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Una mujer de 45 años colocó una de sus manos sobre un dispositivo y esperó unos minutos. No le extrajeron sangre, no le tomaron una muestra de orina y tampoco le realizaron una ecografía, una radiografía, una densitometría ósea ni un estudio cardiológico.
Sin embargo, minutos después recibió un informe de 128 páginas que advertía sobre posibles alteraciones en el hígado, el corazón, el cerebro, los pulmones, el aparato digestivo, los huesos, la piel y hasta el sistema ginecológico. “Prácticamente, me dijeron que ya me iba a morir, que necesitaba urgente el tratamiento que me ofrecían”, relató la mujer, que prefirió mantener el anonimato.
El equipo de LA PRENSA Premium y EL HERALDO Plus tuvo acceso al documento con los resultados. Para contrastar el supuesto informe médico, este equipo llevó a la paciente a un reconocido laboratorio en Tegucigalpa para que se sometiera a una serie de exámenes clínicos.
Del conjunto de pruebas se seleccionaron aquellas que podían ser verificadas mediante análisis de sangre y orina, ya que otros de los resultados atribuidos a la llamada “máquina cuántica” requerían estudios clínicos específicos de otro tipo.
De esta manera, se optó por contrastar los hallazgos más puntuales y generales que podían comprobarse mediante estas pruebas de laboratorio.
Algunos de los indicadores reportados por el dispositivo sí guardan relación con alteraciones que posteriormente aparecen en los análisis clínicos; sin embargo, estos resultados no reflejan el escenario alarmante que la paciente asegura que le fue presentado durante la consulta.
Los exámenes de laboratorio fueron realizados el 19 de agosto de 2026, casi diez meses después de recibir diagnósticos basados en la máquina cuántica (en octubre de 2025). La diferencia de tiempo obliga a tomar la comparación con cautela, pues no permite afirmar que una condición encontrada en agosto de 2026 necesariamente estuviera presente el año pasado. No obstante, la mujer aseguró que en ese lapso de tiempo no se sometió a ningún tratamiento, ni siquiera los indicados en Nueva Med.
Esto significa que si el dispositivo hubiera detectado en 2025 enfermedades o alteraciones importantes y la paciente no hubiese recibido tratamiento para ellas (tal como lo informó), sería razonable esperar que algunas de esas condiciones dejaran alguna huella más evidente o persistente en los análisis clínicos posteriores, dependiendo de la enfermedad y de su evolución.
Uno de los primeros resultados que llamó la atención corresponde a la función del hígado. La máquina cuántica de Nueva Med reportó un “contenido de grasa en el hígado” de 0.7, un valor superior al rango de referencia indicado en el propio informe, que va de 0.097 a 0.419.
El documento calificó esta medición como una “alteración severa” y la relacionó con hígado graso, también conocido como esteatosis hepática.
Posteriormente, la paciente se realizó análisis clínicos en un laboratorio. Las pruebas mostraron niveles elevados de las enzimas hepáticas AST y ALT, con valores de 48.8 y 58.1 U/L, respectivamente. Sin embargo, otros indicadores de la función hepática, como la bilirrubina y la fosfatasa alcalina, se encontraban dentro de los rangos de referencia establecidos por el laboratorio.
La diferencia es importante. Aunque los niveles elevados de estas enzimas pueden llevar a los médicos a investigar el estado del hígado, por sí solos no confirman la presencia de hígado graso, señalaron algunos expertos.
Otro punto es que en el examen de sangre salieron anomalías, que la máquina cuántica no identificó. Por ejemplo, el colesterol total, en la máquina la paciente obtuvo un valor de 1.869, dentro del rango normal de 1.833 - 2.979.
Sin embargo, en el análisis de sangre obtuvo un valor levemente alto de 202 mg/dL, cuando el normal es hasta 200 mg/dL, aunque el LDL fue de 98 mg/dL y el HDL de 56 mg/dL (favorables).
"Un poquito elevadas las transaminasas (pruebas de función hepática y lsa grasas, pero nada de gravedad. Que la paciente disminuya las comidas grasosas, que coma más verduras y pollo o pescado a la plancha y eso se normaliza", señaló al respecto el exviceministro de Salud, José Manuel Matheu, cuando este equipo de investigación le pidió revisar los resultados del laboratorio clínico.
La diferencia se hace más evidente cuando se llega a la glucosa, ya que el dispositivo cuántico reportó un coeficiente de glucosa en sangre de 4.533 dentro de su propio rango y un coeficiente de secreción de insulina de 2.931, ligeramente por debajo del rango que establece el informe.
El laboratorio clínico, por su parte, encontró una glucosa en ayuno de 83 mg/dL y una insulina de 10.1 µU/mL, ambas dentro de los rangos de referencia. Pero también encontró una hemoglobina glucosilada, HbA1c, de 6.5%, un resultado que se encuentra en el umbral utilizado para diabetes y que requiere valoración y confirmación médica.
El caso también muestra un contraste en el análisis de orina. Aunque el dispositivo reportó sus indicadores de proteinuria y BUN dentro de los respectivos rangos de referencia, sin realizar un análisis de una muestra de orina, las pruebas de laboratorio también encontraron valores de creatinina, BUN y urea dentro de los parámetros establecidos. Además, las proteínas en orina fueron negativas.
Sin embargo, el análisis de laboratorio sí detectó un hallazgo relevante: sangre oculta positiva en la orina, acompañada de entre 18 y 22 eritrocitos por campo. Ese resultado no significa que la paciente padezca una enfermedad renal, aunque constituye un hallazgo clínico que también merece valoración.
Y son precisamente esas diferencias las que se multiplican a lo largo de las 128 páginas. El propio informe contiene, al final, una advertencia. Dice que “los resultados del análisis son para referencia solamente”, pese a eso, la paciente prácticamente fue diagnosticada y hasta recibió tratamientos.