Con piso de tierra 23% de los hogares de Honduras: "Solo Dios sabe cómo vivimos"

Los niños que viven en hacinamiento presentan entre cuatro y seis episodios de infecciones respiratorias al año. Resfriado, faringitis y otitis media, las más padecidas

Con piso de tierra 23% de los hogares de Honduras: Solo Dios sabe cómo vivimos
  • Actualizado: 18 de marzo de 2026 a las 22:00 /
San Pedro Sula, Honduras.

La realidad de la vivienda dista mucho de ser un refugio seguro para miles de familias en Honduras. Lejos de representar protección y bienestar, muchos hogares, sobre todo en comunidades vulnerables, son entornos que ponen en peligro la salud y la vida, especialmente de niños y niñas.

Suelos de tierra, paredes improvisadas, techos de lámina y zinc, y la ausencia de condiciones sanitarias básicas, configuran un escenario donde la enfermedad encuentra terreno fértil.

Dormir, jugar y comer sobre un suelo de tierra expone a los menores a bacterias, polvo y humedad. Esta realidad, frecuente en barrios, colonias y aldeas de los municipios de Honduras, tiene consecuencias directas en la salud infantil.

En este contexto, el polvo se levanta con cada paso, con cada juego y con cada movimiento dentro de la vivienda. Cargado de partículas y microorganismos, termina siendo inhalado por quienes habitan el hogar. Como consecuencia, infecciones respiratorias como gripes constantes, bronquitis y cuadros asmáticos se vuelven parte de la vida cotidiana de múltiples menores.

Complicaciones en salud

Para las familias, el problema va más allá de la incomodidad, se trata de una lucha diaria por mantener a sus hijos sanos en un entorno que no ofrece las condiciones mínimas para una vida digna.

El contacto directo con la tierra también aumenta el riesgo de infecciones estomacales, los niños suelen jugar sobre el suelo y llevarse las manos a la boca, ingiriendo sin darse cuenta bacterias o parásitos presentes en el ambiente. Las diarreas, el dolor abdominal y otros problemas digestivos se vuelven comunes en estas condiciones.

A esto se suman las enfermedades dermatológicas. En viviendas donde predominan el polvo, la humedad o las superficies de tierra, los menores presentan con frecuencia alergias, irritaciones, infecciones por hongos o sarpullidos.

En los bordos de San Pedro Sula la vida se vive al filo de la tormenta. Juana Castro, adulta mayor, de mirada serena y manos gastadas por años de trabajo, abrió la puerta de su casa de láminas y bloques al equipo de LA PRENSA Premium, que exploró la difícil situación de vida de diversas familias a lo ancho del valle de Sula.

Son ocho personas viviendo bajo su techo que ha resistido solo por milagro los embates de los huracanes y las tormentas en años anteriores. “Solo Dios sabe cómo vivimos”, confesó, mientras el humo de la cocina ascendía entre las rendijas abiertas de la pared.

Llegaron hace siete años desde del departamento de Yoro, buscando un lugar donde empezar de nuevo, y aquí se quedaron. La casa tiene apenas dos cuartos, paredes de bloque y madera, pisos de tierra, algunas mejoras recientes y aberturas en todos lados que permiten que el viento y la lluvia entren facilidad. Cuando los huracanes Eta y Iota pasaron a finales del año 2020, el techo casi vuela.

En medio del pequeño hogar, doña Juana, quien cocina mientras habla, mantiene su pequeña pulpería, con nevera, lavadora y otros electrodomésticos viejos. “Lo poco que hay es el sudor de mi frente”, dijo, con resignación. Lo que más desea, de acuerdo con lo externado por la abuela, es salud para ella y su familia, y ayuda para fortalecer el techo y reforzar las paredes.

Conexiones eléctricas descubiertas y otras condiciones ponen en riesgo la integridad y la vida de las familias que habitan este tipo de viviendas.

Castro de Jesús la acompaña en este sentimiento, es un hombre que no supera los 50 años, anda sin camisa y ha vivido nueve años en estas condiciones. Desde hace una semana no trabaja en el transporte público, víctima de la extorsión que afecta la ciudad. La incertidumbre se siente en cada palabra, pues no tiene esposa y solo lucha con sus tres hijos.

"Cuando vienen los grandes huracanes parece que se van a llevar el techo, me toca hasta detener la lámina. Desearía que me ayudaran en la reconstrucción del techo de mi casa y las paredes, por lo menos", mencionó, mientras su hijo mayor dormía cerca en uno de los cuartos hechos de tabla.

Problemática estructural

Las cifras oficiales refrendan que el acceso a una vivienda digna continúa siendo uno de los principales problemas sociales del país. Datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) y de Hábitat para la Humanidad Honduras muestran que más de la mitad de los hogares enfrentan algún tipo de déficit habitacional, una situación que afecta la calidad de vida de miles de familias.

Según la Encuesta Permanente de Propósitos Múltiples 2025 del INE, en Honduras existían 189,400 hogares en condiciones de hacinamiento, dentro de un total de 2,780,759 hogares registrados a nivel nacional.

Salas, cocinas y habitaciones carentes de privacidad y comodidad conforman las estructuras de estas casas, que se mantienen en espacios improvisados.

En las viviendas hacinadas, un promedio de 5.5 personas habitan hogar, con apenas 1.2 habitaciones para dormir, esto significa que, en muchos casos, cuatro o cinco miembros de una familia compartían un mismo espacio para descansar.

La situación fue aún más marcada en áreas rurales, donde algunos hogares llegaron a tener hasta 8.1 personas en promedio, con una disponibilidad limitada de habitaciones. Esto no es un problema aislado, sino el resultado de factores estructurales que se han mantenido durante décadas, como crecimiento acelerado de los hogares, pobreza persistente y desigualdad económica.

El estudio "Hacinamiento en menores de 5 años como factor de riesgo para infecciones respiratorias agudas en una comunidad rural de Honduras", publicado en 2016 por el doctor Eduardo Dubón Fuentes, menciona que el hacinamiento dispara los casos de infecciones respiratorias agudas (IRA) en niños.

No obstante, las enfermedades se pueden reducir al prolongar la lactancia materna.

Con una muestra de 105 niños menores de cinco años, el estudio evidencia que el 55.5% de las veces, los niños que vivían en hacinamiento presentaron entre cuatro y seis episodios de infecciones respiratorias al año, mientras que en el 86.6% sufrió más de seis.

El estudio habla de seis enfermedades, siendo el resfriado común, la faringitis y la otitis media las más padecidas. También se registraron casos de menores de cinco años con rinosinusitis, bronquitis y hasta neumonía.

A la pobreza se suma la desigualdad económica, que mide la distribución del ingreso y que se ha mantenido elevada durante las últimas décadas. Mientras algunos sectores logran acceder a viviendas amplias, miles de familias deben adaptarse a espacios reducidos o construcciones precarias.

Los niños se exponen a diario a problemas de salud debido al contacto constante con la tierra y a las demás dificultades habitacionales.

Pisos de tierra y otras carencias

Reportes de Hábitat para la Humanidad indicaron que, aunque el número de viviendas existentes en el país es alto, prevalecen condiciones inadecuadas, además de la falta total de vivienda o la necesidad de construir nuevas unidades habitacionales.

El estado físico de muchas viviendas deja al descubierto la vulnerabilidad. Según la organización, 2.3% de los hogares tiene techos en mal estado, 6.2% presenta paredes deficientes y 24.5% carece de tenencia segura de la vivienda.

El departamento de Cortés concentra el mayor número de viviendas, seguido por Francisco Morazán, mientras que los departamentos con menor número de casas son Gracias a Dios, Islas de la Bahía, Valle La Paz e Intibucá. A nivel nacional, el tipo de vivienda más común es la individual, representada por un 95.9% (2,429,669), seguido de cuarterías 3.1% (78,477) y los apartamentos 1.7% (43,944).

Uno de los indicadores más críticos es la presencia de pisos de tierra, asociados con enfermedades infecciosas, parasitarias y problemas de salud infantil.

En Honduras, de acuerdo con la ong, el 23% de las viviendas tienen pisos de tierra, lo que representa 585,265 unidades. El problema es mayormente rural, ya que el 80% de estas viviendas están allí (468,212) y el 20% en zonas urbanas (117,053).

Ante esta realidad, Hábitat para la Humanidad impulsa la campaña regional “100 mil pisos para jugar”, cuyo objetivo en América Latina y el Caribe es construir 100,000 pisos, beneficiar a 100,000 familias, impactar a 100,000 niños, capacitar a 200,000 personas y generar 100,000 empleos.

En Honduras, el plan contempla la construcción de 9,160 pisos hasta 2028. Hasta ahora, entre 2022 y 2025, se construyeron 2,962 pisos, beneficiando a 14,860 personas. Cada piso tiene un costo aproximado de 13,000 lempiras.

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"Estamos impulsando políticas que creen otros modelos financieros y favorezcan a las personas que tiene poca capacidad de pago de una vivienda": Martha Guillén, directora de Habitat para la Humanidad

Según explicó a este medio, Martha Guillén, directora de Habitat para la Humanidad Honduras, la solución no depende únicamente de los gobiernos de turno, sino de políticas de Estado que garanticen el derecho fundamental de los hondureños a habitar de manera segura y saludable.

“Este es un problema estructural y grave, más de seis millones de personas enfrentan algún tipo de dificultad habitacional, y aproximadamente un millón de viviendas requieren mejoras cualitativas. Muchas casas presentan paredes deterioradas, techos en mal estado, carencia de agua potable y saneamiento básico”, explicó Guillén.

Según la ingeniera, se requiere la construcción de unas 600 viviendas nuevas y se están impulsando políticas innovadoras que permitan a las personas con capacidad limitada de pago acceder a soluciones habitacionales.

“No se trata de otorgar grandes cantidades de dinero de una sola vez, sino de realizar mejoras progresivas que se adapten a los ingresos de la gente. Estamos promoviendo modelos financieros inclusivos, créditos accesibles, con tasas que ayuden a las familias a mejorar su vivienda sin comprometer su subsistencia”, indicó.

Para quienes se encuentran en situación de extrema pobreza, enfatizó, se necesitan subsidios completos, ya que estas familias, muchas de ellas con un solo ingreso mínimo, no cuentan con los recursos necesarios para cubrir sus necesidades básicas. “No estamos hablando solo de viviendas nuevas, mejorar un piso, instalar un baño o reforzar la estructura existente puede transformar la vida de estas personas”, recalcó.

Las casas se vuelven inseguras para las familias debido a las precaria condiciones en las que fueron construidas.

Beneficios

La directora de la organización también resaltó la relación entre la vivienda y factores sociales como la migración y el cambio climático. Las ciudades más grandes, como San Pedro Sula, Tegucigalpa y otros municipios aledaños, enfrentan alta demanda habitacional. “Al no haber oferta de alquiler asequible y viviendas seguras, las familias se ven obligadas a asentarse en zonas vulnerables, expuestas a inundaciones y desastres naturales”, explicó.

Los beneficios de mejorar las viviendas son evidentes. Según citó, un solo piso de concreto puede reducir hasta un 17% la incidencia de enfermedades respiratorias, gastrointestinales y de la piel, y disminuir en un 95% los gastos relacionados con atención médica. Además, los niños que juegan y crecen sobre un piso seguro tienen mejores oportunidades de aprendizaje y desarrollo.

“Debemos unirnos, sentarnos en mesas de trabajo y pensar disruptivamente. Solo así podremos garantizar modelos inclusivos de vivienda digna que permitan a todas las familias hondureñas vivir con seguridad y salud”, aseguró.

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“No se trata solo del espacio físico, es una cadena estructural del sistema de desarrollo": Esdras López, especialista en políticas públicas

El politólogo y experto en políticas públicas, Esdras López, concuerda que garantizar el acceso a la vivienda en Honduras es una meta pendiente y que va mucho más allá de entregar un techo a las familias.

Según López, el primer paso es reconocer el marco legal que respalda este derecho, plasmado en el artículo 178 de la Constitución, que establece que todos los hondureños tienen derecho a una vivienda digna y que el Estado debe ejecutar programas efectivos para garantizarla.

“El Estado no solo debe promover recursos internos y externos para facilitar el crédito y la construcción de vivienda, sino también asegurar que estos programas realmente permitan el acceso a quienes viven en condiciones de pobreza extrema”, explicó López.

El especialista detalló que el derecho a un nivel de vida adecuado incluye vivienda con servicios básicos, infraestructura, ubicación apropiada y adecuación cultural. Además, expuso que la reglamentación vigente obliga al Estado a actuar de manera inmediata para brindar acceso a viviendas dignas, en línea con compromisos nacionales e internacionales.

López alertó que la alta pobreza limita significativamente la efectividad de los programas gubernamentales. “No se trata solo de otorgar crédito, hay que garantizar que las viviendas cumplan condiciones básicas como agua potable, electricidad, pisos de concreto y saneamiento adecuado, solo así se puede hablar de una vivienda realmente digna”, indicó.

El experto señaló que el crecimiento desordenado de los asentamientos urbanos genera riesgos adicionales, como hacinamiento, falta de saneamiento y exposición a enfermedades, afectando especialmente a niños con desnutrición y reduciendo el rendimiento escolar.

“Mejorar el piso de una vivienda puede disminuir el ausentismo escolar hasta en un 15% y la falta de espacio e iluminación impacta directamente en la calidad de vida y productividad de las familias”, precisó.

Para López, el acceso a la vivienda debe considerarse como parte de un esquema integral de desarrollo humano, que incluya educación, salud y seguridad. "Una familia que pierde su casa, su único activo, enfrenta brechas profundas que perpetúan la vulnerabilidad y limitan su desarrollo”, analizó.

La crisis de vivienda no es exclusiva de Honduras. La Organización de Naciones Unidas (ONU) proyecta que 3,000 millones de personas en el mundo necesitarán vivienda adecuada para 2030; sin embargo, en Honduras el problema adquiere dimensiones particularmente críticas, con más de seis de cada 10 hogares viviendo con carencias habitacionales, donde el acceso a una vivienda digna continúa siendo uno de los mayores puntos por cumplir para en la agenda del desarrollo social del país.

NOTA
Un reportaje periodístico de LA PRENSA en el marco de la campaña Hogares dignos, vidas plenas, con el apoyo de Hábitat para la Humanidad y el patrocinio de WM Constructores.

Para ayudar

Hábitat para la Humanidad Honduras

📧 habitat.honduras@habitathn.org

📞 +504 31424885

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Ariel Trigueros
Ariel Trigueros
jerson.trigueros@laprensa.hn

Reportero multimedia e investigador en LA PRENSA. Más de 10 años en medios. Licenciado en Periodismo (UNAH), máster en Comunicación (UEA) y docente universitario.