Zoila Lagos transformó una historia personal marcada por la violencia y la exclusión en una causa colectiva que, desde hace 23 años, acompaña, orienta y defiende a mujeres y niñas en Honduras. Fundadora y directora de la Asociación de Apoyo Mutuo Entre Mujeres (APOMUH), Lagos ha construido, desde el trabajo comunitario en Choloma, un espacio feminista de organización, formación y acuerpamiento.
En el marco del Día de la Mujer Hondureña y del aniversario número 23 de APOMUH, su voz vuelve a tomar fuerza para reflexionar sobre los avances logrados, los desafíos pendientes y la urgencia de seguir luchando por una vida digna y libre de violencia para las mujeres.
1. Su historia personal ha sido clave en su activismo. ¿Cómo influyeron las experiencias de violencia que vivió en su juventud en la decisión de convertirse en defensora de los derechos de las mujeres?
Las experiencias vividas provocaron mucho dolor y enojo, contra el sistema. La inconformidad de no ser escuchada, no tener voz, niñez y estudio interrumpidos por un embarazo a temprana edad. Sin embargo, esa fue la fuerza que empujó la confianza para creer en mí misma y aprender “que no hay camino, se hace camino al andar”, que soñar no es prohibido.
2. APOMUH nació en 2003 en la zona norte del país, especialmente en Choloma. ¿Qué necesidades urgentes identificó en ese momento que la llevaron a fundar la Asociación de Apoyo Mutuo Entre Mujeres?
Las necesidades urgentes identificadas fueron la violencia doméstica, la violencia familiar, la violencia laboral y la violencia social. En ese tiempo aún no se identificaba la violencia obstétrica, política ni la de género.
Yo logré terminar mis estudios con mucho esfuerzo y, aun así, no estuve conforme; algo faltaba. Me convertí en trabajadora de salud y me di cuenta de que la violencia se da en cualquier espacio: laboral, familiar y social, a cualquier edad.
Aquí también se repiten las historias de vida cargadas de violencia. Al volver la mirada, siempre había niñas embarazadas, mujeres sumisas, sin autoestima y con sueños rotos. Anduve en todo tipo de organizaciones: sindicales, campesinas, comunitarias, políticas y religiosas, y en todas se repiten las historias de violencia, siempre contra las mujeres y las niñas.
En esas andanzas, de repente y sin pensarlo, me organicé en el patronato de mi comunidad (colonia López Arellano, de 1982 a 1988). Desde otra organización comunitaria se me invitó a participar en el Primer Encuentro Nacional de Mujeres Clementina Suárez, en 1983. Desde allí regresé con otra compañera a organizar a las mujeres de la López Arellano, organización de la que me retiré después, por mi propia salud mental, para organizar a las pobladoras de la colonia donde habito actualmente.
Así nace la Asociación de Apoyo Mutuo Entre Mujeres en Honduras (APOMUH). Es muy importante mencionar que he seguido informándome y actualizándome en leyes, contexto nacional e internacional, movimiento de mujeres, movimiento feminista y de género. La formación política verídica y científica son herramientas básicas para defender y promover los derechos humanos de las mujeres y las niñas.
3. A lo largo de más de dos décadas, ¿cuáles considera que han sido los principales logros de APOMUH en la defensa de los derechos de mujeres y niñas en Honduras?
APOMUH ha logrado organizar a mujeres de los altos de Choloma (colonias y caseríos de la aldea La Jutosa), de los bajos de Choloma (Monterrey, Los Caraos, El Sofoco) y de barrios y colonias del sector sur: colonia Champerio, colonia Valle de Sula, colonia Brisas del Paraíso, residencial Las Cascadas y Cerro Verde. En total, son siete colectivos comunitarios, con dos lideresas coordinadoras y entre 10 y 15 integrantes por colectivo.
Cada colectivo elabora su propio plan de trabajo semestral: conversatorios, charlas cortas, tardes de café con pan, acuerpamiento, orientación y acompañamiento a cada mujer denunciante de violencia ante las instancias pertinentes. Cada lideresa coordinadora recibe información y formación sobre diversos temas y, a la vez, replica estos conocimientos en sus comunidades. Las lideresas coordinadoras forman parte de la coordinación general.
APOMUH promueve la organización de redes de mujeres comunitarias e impulsa actualmente la “Red de Mujeres Floreciendo en todo tiempo”.
APOMUH ha trabajado sin financiamiento desde su fundación y nunca ha cobrado un solo servicio. Tampoco nadie recibe salario alguno. Todo lo que se brinda —capacitación, viajes, materiales didácticos— se ha recibido gracias a donaciones de organizaciones fraternas como el Centro de Derechos de Mujeres (CDM), JASS (Unidas por la Justicia), la Red Nacional de Defensoras de Derechos Humanos de las Mujeres, entre otras.
Además, APOMUH es miembro de redes feministas nacionales e internacionales como la Red Global “Me Too”, el Fondo de Mujeres del Sur y, a nivel nacional, Tribuna de Mujeres, Asociación Calidad de Vida, UDIMUF y SINTRAHO (Sindicato de Trabajadoras del Hogar), del cual fuimos cofundadoras, trabajando en conjunto en los temas que nos unen.
4. En contextos marcados por la violencia, la pobreza y la exclusión, ¿qué tipo de acompañamiento brinda APOMUH a las mujeres que acuden a la organización en busca de ayuda?
Asesoría legal y psicológica; formación en diversidad de temas de interés de las mujeres, acuerpamiento a la denuncia por violencia y auxilio inmediato por episodio de violencia.
5. APOMUH se define como una organización feminista que promueve el desarrollo integral y la organización comunitaria. ¿Qué importancia tienen la educación y la formación de liderazgos femeninos en su trabajo diario?
La educación y la formación de liderazgos femeninos son herramientas básicas para este trabajo, sumadas a la organización y el autocuidado, comenzando por quien coordina. Sería contradictorio que una lideresa comunitaria no sepa escuchar, qué preguntar, cómo orientar, a dónde acudir o qué hacer en casos específicos.
Por eso es tan útil la sensibilización, la dedicación, la lectura y la atención a las invitaciones de los ciclos de formación que se desarrollan durante todo el año.
6. Usted fue reconocida con el Premio Quetglas 2025 por su lucha contra la violencia y su apoyo a comunidades vulnerables. ¿Qué significado tiene este reconocimiento en lo personal y para la organización que lidera?
El Premio Quetglas ha significado mucho en mi vida. Este reconocimiento ha profundizado mi compromiso para contribuir a que la justicia y la vida digna para las mujeres y las niñas se hagan costumbre en nuestra sociedad.
Honduras está inundada de leyes muy buenas que, lastimosamente, nadie respeta ni cumple. Los tomadores de decisiones responsables de su aplicación justa no son sensibles a los problemas de las mujeres o carecen de la logística necesaria: vehículos, personal, entre otros. Pueden tener “voluntad política y buenas intenciones”, pero retrasan las citas, y ese duro camino de la ruta de la denuncia por violencia provoca que la denunciante abandone el caso y regrese a convivir con su agresor.
7. Desde su experiencia, ¿cuáles son hoy los principales desafíos que enfrentan las mujeres hondureñas, especialmente en zonas industriales como Choloma?
Lograr una reforma al Código Laboral que revise los riesgos laborales provocados por una industria que no existía cuando dicho código fue aprobado. Lograr que en cada fábrica se instalen medidas de seguridad e higiene laboral para disminuir el índice de enfermedades profesionales provocadas por la industria textil, como quistes por movimiento repetitivo y enfermedades digestivas y respiratorias causadas por tintes y tamo.
También lograr que empleadores y empleados cumplan con las leyes laborales y que existan organizaciones sindicales que respeten los principios del sindicalismo: firma y fiel cumplimiento de los convenios colectivos, sin personas corruptas ni corruptoras.
La industria maquiladora textil ha sido una tabla salvadora ante la falta de oportunidades laborales, especialmente para las mujeres. En Choloma, familias enteras han dependido durante años de esta industria, de forma directa e indirecta. Sin embargo, también existe una conducta oportunista de algunos sectores que afecta a las trabajadoras.
8. En el marco del Día de la Mujer Hondureña, ¿qué mensaje le gustaría enviar a las mujeres que aún viven situaciones de violencia y sienten que no tienen salida?
Que crean en sí mismas. Que no abandonen sus sueños, aunque les griten que están locas. Que es normal y humano equivocarse, y que cada decisión equivocada es una lección necesaria para aprender. Que es bueno prepararse, leer y estar organizadas junto a otras. Que hay que librarse de las culpas, porque muchas veces estas impiden el crecimiento personal y colectivo.“Las vírgenes y santas van al cielo... las otras a todas partes”.
9. ¿Cómo ha sido el camino de transformar el dolor personal en una herramienta de cambio colectivo y esperanza para otras mujeres?
Ha sido un camino duro, de aprendizaje diario, incluso ahora. En lo personal, ser la oveja negra de la familia fue una carga tremenda. Comenzar de cero, no una, sino varias veces, y aprender que no hay que contar las veces que caes, sino las veces que te levantas.
También implica reivindicar los nombres de mujeres que la historia se ha ocupado de enterrar, pese a sus aportes al arte, la literatura, la ciencia y la cultura. Nos han llamado brujas, que en neerlandés significa “mujer sabia”. El machismo y la violencia siguen arraigados y reforzados por la música, las series, los medios y las redes sociales, lo que nos compromete aún más a seguir luchando.
10. Mirando hacia el futuro, ¿cuáles son los sueños y metas de APOMUH para los próximos años en la lucha por la justicia social y los derechos humanos de las mujeres?
APOMUH lleva mucho tiempo intentando obtener la personería jurídica, lo que se ha convertido en una muralla para acceder a financiamiento externo. Nuestra meta es cumplir a cabalidad con el POA 2026 y obtener fondos que permitan cubrir los costos del trabajo de formación, organización, educación, información y acuerpamiento que realizamos. Un incentivo monetario puntual para las lideresas no estaría de más.