Si Laura Fernández, candidata del Partido Pueblo Soberano y actual favorita en las encuestas con alrededor del 44% de intención de voto, gana las elecciones presidenciales del 1 de febrero de 2026 en Costa Rica, el mapa ideológico de los gobiernos en América Latina se inclinaría aún más hacia la derecha, consolidando una ola conservadora que ya domina aproximadamente la mitad del continente.
Una eventual victoria reforzaría el giro derechista observado en países como Argentina, con Javier Milei; Chile, con José Antonio Kast; Bolivia, con Rodrigo Paz; y Honduras, con Nasry Asfura, entre otros. Este escenario terminaría de disipar los restos de la segunda “marea roja” de izquierda y alinearía a Costa Rica con la órbita política de Estados Unidos, encabezada por Donald Trump.
El domingo 1 de febrero de 2026, los costarricenses acudirán a las urnas en unas elecciones generales marcadas por la polarización política, la crisis de inseguridad vinculada al narcotráfico y el debate sobre la continuidad del gobierno de Rodrigo Chaves.
Costa Rica tiene segunda vuelta
Costa Rica emplea un sistema electoral de dos vueltas. Para ganar en primera ronda, un candidato debe obtener al menos el 40 % de los votos válidos. Si ninguno alcanza ese umbral, la autoridad electoral convoca automáticamente a una segunda vuelta entre los dos aspirantes más votados, el primer domingo de abril, previsto para el 5 de abril de 2026.
Jetzel Román, vicepresidente ejecutivo del Centro de Análisis para Políticas Públicas (CAPP), con sede en República Dominicana, explicó en entrevista con Diario La Prensa que Costa Rica “tiene el umbral más bajo de toda América Latina para evitar la segunda vuelta”, lo cual facilita que el candidato con mayor simpatía electoral acceda al poder.
Román contextualizó que “en el caso de Argentina se requiere el 40% de los votos con un margen de 10 puntos por encima del segundo lugar, o bien un 45%. En Ecuador se necesita el 50% más un voto, o el 40% con una diferencia de 10 puntos. En Brasil, Uruguay, Chile, República Dominicana y El Salvador se exige el 50 más uno. En el caso costarricense, el 40% es único; no se requiere ningún margen adicional sobre el segundo lugar”.
Según el Informe de resultados de la encuesta de opinión pública realizado por el Centro de Investigación y Estudios Políticos (CIEP) y la Escuela de Ciencias Políticas de la Universidad de Costa Rica, Fernández, respaldada por el actual presidente Chaves, obtendría el mayor porcentaje de votos en la primera ronda y ganaría también la segunda ronda por una amplia diferencia.
“En cuanto a la intención de voto, Laura Fernández, candidata oficialista, encabeza las preferencias con el 44% de apoyo, lo que le aseguraría un triunfo en primera ronda. Le siguen Álvaro Ramos (PLN) con el 9%, Claudia Dobles (CAC) con el 9%, Ariel Robles (FA) con el 4%, José Aguilar Berrocal (Avanza) con el 3% y Juan Carlos Hidalgo (PUSC) con el 2.5%. Además, 14 de las 20 candidaturas que obtuvieron menciones registran niveles de preferencia menores al margen de error de la encuesta (2.5 puntos porcentuales)”, señala el informe.
A juicio de estas instituciones, “en este escenario, la probabilidad de un triunfo del oficialismo en primera ronda es mayor (incluso más alta que hace una semana) y la probabilidad de una segunda ronda es menor. Sin embargo, en política, un evento con alta probabilidad de ocurrir puede no concretarse bajo ciertas condiciones”.
La oposión política está fragmentada
La oposición aparece fragmentada. Álvaro Ramos, del Partido Liberación Nacional, y Claudia Dobles, de la Coalición Agenda Ciudadana, se mantienen en posiciones secundarias, ambos por debajo del 10% en la mayoría de las encuestas, mientras un segmento relevante de votantes indecisos introduce incertidumbre en la recta final del proceso.
Laura Fernández, economista y exministra cercana al presidente Chaves, representa la continuidad del actual gobierno. Su plataforma enfatiza la austeridad fiscal, la atracción de inversión privada, la eficiencia estatal mediante la digitalización y una política de mano dura contra la delincuencia. En el plano ideológico, se ubica en la derecha, con un liberalismo económico combinado con conservadurismo social.
“Mi compromiso con ustedes es devolver su apoyo y confianza con trabajo duro. Estoy lista para servir y tomar las riendas de este país y llevar a esta patria por el camino de la justicia. Estoy preparada y con fuerza para dar una lucha sin cuartel contra el crimen organizado”, publicó Fernández en la red social X el 29 de enero.
Álvaro Ramos, economista con experiencia en instituciones públicas como la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS), se presenta como una opción de experiencia y estabilidad. Su propuesta prioriza el fortalecimiento de los servicios de salud y educación, la modernización tecnológica y la disciplina fiscal dentro de un modelo económico mixto.
Ideológicamente, se sitúa en el centro del espectro político, con raíces en la socialdemocracia de centroizquierda del PLN histórico y matices de centroderecha en temas de gestión y eficiencia del Estado.
En un foro celebrado recientemente en San José, Ramos criticó nuevamente al gobierno y afirmó que existe “una destrucción del agro, agricultores terriblemente endeudados y sin posibilidades de producir debido al contrabando agrícola. Hay miedo entre los empresarios, a quienes fácilmente les cae una inspección cuando resultan incómodos para el gobierno. Se está vislumbrando un libreto de dictadura que no es justo con los costarricenses”.
Claudia Dobles, arquitecta y urbanista de la Coalición Agenda Ciudadana (con base en el PAC), centra su campaña en la equidad social, la sostenibilidad ambiental, los derechos universales y reformas inclusivas como los sistemas de cuidados cooperativos. Ideológicamente, se posiciona en la centroizquierda progresista.
“Uno de cada cuatro costarricenses no se ha decidido. En el ambiente hay confusión, tristeza, incluso miedo y violencia”, afirmó en un video difundido recientemente en redes sociales, en el que plantea “consolidar un solo bloque por Costa Rica, una fuerza que enfrente el costo de vida que representa Laura Fernández y su equipo”.
Una victoria de Fernández profundizaría la tendencia conservadora en la región, debilitando foros de articulación de la izquierda latinoamericana y fortaleciendo bloques proestadounidenses en Centroamérica.
Este resultado alteraría los equilibrios regionales, intensificando la presión sobre los gobiernos de izquierda que permanecen en Colombia y Brasil (donde las elecciones de 2026 podrían seguir una dirección similar, según analistas consultados por La Prensa) y priorizando agendas de seguridad, liberalismo económico y alianzas estratégicas frente a desafíos como el narcotráfico y la influencia china.
Costa Rica celebrará estos comicios con una veintena de partidos políticos inscritos; sin embargo, solo tres concentran posibilidades reales de acceder al poder.
Román atribuye esta fragmentación a que “los requisitos para registrar un partido político en Costa Rica son muy laxos y también lo son para mantener la personería jurídica. Se requieren 3,000 firmas para registrarse y apenas 3,000 votos acumulados para conservar el registro. Es cuesta arriba que los partidos desaparezcan, y eso genera una gran dispersión”.