Cada 3 de mayo se recuerda esta fecha, que conmemora un derecho humano fundamental e inalienable de la humanidad: el poder tener acceso irrestricto a la información, sea en formato escrito, digital, oral, televisivo de manera confiable y verídica.
Diversas constituciones políticas la han incorporado en sus textos. Empero, en la práctica cotidiana es vulnerada, sobre todo por los Gobiernos, cuando se generan noticias críticas y denuncias debidamente respaldadas por parte de los medios independientes, tras exhaustivas investigaciones previas que permiten total credibilidad en sus contenidos.
El papa León XIV recién ha denunciado las violaciones reiteradas, que van en línea ascendente, al igual que el asesinato de comunicadores.
“Lamentablemente, este derecho es a menudo violado y a veces de un modo flagrante y otras oculto”, fueron sus palabras textuales, solidarizándose con quienes sufren acosos, persecuciones, cárcel, destierro, muerte por ejercer su noble profesión de manera verídica, fiel, consecuente con la ética y con sus lectores y audiencias, a sabiendas de que ello implica represalias de diverso tipo, cuando se cuestiona al poder arbitrario, que prefiere el silencio cómplice o cuando menos el maquillaje de las informaciones, temiéndole a la verdad y la crítica constructiva.Nuestro país no es una excepción.
El pasado registra humillaciones, calabozos, exilios. Basta con recordar a los periodistas Juan Ramón Molina, condenado a trabajos forzados en la carretera del sur; a Paulino Valladares, confinado en la mazmorra de la fortaleza de Omoa; Salatiel Rosales y Abel García Cálix, deportados al exterior; Medardo Mejía y Alfonso Guillén Zelaya marchándose al exilio, y Ventura Ramos, Pompeyo del Valle, Ramón Amaya Amador debiendo abandonar su trabajo por razones de seguridad. Agréguese el homicidio perpetrado a muchos otros colegas que, en la mayoría de casos, han quedado en total y absoluta impunidad.
El compromiso con la verdad y la opinión pública es lo que motiva a los comunicadores a no ceder ni claudicar ante las múltiples presiones recibidas para guarecerse en el cómodo y lucrativo silencio cómplice.También los propietarios de medios son objeto de hostigamientos diversos, particularmente en lo económico, al suprimir franquicias aduaneras, confiscación de la edición diaria, creando sindicatos paralelos. Nuestros colegas nicaragüenses conocen en carne viva tales chantajes tanto durante la época somocista como la actual.
La solidaridad pública expresada por el Pontífice es objeto de gratitud por nuestra parte, ya que su autoridad moral se extiende por el mundo influyendo en la humanidad, en gobernantes, que no pueden ignorarla, y en gobernados, que le dan la bienvenida.
Los Gobiernos autoritarios le temen a la formación y consolidación de una opinión pública ilustrada, con capacidad crítica y analítica, que sepa diferenciar entre noticias veraces y manipuladas, entre verdades y falsedades, con objetividad y criterio propio. Y son los medios independientes, sin nexos con el poder político, los que contribuyen a fortalecerla, razón por la que están en la mira del oficialismo para atemorizarla y eventualmente silenciarla.