La población sampedrana continúa denunciando la inundación de residuos sólidos que por toneladas cubren bulevares, medianas, avenidas, solares baldíos, calles, ríos, bordos, lo que, además de constituir una amenaza directa y letal contra la salud, obstaculiza el transitar de peatones y vehículos, atenta contra la higiene y el ornato citadino, generando olores fétidos tanto en verano como en invierno.
Estamos cotidianamente expuestos a contaminantes diversos: sónicos, atmosféricos, provocados por el transporte público, industrias, basureros, sustancias químicas que se filtran en aguas y suelos.
La Municipalidad no está cumpliendo con una de sus funciones básicas, que es mantener una ciudad limpia.
Adicionalmente, también quienes habitamos este centro urbano -el más importante del país junto a la capital- debemos contribuir, más allá de las quejas públicas, a la limpieza urbana, con ello dando un ejemplo cívico de involucramiento en temáticas que a todos y todas nos competen y afectan.
Las y los educadores desempeñan un papel esencial en tal propósito mediante campañas de prevención entre su alumnado, lo que irá forjando una conciencia ambientalista en la niñez y juventud, futuros ciudadanos que en relevo generacional asumirán los destinos del gobierno local. La higiene individual y grupal constituye un punto de partida para el manejo y procesamiento de las basuras. El derecho a un ambiente sano se enlaza directamente con otros derechos fundamentales: a la vida y a la salud, lo que está consignado en la Declaración sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo.
A todas y todos por igual debe preocuparnos la creciente degradación y contaminación de nuestro hogar común, que obliga a asumir un sentido de responsabilidad individual y colectiva.
Cuando nos visitan distintas delegaciones internacionales, sean diplomáticas, empresariales, culturales, y recorren la ciudad, la primera impresión que captan es el estado de abandono que ahoga a nuestra ciudad. Se llevan consigo imágenes negativas que corresponden totalmente a la realidad imperante, comentando la inacción, indiferencia, falta de interés por el bien colectivo tanto de sus autoridades como de pobladores.
Distintas comunidades hondureñas reclaman el respeto a la calidad de vida, lo que incluye el preservar los distintos recursos naturales: aguas, bosques, flora, fauna, biodiversidad, estableciendo alianzas locales con sus alcaldías, compartiendo así objetivos comunes de cara a los desafíos ambientales y a un desarrollo humano sostenible e integral. Reciclar las basuras sólidas constituye una alternativa generadora de ingresos, siendo una inversión rentable, además de contribuir a reducir la degradación social y ambiental. Toda acción que se haga debe contar con el apoyo de toda la sociedad, teniendo como norte que la tarea del ciudadano de a pie es fundamental en el proceso de construir y convivir en la ciudad que queremos y soñamos. El tener una San Pedro Sula limpia o asquerosa está en nuestras manos.