Maniqueísmo y reduccionismo

  • Actualizado: 29 de enero de 2025 a las 00:00 -

Agendas y posicionamientos vacíos de contenido caracterizan las estériles polémicas que están utilizando mutuamente tanto el partido político en el poder como los de oposición, ignorando los grandes temas que afectan diariamente a nuestros compatriotas, tanto los que residimos en nuestra patria como los que viven en el exterior.

Desempleo, extorsión, inflación, devaluación monetaria, inseguridad de las personas y sus bienes, corrupción, inminentes deportaciones masivas de nuestros migrantes, crisis en el abastecimiento de medicinas en los hospitales y centros de salud públicos, escasez de mano de obra en las ciudades y áreas rurales, entre otras temáticas puntuales, no son abordadas, para concentrarse en virulentos ataques personales cargados de odio, con espíritu revanchista, que revelan desconocimiento de lo verdaderamente relevante en nuestras existencias cotidianas. Las y los inmersos en el activismo político, no precisamente de altura, continúan inmerso en sus respectivas maquinaciones y maniobras para desacreditar y calumniar al rival, percibido como enemigo a muerte.

Utilizan retorica ofensiva, incoherente, visceral y no cerebral, vacía de propuestas serias, factibles, realistas, reemplazadas por la demagogia y la diatriba, soez y procaz en ocasiones.

No es casual, entonces, la alienación, rechazo e indiferencia con que la ciudadanía percibe a tirios y troyanos, a montescos y capuletos, cuando lo que interesa es el diario subsistir, las estrategias de búsqueda de oportunidades laborales para poder llevar alimento, vestuario, útiles escolares a nuestras hijas e hijos, el evitar ser asaltado y agredido dentro y fuera del hogar.

De manera oportuna, el sacerdote jesuita Ismael Moreno (Padre Melo) afirma: “Cuanto mas compleja es la realidad, más levantamos trincheras”, que para las mayorías son irrelevantes, al no abordar y analizar las realidades sociales, económicas, educativas que nos afectan día tras día, noche tras noche, que nos golpean y acorralan.

Los distintos llamados de atención y reflexión por parte de la jerarquía de la Iglesia Católica y de la sociedad civil organizada han sido en vano, no son escuchados, menos tomados en cuenta por quienes están cegados por la ambición de poder, bien para retenerlo, bien para recuperarlo.

Preocupa sobremanera, siendo este un año político y electoral, que los niveles de conflictividad y tensión, incertidumbre y violencia, lejos de desaparecer sigan creciendo, en una espiral y un laberinto sin salida. Iniciemos este 2.025 con honorables y urgentes rectificaciones cívicas, cuando aún hay tiempo, antes que sea ya demasiado tarde.

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