Periodista Carlos Molina vio morir a su esposa tras el parto: "Me refugio en el trabajo"

Su esposa falleció en 2012, el mismo día que dio a luz a su hijo menor. Desde entonces se dedicó a criarlos solo. En su labor como periodista, ver niños que quedan sin madre le recuerda a ella

Periodista Carlos Molina vio morir a su esposa tras el parto: Me refugio en el trabajo
  • Actualizado: 22 de mayo de 2026 a las 23:59 /
San Pedro Sula, Honduras.

La madrugada todavía no terminaba cuando el periodista Carlos Roberto Molina Santos entendió que la vida podía partirse en dos en cuestión de segundos.

Aquella madrugada de 2012, la carretera CA-13 entre La Ceiba y Tela parecía interminable, el sonido de las llantas golpeando el pavimento se combinaba con los aparatos médicos, la respiración agitada del paramédico, las manos temblorosas de Carlos y el silencio insoportable de Blanca Gonzáles, la mujer que había amado durante 11 años y con la que soñó construir una vida completa.

Carlos iba sentado detrás, observándola sin poder hacer nada, sintiendo cómo el miedo comenzaba a metérsele lentamente en el pecho.

Hoy, 14 años después, a sus 54 años, el periodista ceibeño continúa contando historias ajenas mientras carga la suya como una cicatriz que nunca terminó de sanar. Pese al dolor, decidió seguir adelante con valentía y convertirse en un ejemplo de lucha y resiliencia, logrando sacar adelante a sus tres hijos tras perder a su compañera de vida.

Fue reconocido en La Ceiba como el periodista de 2025 por su labor, incluida en Diario LA PRENSA.

Incorporación a los medios

Todo comenzó mucho antes de las cámaras y los micrófonos: En 1994 ingresó a los medios de comunicación como operador de radio; era un joven apasionado por el sonido, por la música y por esa magia que hacía que una voz viajara hasta miles de hogares.

Un año después comenzó a locutar música en radios de La Ceiba y también se convirtió en voz comercial. Poco a poco descubrió que no solo quería hablar frente a un micrófono, quería salir a las calles, escuchar historias y entender la realidad que golpeaba a la gente.

En el año 2002 pasó a dirigir una radio católica, allí permaneció hasta el 2006 o 2007. Antes de salir de la emisora comenzó a presentar un noticiero radial y fue entonces cuando el periodismo dejó de ser solamente curiosidad para convertirse en una vocación.

“Me fue gustando el periodismo, salir a la calle a entrevistar a la gente, tener contacto con ellos, buscar noticias internacionales”, recordó durante una conversación con este medio.

Al mismo tiempo empezó a trabajar en televisión dominical como presentador de noticias, mezclando la radio con la televisión mientras su sueño comenzaba a tomar forma, pero Carlos quería más.

En 2007 dejó La Ceiba y se marchó a San Pedro Sula para estudiar Periodismo. En enero de 2008 comenzó a trabajar en diario Tiempo, entró inicialmente al área de deportes, aunque él deseaba estar en noticias generales; sin embargo, a sus superiores les gustó tanto su trabajo que terminó quedándose en deportes cubriendo microciclos de la Selección Nacional rumbo al Mundial de 2010, entrenamientos de los clubes Real España y Marathón, además de realizar trabajos especiales para el periódico.

Vivió el ritmo acelerado del periodismo, las coberturas interminables y las jornadas donde el cansancio parecía no existir. Entre 2008 y 2012 permaneció en ese rotativo mientras lograba graduarse como Licenciado en Periodismo en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (Unah).

Luego pidió una reasignación para regresar a La Ceiba, donde continuó como corresponsal, esta vez en el área de noticias generales, y permaneció allí hasta octubre del 2015, cuando el periódico cerró su edición impresa.

Posee más de 30 años de experiencia en medios de comunicación, desempeñándose en radio, prensa escrita y televisión.

Dos meses después, el 15 de diciembre de ese año, llegó al decano de Honduras, Diario LA PRENSA, como corresponsal del Litoral Atlántico, donde cubriría noticias generales para este rotativo así como para el periódico local El Ceibeño, que fue cerrado en 2020, durante la pandemia del covid-19.

Mientras el periodista crecía profesionalmente, la violencia también aumentaba alrededor de Honduras. Carlos tuvo que cubrir una de las épocas más complicadas por el conflicto ligado al narcotráfico, las estructuras criminales vinculadas a "Los Cachiros" y "El Negro Lobo" y las interminables muertes que parecían no detenerse.

El periodista al que sustituyó había renunciado por temor. “Sí me dio miedo llegar, pero no me quedaba de otra, era mi pasión y mi carrera, eso me motivó. Hubo momentos de temor por lo que pasaba, pero siempre le puse ganas y hemos sobrevivido", relató.

También fue víctima de intimidación en dos ocasiones, tanto de grupos organizados como de personas vinculadas, según relató, a estructuras políticas de gobiernos anteriores, cuando desconocidos se le acercaron para hacerle advertencias debido a las críticas que hacía a través de medios de comunicación.

Carlos, en su faceta como presentador de noticias en distintos canales de La Ceiba.

Aun así nunca abandonó el periodismo. “Hemos trabajado de manera profesional y tomando precauciones, haciéndolo de manera objetiva, sin afectar a la Policía ni a los grupos, solo filmar y escribir lo que está pasando”, continuó manifestando Carlos.

Ninguna cobertura de violencia, ninguna escena sangrienta y ninguna amenaza lograrían marcarlo tanto como la tragedia que destruyó su hogar en 2012.

Antes de convertirse en esposo y padre, Carlos era deportista y competía como fisicoculturista a nivel nacional. Entonces conoció a Blanca Gonzales, juntos comenzaron a construir sueños simples como formar una familia, criar hijos y salir adelante.

Su vida dio un giro

Estuvieron juntos 11 años y tuvieron tres hermosos hijos: Roberto Carlos, Andrea y José Augusto, pero el nacimiento del menor cambiaría todo para siempre.

Blanca, con apenas 23 años, comenzó a sufrir preeclampsia cuando se acercaba a los ocho meses de embarazo. Un día, mientras toda la familia se encontraba en casa, empezó a presentar complicaciones repentinas, por lo que Carlos tuvo que trasladarla de emergencia en su carro al Hospital Atlántida. Allí los médicos lograron estabilizarla con medicamentos y posteriormente la enviaron de regreso a casa.

Parecía estar mejorando, pero un día después recayó, por lo que tuvo que ser ingresada nuevamente al hospital, donde permaneció internada durante aproximadamente cuatro días. Durante ese tiempo, Carlos dormía a su lado mientras sus familiares se encargaban de cuidar a los niños.

“Estuve con ella durante las noches y conté con el apoyo de la familia que cuidaba los niños y que la acompañaban a ella algunas veces”, dijo.

Finalmente, los médicos decidieron trasladarla a San Pedro Sula para atención especializada. El niño nació en La Ceiba mediante cesárea, era prematuro, necesitaba incubadora y tratamiento especial, pero Blanca seguía delicada.

Carlos tomó la decisión de dejar que una cuñada suya cuidara al recién nacido mientras él acompañaba a su esposa en la ambulancia. “Al niño me lo cuidó una cuñada para atenderlo y me encargué de mi esposa”, agregó.

Avanzaban a lo largo de la carretera entre la angustia y la esperanza, pero al llegar cerca de Tela el panorama cambió. “Cuando íbamos en la ambulancia llegando a Tela, el paramédico dijo que se estaba complicando y debíamos parar”, recordó.

La ingresaron de emergencia al hospital de Tela; intentaron salvarla, le dieron primeros auxilios, Carlos permanecía cerca de la camilla observando cómo la vida de su esposa se escapaba frente a sus ojos, pero ya no hubo nada que hacer, Blanca sufrió un infarto, murió mientras él estaba allí a pocos metros.

“Fue difícil, estaba solo con ella y la cuñada”, apuntó. Dos días antes de fallecer, Carlos había podido mirarla en la habitación del hospital Atlántida.

Carlos aparece junto a sus hijos en fotografías que conservan como parte de sus más entrañables recuerdos.

“Casi no hablamos, más que todo cruzamos miradas, me preguntó por los niños y le dije que estaban bien, que ella estaría bien, que no se preocupara”, rememoró. Esa fue prácticamente la despedida; el mismo día que nació su hijo menor, José Augusto, murió también su esposa.

Desde entonces tuvo que convertirse en padre y madre al mismo tiempo, fue una etapa extremadamente difícil porque los niños quedaron pequeños y tuvo que enfrentar prácticamente solo la responsabilidad de criarlos.

Aunque contó con el apoyo fundamental de su familia y de parientes de su esposa, la carga emocional, cotidiana y económica cayó sobre sus hombros mientras debía continuar trabajando para sostener el hogar.

Carlos externó que, lo más duro no fue únicamente el cansancio físico, sino el vacío emocional que dejó la ausencia materna en la vida de sus hijos.

“Lo más difícil ha sido lo moral, saber que falta la figura materna”, resaltó, pero nunca dejó de trabajar, y aseguró que el periodismo se convirtió en su refugio y salvación.

A eso se sumaban las responsabilidades del hogar: trabajar, encargarse de los niños, atender los centros educativos, el cuidado personal, cocinar y mantener la casa funcionando en medio del dolor.

Carlos regresaba de cubrir noticias, escenas violentas y tragedias humanas para llegar y hacerse cargo de los menores.

Con el transcurso del tiempo, a veces, mientras cubría asesinatos o encontraba el cuerpo de alguna mujer joven tirada sobre una calle, inevitablemente recordaba a Blanca, su expareja. “Mirar una mujer que deja hijos siempre me recuerda a eso”, mencionó.

Cuando los niños crecieron y podían quedarse solos en casa, las responsabilidades continuaron sobre él. Su cuñada también fue un respaldo importante en asuntos escolares, asistiendo a reuniones, entregas de calificaciones y otras actividades, ya que Carlos muchas veces no podía faltar a sus jornadas laborales.

Incluso hoy, pese a que sus hijos ya son mayores, Carlos continúa pendiente de ellos y de las labores del hogar. “Hasta el sol de hoy les hago la comida”, dijo, con orgullo. Los quehaceres de la casa, aseguró, son compartidos entre él y sus tres hijos, quienes han aprendido a enfrentar juntos la ausencia que impactó sus vidas desde pequeños.

“Siento que algo dentro de mí murió ese día, antes le encontraba sentido a la vida, pero a partir de allí ya no le daba sentido, me daba igual todo, aunque por mis hijos seguí adelante”, exclamó.

Los años pasaron, Roberto Carlos hoy trabaja y estudia; Andrea terminó el colegio y se prepara para ingresar a la universidad; y José Augusto, el niño que nació el día cuando su madre murió, cursa el décimo grado. Los tres siguen visitando la tumba de su madre. Los mayores heredaron los rasgos blancos de Blanca, y Augusto se parece más a Carlos.

Aunque la vida continuó, la ausencia nunca desapareció para todos ellos. “No volví a estar con nadie más como con ella, no es trauma, sino que no se ha dado”, se sinceró, Carlos.

Hoy, el periodista ceibeño continúa ejerciendo en prensa escrita y televisión. Desde 2014 forma parte de Teleceiba, donde sigue presentando noticias, luego de haber trabajado también en 45 TV.

La celebración del Día del Periodista Hondureño conmemora la labor de los profesionales de la comunicación y su aporte a la sociedad mediante la información, la investigación y la defensa de la libertad de expresión. En Honduras, esta fecha se celebra cada 25 de mayo, en honor a la fundación del Colegio de Periodistas de Honduras (CPH), creada en 1979.

Sigue recorriendo calles, grabando historias, enfrentando el peligro y sosteniendo una profesión que muchas veces le arrebató tiempo con sus hijos, pero que también le ayudó a sobrevivir emocionalmente.

“Me he refugiado en el trabajo y en la soledad”, contó. A veces piensa en Blanca, piensa en las graduaciones que ella no miró, en los cumpleaños que se perdió y en los hijos que crecieron sin escuchar su voz.

También piensa que, donde sea que ella esté, probablemente estaría orgullosa. “Si pudiera hablar con ella le diría gracias por haberme dado los hijos que tengo, no me arrepiento jamás de tener a Augusto pese a que ella falleció”, expresó en el cierre de la entrevista.

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Ariel Trigueros
Ariel Trigueros
jerson.trigueros@laprensa.hn

Reportero multimedia e investigador en LA PRENSA. Más de 10 años en medios. Licenciado en Periodismo (UNAH), máster en Comunicación (UEA) y docente universitario.