La difteria volvió a encender las alertas sanitarias en las Américas. Aunque es una enfermedad prevenible por vacunación, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) advirtió que los casos han aumentado en la región en un contexto de bajas coberturas de inmunización durante los últimos años.
La alerta no significa que se trate de una enfermedad nueva. La difteria es una infección bacteriana grave que afecta principalmente la garganta, la nariz y, en algunos casos, la piel.
Su mayor peligro está en la toxina que puede producir la bacteria, capaz de dañar el corazón, los nervios y bloquear las vías respiratorias.
En las primeras 21 semanas de 2026, la región de las Américas notificó 163 casos confirmados y cinco muertes por difteria, más del doble de lo reportado el año anterior. Los casos se han concentrado principalmente en Haití, con reportes también en Brasil y Perú.
La enfermedad se transmite de persona a persona, sobre todo por gotitas respiratorias cuando alguien infectado tose o estornuda. También puede propagarse por contacto directo con lesiones en la piel.
Algunas personas pueden portar la bacteria sin presentar síntomas, pero aun así transmitirla.
Los síntomas suelen aparecer entre dos y cinco días después del contagio. Las señales de alerta son fiebre leve, dolor de garganta, debilidad, inflamación de ganglios en el cuello y una placa gruesa grisácea en la garganta o nariz, conocida como pseudomembrana, que puede dificultar la respiración y la deglución.
El riesgo aumenta en personas no vacunadas o con esquema incompleto, especialmente niños pequeños. También preocupa en comunidades con baja cobertura de vacunación, alta movilidad, hacinamiento o dificultades para acceder a servicios de salud.
La OPS pide a los países reforzar la vacunación de rutina, buscar a quienes tienen esquemas incompletos, mejorar la vigilancia epidemiológica y mantener disponibilidad permanente de antitoxina diftérica, clave para atender casos graves.
La recomendación para las familias es revisar el carné de vacunación de los niños y acudir al centro de salud si falta alguna dosis. En Honduras, la protección contra la difteria forma parte de vacunas combinadas como pentavalente, DPT o esquemas equivalentes del Programa Ampliado de Inmunizaciones.
Y qué hacer si hay sospecha. Si una persona presenta dolor de garganta, fiebre, dificultad para respirar o una placa gris en la garganta, debe buscar atención médica de inmediato y evitar el contacto cercano con otras personas.
La difteria puede tratarse con antibióticos y antitoxina, pero el tratamiento debe iniciarse lo antes posible para reducir complicaciones y muertes.
¿Qué diferencias hay entre la tosferina, el sarampión y la difteria?
La tosferina, el sarampión y la difteria no son la misma enfermedad, ni se manifiestan de la misma manera, pero las tres han vuelto al centro de las alertas sanitarias por una razón común: cuando hay niños, adolescentes o adultos con esquemas de vacunación incompletos, aumentan las posibilidades de brotes.
La nueva alerta de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) está centrada en la difteria, una enfermedad bacteriana grave que puede afectar la garganta, la nariz y, en algunos casos, la piel.
En las primeras 21 semanas de 2026, la región de las Américas notificó 163 casos confirmados y cinco muertes, más del doble de lo reportado en 2025.
A diferencia de la tosferina, que se reconoce por ataques intensos de tos, y del sarampión, que suele causar fiebre alta, manchas en la piel y síntomas respiratorios, la difteria puede provocar una placa espesa de color grisáceo en la garganta. Esa membrana puede dificultar la respiración y la deglución, lo que convierte la enfermedad en una emergencia médica.
La tosferina, también conocida como tos convulsa, es una infección respiratoria causada por una bacteria. Su principal riesgo está en los bebés, especialmente en menores de un año, porque los episodios de tos pueden ser tan fuertes que dificultan la alimentación, el sueño y la respiración.
El sarampión, en cambio, es una enfermedad viral altamente contagiosa. Se transmite con facilidad por el aire y puede propagarse rápidamente en escuelas, hogares y comunidades donde hay personas no vacunadas. Sus señales más conocidas son fiebre, tos, ojos rojos, secreción nasal y erupción en la piel.
La difteria tiene otro comportamiento. También se transmite de persona a persona, principalmente por secreciones respiratorias, pero su mayor peligro está en la toxina que produce la bacteria. Esa toxina puede afectar el corazón, causar daño neurológico, provocar dificultad respiratoria y llevar a la muerte si no se trata a tiempo.
Por eso la OPS insiste en reforzar la vacunación, cerrar brechas en los esquemas incompletos y mejorar la vigilancia epidemiológica. La preocupación no es solo que aparezcan casos aislados, sino que estas enfermedades encuentren comunidades con baja protección y se propaguen.
En Honduras, la recomendación para las familias es revisar el carné de vacunación de los niños y acudir al centro de salud si falta alguna dosis. La protección contra estas enfermedades forma parte de los esquemas de vacunación infantil y de refuerzos que deben mantenerse al día.
La señal de alarma debe ser clara: tos persistente o ataques de tos en bebés, fiebre con brote en la piel, dolor de garganta con dificultad para respirar o una placa grisácea en la garganta requieren atención médica inmediata. No se debe automedicar ni esperar a que “se pase solo”.
Aunque las tres enfermedades tienen síntomas distintos, el mensaje sanitario es el mismo: la vacunación sigue siendo la principal barrera para evitar casos graves, hospitalizaciones y muertes.
La tosferina golpea con la tos, el sarampión se propaga con rapidez y la difteria puede cerrar la garganta; las tres, sin prevención, pueden convertirse en un problema mayor.