En el marco del Día del Amor y la Amistad, Jaimen Rodríguez, unido en matrimonio con Belkis Ramos, comparte cómo su historia de amor —que suma 20 años de matrimonio— ha trascendido el ámbito personal para convertirse en un proyecto de servicio, fe y compromiso social.
A través del voluntariado, esta pareja hondureña ha fortalecido su relación y su vida familiar, y además ha impactado positivamente a comunidades y hospitales, llevando alimentos, acompañamiento, sonrisas y esperanza a personas en situación de vulnerabilidad.
Llevan 20 años de matrimonio. ¿Cómo describirían su relación de pareja hoy y de qué manera el voluntariado ha influido en su forma de amarse, apoyarse y crecer juntos?
Tenemos 20 años de matrimonio y nuestra relación se ha caracterizado por la unión, el amor y los fuertes lazos familiares. Con el paso del tiempo, nuestro amor ha crecido y evolucionado, al punto de que muchos de nuestros paseos de fin de semana como pareja los hemos transformado en espacios para servir a otros.
Hoy dedicamos uno o dos días al voluntariado, tanto en pareja como personas cercanas, visitando comunidades y hospitales donde hemos escuchado historias difíciles y realidades que nos han marcado profundamente. A través de nuestro amor, nuestro tiempo y nuestras palabras, hemos podido brindar aliento, esperanza y acompañamiento a quienes más lo necesitan, fortaleciendo así no solo a quienes servimos, sino también nuestra relación y nuestro compromiso como familia.
¿En qué momento nació la idea de servir como voluntarios y qué situación o experiencia marcó ese “clic” que los llevó a decidir involucrarse activamente?
El deseo de servir nació en el año 2020, cuando mi esposa estuvo una semana en el área de emergencias del Hospital Escuela de Tegucigalpa. Durante ese tiempo permanecí sin salir de las instalaciones y fui testigo de una realidad muy dura: la gran necesidad que enfrentan tanto los pacientes como sus familiares.
Cada madrugada, alrededor de las 5:00 a. m., personas de buen corazón llegaban para compartir la Palabra de Dios y entregar alimentos, brindando no solo comida, sino también esperanza y consuelo. Esa experiencia marcó profundamente mi corazón. Al salir del hospital, le dije a mi esposa y a mis hijos que debíamos hacerlo mismo: salir a regalar comida y servir a los demás. Así comenzamos en nuestro propio hogar, organizando una cena navideña para vecinos y personas cercanas en nuestra comunidad .
Convertimos nuestra casa en un pequeño restaurante solidario: yo me encargaba del asado, mi esposa los alimentos y nuestros hijos servían la comida como meseros. Las personas llegaban únicamente a disfrutar, y se iban profundamente agradecidas. Esa experiencia nos enseñó que servir con amor, desde lo que tenemos, puede transformar vidas, empezando por la nuestra.
Ustedes no solo sirven como pareja, sino también como familia. ¿Cómo fue el proceso de invitar a sus hijos a sumarse y qué valores han buscado sembraren ellos a través de esta experiencia?
Decidimos servir como familia en una actividad de Fundación “Solidaridad” en la sala del materno infantil en Tegucigalpa, donde hay niños de diferentes edades y con mucho tiempo de permanecer ahí donde no solo es de irles a regalar algo, sino de compartir y sacarles una sonrisa y que mejor que ese niño comparta y juegue con otro niño, que no es lo mismo con un adulto.
Fue hermoso ver a nuestros hijos jugar con ese niño, peinarle su cabello, pintarle su carita, cantarle una canción, ayudarle a reventar una piñata en su camilla, y ver la felicidad reflejada en su rostro a través del familiar de ese niño y en muchas ocasiones ver rodar una lágrima de ver a su hijo contento, hemos buscado sembrar valores como: compartir parte de su tiempo positivamente y dar entretenimiento a los demás sanamente, darle amor al prójimo, a tener gratitud y tener empatía hacia los demás.
Han colaborado en hospitales, áreas de lactancia, emergencia, Teletón y comunidades de escasos recursos. ¿Qué proyectos o momentos recuerdan como los más significativos y por qué?
En los proyectos significativos que recordamos, nos marcaron dos escenarios. En el primero, en los hospitales, ya que tanto el paciente como el familiar se encuentran en una situación difícil, y es hermoso llevar esa alegría y un mensaje esperanzador que con la ayuda de Dios saldrán adelante.
En uno de esos casos compartimos en una camilla con un paciente y su familiar de escasos recursos, en ese momento se acercó una enfermera a preguntarle que si tenía dinero para un medicamento ella respondió que no, al escuchar a la enfermera que el medicamento no se encontraba en el hospital y que era urgente comprarlo, en ese momento decidimos como familia comprar ese medicamento y solicitamos la receta a la enfermera, nos trasladamos a la farmacia a comprarlo, y al entregarlo la enfermera y el familiar se sintieron muy agradecidas con nosotros.
En el segundo escenario, en las comunidades, donde es hermoso entregar un juguete y alimentos a ese niño de escasos recursos, que con su sonrisa e inocencia agradezca de corazón ese detalle, en una en una actividad en una de estas comunidades, después de compartir alimentos, refrescos y juguetes, se acercó un niño a nosotros, diciéndonos, "Gracias por este juguete ,nunca había tenido un juguete como este, hasta hoy, gracias a ustedes; los recordaré siempre".
Después de cuatro años de voluntariado, ¿qué aprendizajes personales y familiares sienten que les ha dejado esta decisión?
En lo personal hemos aprendido a valorar agradecer y compartir lo que Dios nos ha dado y reconocer la fuerza que existe en las personas en medio de las dificultades, como familia hemos aprendido a compartir y a dedicar tiempo para estas actividades, ya que las hemos realizado por la mañana. Y por la tarde nos vamos de paseo a compartir en familia, de igual forma, hemos servido de ejemplo para otras familias de involucrarse en este tipo de voluntariado hacia nuestra comunidad.
El voluntariado nos ha enseñado a escuchar, dar amor y regalar sonrisas, a dar sin esperar nada a cambio y recordar que cada pequeño gesto marca la diferencia en la vida de cada persona.
Si pudieran enviar un mensaje a otras parejas o familias que desean ayudar, pero aún no se animan, ¿qué les dirían desde su experiencia?
Como familia compartiríamos el siguiente consejo que es el segundo mandamiento de Dios que está en la biblia que dice: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo“. Y de esta forma nuestras bendiciones se multiplicarán y no pensar que porque en nuestro hogar lo tenemos todo como vida, familia, salud, alimento, trabajo y vivienda.
En un hospital existen personas luchando por su vida, por mejorar su salud y con una esperanza de salir lo más pronto de ese lugar y en una comunidad existen personas con necesidad de víveres, alimentos, medicinas, juguetes y de esta manera enseñamos a nuestros hijos a no ser indiferentes a los demás.
Los invitamos a ser parte de los voluntariados ya que no se necesita perfección, solo un corazón dispuesto a dar amor y la voluntad de servir a quienes más lo necesitan; en muchas ocasiones un pequeño paso es suficiente para generar un cambio que impacta positivamente hacia los demás y para toda la familia.