madre los cuidaba. Pasó de un empleo a otro hasta ser contratada en la Policía Nacional. “Me pagaban un lempira por mudada y el trabajo era duro, pero había que mantener la casa”, recuerda.
Con esfuerzo, logró que todos sus hijos asistieran a la escuela. “Mandaba a mis hijos a pie a la escuela Guadalupe de Quezada, porque tenía claro que era bueno tener estudio”, contó.
“Vivir en la Miramar para nosotros ha sido bueno. Los vecinos son gente de paz, están pendientes de mí. Es una vecindad donde me guardan aprecio porque fui de las primeras habitantes en llegar”, expresó con alegría.
Le cumplió a su madre
Marco Tulio Martínez, de 63 años, esperó 18 años para obtener su título universitario en Administración y Generación de Empresas en la UnahCampus Atlántida.
Agradece profundamente a su madre. “Me costó varios años graduarme porque solo metía pocas clases, ya que trabajaba, pero gracias a Dios cumplí mi sueño y el de mi mamá, que es nuestro tesoro”, relató don Marco.
Doña Elvia habla con orgullo de sus hijos: “Mis cinco hijos son gente de bien. El mayor fue bombero durante 30 años; ya murió. Las dos mujeres son secretarias taquimecanógrafas, una vive en México, y Marco... me siento contenta porque después de 18 años decidió sacar su título y no se quedó atrás”.
Desde 2015, don Marco dejó de trabajar como contador general para dedicarse al cuidado de su madre, con el apoyo del resto de la familia.
En total, 18 nietos han convivido con doña Elvia; muchos son abogados, fiscales, especialistas en comercio internacional o técnicos en sistemas. Además, tiene 16 bisnietos y 9 tataranietos, y su descendencia continúa creciendo.
Católica y de buen ánimo, doña Elvia disfruta ver las noticias y películas mexicanas. “Además, como de todo, en porciones pequeñas, pero de todo”, asegura. Su comida favorita son los frijoles, arroz y queso.
Aunque antes solía caminar hasta la Iglesia San Isidro y el parque central de La Ceiba, ahora solo sale para asistir al médico. Tras una vida de trabajo arduo, dejó de laborar a los 51 años, y sus hijos se encargaron de su sostenimiento y del de su abuela, quien falleció a los 80 años.