Los complementos alimenticios se han convertido en una alternativa frecuente para quienes buscan mejorar su energía, fortalecer el cabello, cuidar la piel o potenciar el rendimiento físico. Sin embargo, consumirlos sin orientación profesional, combinar productos o superar las dosis recomendadas puede provocar efectos adversos y representar un riesgo para la salud.
Desde la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), la profesora de los Estudios de Ciencias de la Salud María José Alonso advierte que estos productos deben utilizarse únicamente cuando existe una necesidad concreta. “Los complementos funcionan cuando son necesarios, así que debemos comprobar si realmente los necesitamos”, subraya la especialista.
Uno de los errores más habituales consiste en creer que las vitaminas, los minerales o los extractos vegetales pueden reemplazar una alimentación equilibrada. Alonso recuerda que el organismo necesita fibra, proteínas y otros nutrientes que se obtienen principalmente de alimentos como frutas, verduras, legumbres y cereales integrales. “El propio nombre del producto marca el límite: complementa la dieta pero no la reemplaza”, señala.
Antes de iniciar su consumo, la experta recomienda determinar si realmente existe una deficiencia nutricional. Una evaluación médica y, cuando sea necesario, una analítica pueden ayudar a identificar si síntomas como el cansancio o la caída del cabello responden a una carencia o a otra causa. Tomarlos sin necesidad podría ocasionar molestias digestivas, acumulación de nutrientes o retrasar la detección de una enfermedad.
Otro riesgo aparece al combinar varios productos con ingredientes similares. Algunos complementos destinados al cuidado de la piel, el cabello o el rendimiento físico pueden compartir vitaminas y minerales, aunque se comercialicen con objetivos diferentes. “Los ingredientes duplicados pueden provocar una sobredosificación y efectos secundarios”, alerta Alonso, quien aconseja revisar cuidadosamente las etiquetas.
Según los requerimientos personales
La especialista también recuerda que más cantidad no significa mejores resultados. Superar las dosis indicadas o prolongar el consumo más allá del tiempo recomendado puede aumentar el riesgo de toxicidad hepática y renal, interacciones y otras complicaciones. Las vitaminas A, D, E y K, por ejemplo, pueden almacenarse en el organismo y acumularse cuando se ingieren en exceso.
Una sobredosis de determinados nutrientes puede ocasionar hipervitaminosis, vómitos e incluso daños neurológicos en los casos más graves. El exceso de algunos minerales tampoco es inofensivo: el consumo elevado de calcio, por ejemplo, puede favorecer la aparición de cálculos renales. Por ello, un producto indicado temporalmente para corregir una carencia no debe convertirse automáticamente en un hábito permanente.
Las instrucciones de uso también cumplen una función importante. La hora de consumo, su relación con los alimentos, la cantidad de agua y la duración del tratamiento pueden influir en la absorción y la tolerancia del complemento. Según Alonso, estas indicaciones no son un “capricho”, sino recomendaciones diseñadas para mejorar su efecto y reducir posibles molestias.
Manipular las cápsulas o modificar la presentación del producto sin autorización es otro comportamiento que debe evitarse. Abrirlas, triturarlas o mezclar su contenido con alimentos puede alterar la forma en que se libera el ingrediente activo. Algunos recubrimientos protegen el compuesto del ácido gástrico, reducen la irritación o controlan el lugar y la velocidad de su liberación.
Los complementos alimenticios también pueden interferir con determinados medicamentos. Alonso destaca que las interacciones más delicadas pueden involucrar tratamientos anticoagulantes, aunque algunos productos también podrían modificar el efecto de fármacos utilizados para controlar la diabetes o la hipertensión. “Todas las personas que siguen un tratamiento crónico deberían consultar con su médico o farmacéutico antes de tomar un complemento”, aconseja.
Finalmente, la UOC llama a desconfiar de las promesas que ofrecen resultados rápidos o “milagrosos”, especialmente en productos para adelgazar o mejorar el rendimiento sexual. Algunos preparados comercializados por internet pueden contener sustancias farmacológicamente activas que no aparecen en la etiqueta. Por eso, antes de consumirlos, es fundamental revisar su composición, evitar la automedicación y buscar asesoramiento de un profesional sanitario.