La central hidroeléctrica Francisco Morazán, más conocida como El Cajón, experimenta un progresivo deterioro en su infraestructura, desde maquinaria hasta viviendas, evidenciando la ausencia del necesario mantenimiento preventivo, que periódicamente debe verificar el estado óptimo de las instalaciones mecánicas, fabricadas en el exterior y de alto costo en su reparación, incluyendo turbinas.
Tras realizar investigaciones y entrevistas “in situ”, el colega diario El Heraldo y su equipo Plus han concluido que se da un conflicto de competencias y funciones entre el personal técnico y el administrativo, lo que provoca caos respecto a que área le compete tal o cual trabajo.
Adicionalmente, el Centro Nacional de Capacitación Técnica (Cenacapt) ha sido reducido en el número de personal, lo que afecta la dotación de repuestos, además del mantenimiento, que ahora se limita al de carácter provisional, inmediato, paliativo.
Por otro lado, un elemento legal, la Ley de Contratación del Estado impide la toma de decisiones si antes no se ha cumplido con trámites engorrosos y complejos que consumen tiempo y bloquean iniciativas de carácter urgente.
La excesiva centralización concentra autoridad en los mandos superiores ubicados en la capital, disposición que prolonga la adopción de decisiones regionales y locales, con el consiguiente creciente deterioro, elevando costos.
Las condiciones de las viviendas en los campamentos representan un atentado contra la salud y seguridad del personal: prácticamente se encuentran ya no habitables tanto por su deterioro como por condiciones climáticas de humedad.
Una reingeniería integral, funcional, es requerida en la que estén claramente delineadas y definidas funciones, atribuciones, competencias, evitando duplicidades y traslapes.
Se está a la espera de que el Tribunal Superior de Cuentas intervenga definiendo las funciones de la dirección administrativa de la represa Francisco Morazán, adicional a la auditoría a ser realizada por el ente contralor.
El tiempo avanza aceleradamente, la inercia, apatía, indiferencia constituyen factores negativos en perjuicio del mayor activo que tiene nuestro país para la generación de energía limpia.
De persistir el actual inmovilismo y fricciones en la estructura burocrática, Honduras corre el peligro de quedar progresivamente paralizada.
Un carácter de urgencia debe reemplazar de inmediato a la falsa creencia que todo marcha con normalidad óptima.
Siendo un país extremadamente pobre, con dramáticas desigualdades en ingresos y oportunidades, altamente endeudado, despilfarramos fondos escasos, tanto por actos graves de corrupción con la consiguiente impunidad, como por el derroche de fondos públicos, incluyendo el deterioro material de equipos y maquinarias de propiedad pública que carecen del debido mantenimiento.
Tal lamentable situación ocurre también en centros hospitalarios, en aeronaves y automotores -con los consiguientes accidentes y pérdidas en vidas-, además de suceder en plantas de generación de energía, temática del presente editorial.