15/08/2022
01:39 AM

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Especial clases en línea: el encierro desespera a los alumnos

Las horas son largas desde casa. En principio la idea de no tener que ir a clases era espléndida; más de un año después, parece una pesadilla.

San Pedro Sula, Honduras.

Cuando en marzo de 2020 los alumnos recibieron la noticia de irse durante dos semanas a casa, por precaución de un virus, todo parecía extraordinario. El hastío, para muchos, se detenía durante algunos días para retornar a la rutina; esa que ahora es anhelada y ansiada.

Episodio I: Recreo extendido por alerta de un virus

Génesis Aguilar, una estudiante del bachillerato en informática, lo sabe. Cuatro paredes parecen diminutas si lo comparamos con la libertad que los alumnos experimentaban en la escuela o colegio. Ahora, conoce cada rincón de su hogar. No le queda otro sitio por visitar en la sala, donde, sentada en la mesa principal, repite a diario la imagen suya frente a su computadora.

Algunos movimientos ya son intuitivos y producto de la inercia. Encender el micrófono, apagarlo. Encender la cámara, apagarla y encenderla otra vez por advertencia del maestro o maestra. Descargar un archivo, cargar otro con la tarea. Reproducir diapositivas y resumirlas en un texto, que ahora es digital y ha orillado al papel a una extinción paulatina.

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No está sola en esta casa. La comparte con otras personas; su familia. De distintas edades, intereses y preferencias. Incluso la mesa principal no es solo para ella en el momento en que se dispone a recibir las lecciones académicas. Del otro extremo, su pequeño hermano Víctor, que cursa la preparatoria.

El niño tiene un teléfono en la mano y no parece importarle lo que ocurre en nuestra conversación. Génesis es una adolescente expresiva y con una capacidad de descripción alta. Al menor solo le interesa lo que tiene qué ver con ser un niño. Jugar, distraerse, divertirse y conseguir su acometido. También es notoria su habilidad con el aparato electrónico; lo maniobra cual juguete y es muestra del cambio en la niñez adaptada a la tecnología.

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'A veces él está con mi tía y lo está regañando. Los maestros me piden leer tal párrafo y les digo que se callen o no hablen, porque voy a leer. Me molesta, por una parte. Es incómodo y es parte de la educación desde casa', cuenta Génesis.

En un extremo, el silencio de Génesis; en el otro, canciones animadas en inglés, ruido y repetición del diálogo de Víctor. Ese contraste entre la educación primaria y secundaria es clásico. Es Elsa Aguilar, la tía de estos alumnos, quien suple a la madre en la asistencia, una labor nueva a consecuencia del confinamiento. La madre está en su trabajo y sus hijos disputan el espacio de la mesa.

'Si fuera por él, estuviera en el kinder', dice la tía de Víctor. Este pequeño, callado y tímido, pero observador de lo que se dice de él, como si esperase a que su tía diga algo que no considera cierto, ya saboreó las mieles de la presencialidad. Apenas dos días asistió a la escuela previo a que el confinamiento total afectase al país. Durante esos dos días, se convenció de su imperante anhelo de ver de nuevo a esos compañeros con los que compartió solo algunas horas.

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'Uno se aburre de estar todo el día frente a la computadora y no estar interactuando con compañeros y maestros. No es fácil estar casi las 24 horas encerrado en una casa. A diario uno salía a hacer sus cosas. Sin andar preocupado por desinfectarse las manos, de usar la mascarilla y a dos metros de distancia de la persona', explica la estudiante.

Otro desafío es la conexión a internet. 'Muchas veces falla. A veces estoy en clase o voy a pruebas y de repente la conexión se va. Falla mucho, en realidad'. El servicio en Honduras suele causar problemas. Los proveedores son privados, pero en muchas ocasiones el servicio. El flagelo es de interés a consecuencia de un panorama en que la educación podría ser, durante mucho tiempo, semipresencial.

Episodio II: Especial clases en línea: confinamiento total y nuevos protagonistas

Las voces, gritos, quejidos y risas se cruzan en la conversación entre la paciente maestra y la tía de Víctor, quien pregunta cuándo será la próxima evaluación a los alumnos. Ese momento emula a cuando los docentes en el salón de clases piden guardar silencio, pero no todos colaboran. En este caso, un clic permite silenciar a todos, casi en un jocoso acto de censura. Sin embargo, no siempre se puede, porque la lección pretende ser interactiva.

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Acumular estrés, deseos y anhelo de salir a la calle, a jugar, compartir y descubrir, desespera a alumnos y a protagonistas. Incluso a maestros, que desde casa dedican más que las horas en clase, a revisar, preparar y evaluar las lecciones. En tanto, la premisa del retorno mantiene viva la esperanza de experimentar, al menos a medias, aquello que se perdió cuando el virus llegó.