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Desde que era una niña de nueve años de edad, Lynne Walker encontró en el periodismo una vocación que no abandonaría. Creció en el estado de Georgia, en un hogar donde para sus padres la lectura del periódico era un hábito cotidiano. Leer las noticias, incluso aquellas más complejas, le despertó el deseo de ser periodista.
"Me fascinó. Leía todo tipo de notas: policíacas, políticas... No sabía si mis padres me iban a permitir leerlas, pero ahí empezó a crecer mi deseo de ser periodista", recuerda Walker, quien en 2016 fundó Inquire First, una organización periodística sin fines de lucro que organiza y dirige programas de capacitación, así como programas que promueven reportajes de profundidad.
Walker decidió estudiar periodismo al ingresar a la universidad, impulsada también por profesores que reconocieron su capacidad para escribir, algo que no reconocía en sí misma. A los 18 años obtuvo su primer trabajo en un periódico, experiencia que combinó con sus estudios universitarios.
"La redacción fue mi gran maestro. Es muy valioso ir a la universidad, pero quienes realmente me enseñaron fueron los editores y reporteros. Ahí aprendí lo que significa un ‘deadline’ (fecha límite) de verdad", afirma, al recordar con una sonrisa que "tenía mucha energía" y hasta sus editores le decían: "Bueno, tranquila, por favor".
Su carrera tomó impulso desde temprano. A los 20 años ya trabajaba a tiempo completo y, desde entonces, no se ha arrepentido. Como dicen en México, "soy periodista de hueso colorado".
Lynne estudió en Hawái y ahí hizo sus primeros pasos en el periodismo. Más adelante, su trayectoria la llevó a México, donde vivió durante 15 años como corresponsal. Esta etapa marcó profundamente su carrera.
"Era la única corresponsal, así que me tocaba cubrir de todo: política, economía, artes, cultura, migración, crimen organizado y desastres naturales", explica.
Walker destaca la apertura que encontró en el país, aunque cuando llegó ya sabía hablar español, pero viviendo ahí lo mejoró. "México me recibió muy bien. La gente siempre estuvo dispuesta a hablar conmigo, tanto en la ciudad como en zonas rurales", señala.
También resalta el apoyo entre colegas. En cada nueva ciudad, acudía primero a redacciones locales para presentarse y pedir orientación. "Siempre me ayudaron. Hoy espero poder devolver ese apoyo a mis colegas en América Latina", agrega.
Su pasión por contar historias la llevó a Chiapas, donde alquiló un avión para volar a territorio controlado por los zapatistas, y a un pueblo remoto en las montañas de Oaxaca donde viajó a caballo para informar sobre la pobreza rural. "Ahí viví una experiencia única".
Entre sus coberturas, recuerda un reportaje en Beardstown, Illinois, sobre una comunidad latina. Lo que inicialmente parecía una historia menor se convirtió en un proyecto de ocho meses.
“Fui el primer día y le dije a mi editor: aquí no hay una buena nota: aquí hay una gran nota. Hablé con varias personas, me invitaron a sus casas, mexicanos trabajando ahí me abrieron sus puertas. Fue una de las mejores experiencias de mi carrera”, cuenta.
En 1997, Walker recibió el Premio Nacional Headliner por una narrativa en serie de 14 capítulos que mostraba el drama humano de la inmigración ilegal en Estados Unidos y en 2004 fue finalista del premio Pulitzer de Reportaje Nacional por "Beardstown: Reflection of Changing America", la serie de cuatro partes sobre el pequeño pueblo de Illinois que fue transformado por la inmigración.
Con esa visión de colaboración, fundó Inquire First, una organización que promueve el periodismo transfronterizo en América Latina. En este 2026, la iniciativa cumple diez años. "Es difícil levantar una organización de este tipo, pero queremos seguir trabajando con mis colegas en América Latina. Cuanto más trabajamos juntos, más fuerte es el periodismo. No podemos hacerlo todo solos”, sostiene.
La organización ha impulsado programas de cobertura, especialmente en temas de migración desde 2023, con la participación de periodistas de más de 13 países. "Hemos llevado a los colegas para que conozcan la situación de la migración, hemos viajado a cinco diferentes ciudades y a la frontera entre México y Estados Unidos. Ya van 10 giras con periodistas".
También ofrece capacitaciones, subvenciones para proyectos de investigación sobre ciencia, salud, clima y medio ambiente, y trabajos colaborativos como "Historia sin fronteras", que ha sido ganador de varios premios internacionales.
Walker dice que los periodistas pueden proponer sus proyectos y tenemos un panel de jueces internacionales que deciden según el mérito del proyecto.
"Los periodistas no trabajamos solos: somos un equipo. El año pasado realizamos un gran proyecto sobre el impacto del cambio climático en el Camino Inca. Participaron cuatro reporteros y cuatro fotoperiodistas, todos trabajando juntos en esta iniciativa".
Walker subraya que, aunque la forma en que entregamos la información ha cambiado, la esencia del periodismo se mantiene. "Ha cambiado es la forma de contar las historias. Pero no podemos abandonar la ética, la verificación ni la credibilidad", advierte.
Para las nuevas generaciones, su mensaje es claro: la información debe ser rigurosa y confiable. "De nada sirve una noticia que no es correcta. Este mundo no puede funcionar sin información verificada y veraz".
En 2005, Lynne Walker recibió el premio María Moors Cabot de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia en Nueva York por su destacada cobertura en América Latina; además, se desempeñó durante ocho años como vicepresidenta del Instituto de las Américas en el campus de la Universidad de California en San Diego.
Durante una semana, Lynne Walker, con su organización Inquire First y apoyo del Departamento de Estado de Estados Unidos, acompañó una cobertura de inmigración en Miami y el Valle de Río Grande, Texas, en donde compartío con un grupo de periodistas de México, República Dominicana y Honduras, incluidos de LA PRENSA.