Desde las playas de su infancia hasta los Cayos Miskitos, Gabriela Ochoa ha construido una carrera marcada por la ciencia, la empatía y la defensa de especies incomprendidas. Bióloga marina hondureña y fundadora de Ilili Honduras, su trabajo se centra en la conservación de tiburones y rayas, integrando a comunidades costeras como parte esencial de las soluciones.
Recientemente, su trayectoria fue reconocida por The Explorers Club, convirtiéndose en la primera bióloga marina hondureña en recibir esta distinción. En esta entrevista, comparte su historia, los desafíos del camino y la visión que guía su labor.
Gabriela, ¿cómo nació su interés por la biología marina y en qué momento comprendió que su vocación estaría ligada a la conservación de tiburones y rayas?
De pequeña siempre me encantaron todos los animales, y de mis recuerdos más especiales eran las semanas santas en la playa. Sin embargo, en Honduras nos inculcan que debemos estudiar carreras “normales”, como Medicina, Derecho o Administración de Empresas, que sí generan dinero.
Como adolescente tenía muchas aspiraciones de estudiar biología; ya en mi familia paterna había dos biólogos. Cuando me mudé a Estados Unidos para ir a la universidad, mi papá me mostró que en una universidad estaba la carrera de biología marina. ¡Yo le dije que no quería entrenar delfines! Porque en mi mente eso hacía un biólogo marino; sin embargo, tenía mucha curiosidad, así que apliqué y en mi primera clase supe inmediatamente que esta era mi vocación.
Mucha gente me preguntó: ¿qué iba a hacer yo con esa carrera? Lo cual me causa risa, porque Honduras es un país de agua; tenemos más mar que tierra, nuestra extensión territorial marina es casi dos veces la terrestre y el nombre “Honduras” significa profundidad.
En el 2015 comencé a trabajar con tiburones y rayas, a través de una organización internacional, e inmediatamente vi que muchas personas les tienen miedo a los tiburones y que había mucho por hacer por ellos. En ese momento supe que me dedicaría a esto.
¿Qué experiencias personales o profesionales la motivaron a fundar Ilili Honduras y cuál fue el principal vacío que identificó en el país que su organización buscaba atender?
En el 2016 fui por primera vez a la Moskitia, es un lugar del que creo que muchos hondureños hemos escuchado, pero muy pocos fuera del territorio la hemos visitado. Este primer viaje me marcó de muchas maneras, desde la belleza natural y la biodiversidad hasta la calidez humana de sus personas y la cosmovisión, o la manera en que las comunidades miskitas ven su vida y su relación con la naturaleza.
Mi amiga, colega y ahora parte de mi organización, Wildres Wood, la primera bióloga miskita, convenció a su cuñado para que pudiera acompañar a dos botes a pescar tiburón a los Cayos Miskitos. Muchas personas desconocen que Honduras es santuario de tiburones, es decir, está prohibido pescar o consumir tiburón, y que en la Moskitia existen pesquerías de tiburones, las cuales son el sustento de muchas familias.
Viajamos durante la noche: 18 horas a bordo de un bote langostero, hasta llegar a un pequeño cayo llamado Katsikumi, con el objetivo de comprender la magnitud de la pesca ilegal de tiburones.
Al llegar, los pescadores colocaron sus redes y palangres, mientras nuestro equipo de biólogos instalaba el campamento. A la mañana siguiente, recuerdo estar tomando café cuando vi la primera embarcación acercarse a la orilla. Me metí al agua para recibirla y ver la captura: la lancha venía llena de tiburones muertos. Entre ellos había un gran tiburón martillo gigante, una hembra preñada de 3.8 metros, cuya mandíbula hoy se encuentra en la oficina de Ilili y se utiliza con fines educativos.
Durante los días siguientes, medimos cientos de tiburones muertos. Una de mis colegas a menudo me decía que no llorara y que los pescadores no me vieran llorar. La verdad es que los pescadores no eran los malos; ellos son parte de un ciclo interminable de pobreza, falta de oportunidades y exclusión. Los tiburones son víctimas colaterales de esta problemática, y para mí se hizo evidente que la legislación del santuario de tiburones no era práctica para la realidad hondureña.
Durante años no pude sacar este enorme problema de mi mente, pero tenía miedo de iniciar mi propio camino, probablemente porque no conocía a nadie que hubiera fundado una organización y pensaba que la gente creería que estaba loca. En 2022, finalmente registré Ilili y emprendí este viaje. Nuestro logo es un tiburón martillo gigante y nuestro nombre, Ilili, significa tiburón en miskito, como una forma de honrar y conectar con las comunidades indígenas.
Ilili Honduras trabaja estrechamente con comunidades que dependen de los recursos marinos. ¿Cómo describiría la relación que han construido con estas comunidades y qué aprendizajes le ha dejado este enfoque colaborativo?
Ilili trabaja principalmente en la Moskitia e Islas de la Bahía, pero hemos trabajado en el Golfo de Fonseca y pronto estaremos con un nuevo proyecto en esta zona.
En la zona de la Moskitia, nuestro equipo ha creado una relación de colaboración y empatía con las comunidades, lo cual nos ha posicionado como un referente en conservación marina en el territorio. Hemos aprendido mucho de los pescadores de la zona sobre las especies que ellos ven y los lugares donde las podemos encontrar. Realmente, los pescadores tienen doctorados del mar.
En mi opinión, no hay conservación sin personas. La conservación no es de naturaleza únicamente, es profundamente humana. Mi trabajo me ha hecho comprender que la conservación es un balance delicado entre las especies que amamos y cuidamos y las personas que dependen de ellas. No es blanco o negro, es un espectro gris.
También he aprendido que la conservación no se impone. Debe construirse de la mano con las comunidades, escuchándolas y reconociéndolas como actores clave, para que sean parte activa de las soluciones y del futuro que queremos para nuestros océanos.
Desde la creación de Ilili Honduras, ¿cuáles considera que han sido los logros más significativos en términos de conservación, investigación, educación ambiental y fortalecimiento comunitario?
En relación con investigación, hemos establecido varios monitoreos a largo plazo de tiburones y rayas tanto en la Moskitia como en las Islas de la Bahía. Hemos establecido líneas base pesqueras de la mano de pescadores artesanales y desarrollado varias iniciativas de ciencia ciudadana en Roatán. Varias de estas investigaciones se han convertido en publicaciones científicas.
Hemos trabajado de la mano con la DIGEPESCA (Dirección General de pesca y Acuicultura) capacitando a su personal en identificación de productos derivados, hemos reactivado el comité técnico de tiburones y rayas. Este es un grupo interinstitucional encargado de impulsar iniciativas de ordenamiento pesquero y conservación de tiburones.
Un logro clave ha sido la participación de 45 pescadores en la revisión de la normativa sobre capturas incidentales de tiburones, marcando un precedente histórico de inclusión del sector pesquero indígena en procesos de toma de decisión sobre tiburones. Gracias a nuestra colaboración con DIGEPESCA pude representar a Honduras en la delegación de la COP20 de CITES en Uzbekistán.
En temas de educación ambiental, solo estos años alcanzamos a más de 1,500 personas directamente en actividades lideradas por Ilili, fortaleciendo el vínculo entre conservación marina y comunidades costeras. Creamos un libro educativo traducido al miskito, el cual presentamos en la primera feria marina en Brus Laguna, junto a un mural comunitario realizado con artistas miskitos.
¿Cuántas personas integran actualmente Ilili Honduras, qué perfiles profesionales conforman el equipo?
Somos un grupo pequeño de seis personas y personas que trabajan como consultores y en proyectos específicos. Todo el personal permanente es 100 % hondureño; tenemos en su mayoría biólogos, personal administrativo y de mercadeo y comunicaciones.
¿Cómo se sostiene económicamente Ilili Honduras y qué tipo de alianzas, cooperaciones o apoyos han sido clave para la continuidad de sus programas?
Ilili es una organización sin fines de lucro que se sostiene con el apoyo de donantes institucionales y fundaciones internacionales, que han sido clave para impulsar nuestros proyectos. Sin embargo, siempre estamos buscando fondos para continuar nuestra labor y donantes individuales que aporten a nuestra organización.
De manera complementaria, Ilili ha fortalecido alianzas estratégicas con instituciones gubernamentales, universidades y organizaciones nacionales e internacionales, que aportan no solo recursos financieros, sino también apoyo técnico, logístico y científico.
Recientemente fue reconocida por The Explorers Club como una de las "50 personas que están cambiando el mundo", siendo la primera bióloga marina hondureña en recibir esta distinción. ¿Qué significado tiene este reconocimiento a nivel personal y profesional?
A nivel personal, representa un momento de validación y gratitud. Es el reconocimiento de mi camino construido con mucho esfuerzo, perseverancia y convicción, muchas veces desde contextos complejos y con recursos limitados. Como mujer hondureña y científica, este logro me recuerda que es posible abrir espacios y romper barreras.
A nivel profesional amplificará la misión de Ilili, brindando visibilidad internacional a los pescadores de tiburón y a sus comunidades. Este reconocimiento fortalecerá su rol como una voz líder en la conservación marina en la región del Arrecife Mesoamericano y ayudará a atraer recursos para amplificar nuestro trabajo.
Espero que sirva para inspirar a otras mujeres hondureñas y jóvenes profesionales a verse a sí mismas como científicas, líderes y exploradoras capaces de generar cambios reales desde lo local hacia lo global.
¿Cuáles han sido los principales retos que ha enfrentado como científica y como mujer liderando una organización de conservación en Honduras?
Trabajar contra el tiempo para conservar especies altamente amenazadas, mientras enfrento procesos institucionales lentos, limitaciones de recursos y realidades sociales complejas. También el poco apoyo institucional que reciben nuestros océanos y sus comunidades dependientes.
Como mujer he enfrentado barreras estructurales y culturales, trabajando en un sector tradicionalmente masculino como el sector pesquero. Muchas veces he tenido que trabajar más fuerte para demostrar que puedo liderar y tener una opinión.
Mirando hacia el futuro, ¿qué proyectos o metas estratégicas tiene Ilili Honduras para fortalecer la protección de tiburones y rayas en el país?
Este año estamos enfocando nuestros esfuerzos en identificar alternativas de vida para las personas que dependen de la pesca de tiburones para satisfacer la demanda de cecina en Semana Santa. Sabemos, a través de nuestros estudios, que las poblaciones de tiburones están disminuyendo y es de extrema urgencia buscar una solución a este problema, en un escenario ideal donde tanto el pescador como los tiburones se beneficien.
10. Finalmente, ¿qué consejo les daría a jóvenes hondureños que sueñan con dedicarse a la ciencia, la investigación o la conservación marina, pero dudan de que sea posible lograrlo desde Honduras?
Los límites existen en nuestra mente, y lo peor que alguien te puede decir es no. La biología y la biología marina no son carreras que te beneficien económicamente de manera significativa, pero sí puedo decirte que soy millonaria en experiencias y he vivido cosas que solo un pequeño porcentaje del mundo podrá experimentar.
Mi mensaje es que si este camino te llama, vale la pena intentarlo. No dejes que tu contexto defina hasta dónde podés llegar. Tocá muchas puertas y hasta ventanas, que más de alguna se va a abrir y ayudarte a lograr tus metas. Existe la carrera de Biología en el país y muchos colegas y organizaciones que trabajan en temas marinos.