Premium
Exclusivo suscriptores
"Ha estado incrementando la grasa en el hígado, puede volverse graso, después puede llegar a una cirrosis y el síntoma que da es cuando usted ya está en un problema de cáncer”.
La advertencia llegó mientras los dos periodistas de EL HERALDO y LA PRENSA Premium estábamos sentados frente a un hombre vestido de azul dentro de uno de los cubículos de Nueva Med, una supuesta clínica ubicada en un reconocido centro comercial del bulevar Morazán, en Tegucigalpa.
Él no sabía que estábamos infiltrados, pero escuchamos atentos a los diagnósticos que nos dio luego de realizarnos un exámen tras poner una de nuestras manos sobre un dispositivo que arrojaba los resultados en la pantalla. No hubo muestras de sangre ni de laboratorio.
Nos habló de problemas en la circulación, después apareció la glucosa y luego el estómago. Minutos después el hígado y, por último, según el médico homeópata que nos atendió, una acumulación de grasa que podría ocasionar cáncer.
La lista de posibles enfermedades cada vez era mayor, pero nosotros seguíamos haciendo preguntas, mostrando preocupación, para comprobar de primera mano hasta dónde llegaba el engaño de la clínica.
Cinco
denuncias
en Protección al Consumidor se registran contra Nueva Med por personas que aseguran haber vivido experiencias similares a esta crónica
Todo comenzó unos días antes con una llamada telefónica. Nos dijeron que habíamos sido seleccionados (en un concurso en el que nunca participamos) para recibir una consulta y un examen gratuitos.
Nos proporcionaron un código y programamos la cita en Nueva Med. Dos periodistas de LA PRENSA Premium y EL HERALDO Plus decidimos ingresar de incógnito, haciéndonos pasar por una pareja, para documentar qué ocurre desde el primer contacto con la clínica hasta la eventual oferta y contratación de un tratamiento.
Desde que ingresamos, las recepcionistas nos tomaron los datos personales y nos comentaron que si mostramos nuestra tarjeta de crédito o débito podíamos participar en la rifa de una caminadora en diciembre de 2026.
Poco después, nos invitaron a tomar asiento, mientras esperábamos ser llamados a la consulta.
No habían pasado ni cinco minutos cuando apareció un hombre vestido de azul, tipo enfermero, quien se presentó ante nosotros y nos invitó a pasar a su cubículo, donde había, únicamente, un escritorio y una pesa.
Aun así, no nos pesó y tampoco nos midió la presión (siendo actividades básicas en una clínica), entonces la conversación comenzó con preguntas sobre nuestros antecedentes médicos, como las enfermedades, hábitos y tratamientos.
Sin indagar mucho, levantó un maletín negro que tenía en sus piernas y lo abrió para realizar el tan esperado examen.
Nos pidió colocar una mano sobre un sensor. El espacio tenía dibujada la silueta de una mano y, al entrar en contacto con nuestra piel, comenzó una cuenta regresiva de 60 segundos.
Mientras esperábamos, el hombre observaba la pantalla de su computadora, que permanecía fuera de nuestra vista, reflejando en su rostro preocupación.
“Hay problemas. Tenemos problemas de circulación, la grasa se está localizando en las venas y arterias”, comenzó diciendo. “Si usted deja que esto siga avanzando puede hacer una trombosis”, agregó.
Continuó diciendo que “en la parte gástrica, en la parte de lo que es la absorción y la peritonitis gástrica no está trabajando bien y que el contenido de grasa en el hígado se ha estado incrementando”.
"Puede volverse hígado graso, después puede llegar a ser una cirrosis y el síntoma que da es cuando usted ya está en un problema de cáncer”, agregó.
Luego de realizar el examen a ambos, el supuesto médico nos diagnosticó con prediabetes y resistencia a la insulina. También aseguró que la mayoría de las vitaminas de nuestro organismo están disminuyendo y que esto, a su vez, estaría afectando al cerebro.
“¿Les gustaría tener un tratamiento homeópata para mejorar estas alteraciones?”, preguntó. Ya había terminado la consulta gratis y lo que venía era la parte comercial del tratamiento natural.
El supuesto médico explicó que el primer paso es “limpiar” el organismo. Habló de desparasitar, desintoxicar y trabajar el hígado, los riñones y el sistema linfático. Ese proceso, nos dijo, tendría una duración de entre 20 y 30 días.
La propuesta incluía homeopatía, nutrición, psicología, sueroterapia y terapias neurales. En total, hablamos de aproximadamente cinco meses de tratamiento.
Preguntamos por los medicamentos y nos dijeron que eran varios; en el caso de la sueroterapia, nos explicaron que es intravenosa y que se aplica dentro de la clínica. Este es el mismo modus operandi que se detectó en Medisan, una clínica a la que el equipo de EL HERALDO y LA PRENSA Premium también se infiltró.
Todo parece estar diseñado para atender cada una de las alteraciones que, minutos antes, habían sido detectadas por el dispositivo.
Entonces uno de los periodistas hizo la pregunta inevitable: “¿Cuánto cuesta?”.
“No les puedo decir que es barato porque es mentira, pero hoy hay una campaña y cómo fueron invitados, esto les permite que puedan tener un descuento”, respondió.
El hombre tomó su lápiz y escribió sobre una hoja en blanco la cifra de L48,000, por persona.
“Si ustedes pagan en efectivo se les da el 40% de descuento, pero si pagan con tarjeta de crédito se les da el 30% de descuento”, dijo el supuesto médico, queriendo convencernos de tomar los tratamientos..
La consulta gratuita ya había concluido y, en un abrir y cerrar de ojos, pasamos a una propuesta comercial.
Nos dijeron que el precio todavía podía cambiar, pues llegamos mediante una campaña y que el código que recibimos permitía obtener un descuento de hasta 40%. Eso significaba que la cifra inicial caía a unos 28,800 lempiras por persona.
La conversación fue interrumpida por una fémina, que entró vestida también de azul. Dijo ser la jefa del supuesto médico.
Desde que ingresó comenzó a halagar a la paciente, sin saber que era una periodista infiltrada, buscando generar confianza. Después aseguró que podía mejorar el precio si realmente estábamos interesados y dispuestos a pagar en ese momento.
Empezó a consultar sobre las tarjetas de crédito que utilizábamos y los bancos de nuestra preferencia, entonces señaló que el mejor precio sería de L25,000 por persona a dos años, donde quedaría una mensualidad de L1,041. Pero ese crédito no nos lo daban en la clínica, sino que sugerían sacarlo con el banco.
Nos negamos, dijimos que teníamos varios compromisos y no podíamos pagarlo, entonces ella insistió y preguntó que “¿cuánto podemos pagar mensualmente?”
Los L25,000 habían desaparecido y parecía que el principal objetivo de la consulta era que no nos fuéramos de la clínica sin pagar cualquier monto.
“Es que hace poco compramos un carro y lo estamos pagando”, dijo uno de los periodistas.
“Sí, pero disfrútenlo con salud”, respondió la supuesta médico. “¿Cuánto es lo que puede pagar?”, le preguntó.
El periodista respondió que tendrían que pensarlo, a lo que ella contestó: “Yo sé lo que puedo pagar y lo que no puedo pagar, estimado. Todo se lo voy a dejar por 2 años, lo que yo voy bajando es el valor también. El valor y la cuota, todo le va a bajar”, indicó, queriendo convencernos.
La conversación ya había dejado de girar alrededor de nuestros supuestos padecimientos y empezaba a concentrarse en nuestra capacidad económica.
Nos explicaron que el financiamiento se realizaba mediante tarjetas bancarias y que no tendría intereses, pero insistimos en que no queremos aumentar nuestras deudas.
Les mencionamos que preferíamos conseguir el dinero en efectivo y regresar al establecimiento, entonces nos indicaron que la oferta corresponde a la campaña y que, aunque podemos regresar después, el precio sería nuevamente de 48,000 lempiras por persona.
Entonces nos propusieron hacer un intento de compra con una tarjeta para comprobar el cupo disponible y reservar la posibilidad de acceder al tratamiento.
Dijimos que íbamos a pensarlo. Como la mujer observó que había negación continua, comenzó a desafiar la masculinidad del periodista, en medio de una conversación en la que nos presentamos como pareja. “Y si lo dejamos a L520 mensual o ¿500 lempiras mensuales lo desestabilizan mensualmente?”, le preguntaba al periodista.
Habíamos llegado por una consulta gratuita y estábamos negociando una deuda. Ya el precio había bajado más del 70%, pero insistimos que salía de nuestro presupuesto.
Como nuestro objetivo era conocer el supuesto diagnóstico que nos hacían con un aparato sin sustento científico y la forma de operar, decidimos no contratar el tratamiento.
La mujer salió molesta del cubículo, mientras que el médico homeópata, con una sonrisa incómoda, nos despidió tras un apretón de manos.
Al salir, observamos al menos a tres personas adultas mayores sentadas, esperando entrar al cubículo a una consulta que supuestamente es gratis, pero que termina con una negociación económica y presiones por algo tan vulnerable e importante como lo es la salud.
Nuestra visita formó parte de una investigación de EL HERALDO y LA PRENSA Premium sobre el funcionamiento de Nueva Med, en Tegucigalpa. En el proceso, este medio documentó al menos cinco denuncias presentadas contra la clínica ante Protección al Consumidor, además de recopilar testimonios de personas que aseguraron haber vivido experiencias similares.