De Honduras, la mayoría de migrantes que hace el tortuoso viaje

Decenas de familias hondureñas deciden partir a EUA aún sabiendo que se exponen a un sinfín de peligros como climas extremos, robos, secuestros y la muerte.

Decenas de centroamericanos al llegar a un puesto de control después de cruzar la frontera en Roma, Texas.
Decenas de centroamericanos al llegar a un puesto de control después de cruzar la frontera en Roma, Texas. /

El Paso, Texas.

El verdadero drama del sueño americano está al llegar a la delgada línea entre el desconcierto y la esperanza.

No hay mejor definición para los hechos sin precedentes que se cuentan, se viven y fotografían cada día y cada noche desde que arrancó 2021, en varios puntos de los 3,200 kilómetros de frontera entre México y Estados Unidos.

Los protagonistas de estas historias tienen muchas cosas en común: la gran mayoría son hondureños, decidieron dejar lo poco que tenían atrás y partir en familia con niños hasta recién nacidos. Viajan expuestos a un sinfín de situaciones como delincuencia, secuestros, las inclemencias del clima, los accidentes, la falta de dinero y a la represión por invadir un país que no es el suyo.

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Alentados por las ganas de superarse y ante flagelos como la falta de empleo, o la pérdida de sus pertenencias tras las tormentas tropicales que hicieron estragos en noviembre de 2020, e incluso, por la idea vaga que pintan las caravanas, de que podrán atravesar Guatemala y México sin problemas, decenas han emprendido el tortuoso viaje.

Los números son duros y fríos, pero escalofriantes por descomunales.

Hace un par de semanas la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos puso el dedo en la llaga de un problema que involucra a medio continente.

La cantidad de migrantes detenidos en la frontera sur de Estados Unidos subió 71% en marzo con respecto al mes anterior, para un total de 172,331 personas -un máximo en 15 años- y con un fuerte aumento de los menores no acompañados.

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Y para acrecentar el drama, el número de menores no acompañados registró un aumento de 100% en un mes, al sumar más de 18,000 niños, de acuerdo con los datos de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos (CBP).

Las cifras en la frontera “han estado al alza desde abril de 2020 debido a razones que incluyen la violencia, los desastres naturales, la inseguridad alimentaria y la pobreza en México y en los países del Triángulo Norte de América Central”, indicó la patrulla fronteriza.

Pero febrero no fue menos crudo: unos 100,000 inmigrantes indocumentados fueron detenidos por la CBP tras ingresar por la frontera con México, una cifra que no se veía desde mediados de 2019, antes de la pandemia.

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Al llegar al río Grande, los migrantes enfrentan dos destinos: o son detenidos y deportados a sus países, o reciben un permiso para adentrarse a Estados Unidos con la advertencia de que deben comparecer a un juicio de deportación.

México, por su parte, da cuenta de sus propios dramas.

El Instituto Nacional de Migración (INM) reportó que, entre el 1 de enero y el 21 de marzo cruzaron el país 31,492 personas migrantes, lo que representa un aumento del 18% respecto al mismo periodo de 2020.

Los que expulsan y los que pasan.

Según los registros estadounidenses, el 60% de los arrestados en la frontera en marzo, un total de 103,900, fueron expulsados inmediatamente en virtud del llamado “Título 42”, una medida amparada en la pandemia de la covid-19 que se instauró bajo el Gobierno del expresidente Donald Trump y que Biden ha mantenido en pie.

Esa norma permite a Estados Unidos expulsar inmediatamente a los adultos que viajan solos y las familias con niños mayores de siete años.


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Al llegar al río Grande, los migrantes enfrentan dos destinos: o son detenidos y deportados a sus países, o reciben un permiso para adentrarse a Estados Unidos con la advertencia de que deben comparecer a un juicio de deportación.

En marzo, el 28 % de los afectados por el “Título 42” ya habían cruzado antes la frontera y habían sido deportados bajo la misma medida, según los datos.

Datos del Observatorio Consular y Migratorio de Honduras (Conmigho) señalan que desde Estados Unidos han sido deportados al país hasta el 11 de abril apenas 1,726 hondureños. De ellos, 1,638 son hombres, 72 mujeres, además de 16 menores que iban solos. La gran mayoría de repatriados los envió México, un total de 11,130, de los que 10,070 son hombres y 1,060 mujeres y 869 menores.

Respecto a los más pequeños que llegaron solos, la cifra de 18,890 supera el anterior récord marcado en mayo de 2019, que era de 11,475; y está también muy por encima del máximo de 10,620 alcanzado en junio de 2014, en pleno auge de la crisis migratoria que ocupó ese año al Gobierno del expresidente Barack Obama.

El Ejecutivo de Biden ha recibido críticas porque muchos menores que han cruzado la frontera se han quedado más tiempo del permitido por ley en centros de detención gestionados por la CBP, que no están diseñados para niños. De los 18,890 menores solos detenidos en marzo, 15,843 procedían del Triángulo Norte de Centroamérica, entre ellos 8,366 de Guatemala, 5,907 de Honduras y 1,570 de El Salvador; mientras que 2,452 eran mexicanos y otros 595, de otras nacionalidades.

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Al llegar al río Grande, los migrantes enfrentan dos destinos: o son detenidos y deportados a sus países, o reciben un permiso para adentrarse a Estados Unidos con la advertencia de que deben comparecer a un juicio de deportación.

Los que son arrestados por la Patrulla Fronteriza porque se entregan al cruzar el río Grande o porque son descubiertos por los agentes tienen un largo camino por delante. Agentes de la Patrulla Fronteriza les toman sus huellas digitales, registran sus datos y luego los liberan en una clínica donde deben hacerse un test de covid-19.

De ahí caminan a refugios como Humanitarian Respite Center en McAllen, donde parientes allá, los reclaman y les mandan incluso para los pasajes. A partir de allí, tienen 60 días para reportarse ante una oficina de la policía migratoria (ICE) o se “enfrentan una deportación”, advierte un documento que les entregan. Esta opción es la tabla de salvación de muchos que se adentran al país como nuevos ilegales.

La Prensa