Hoy se está conmemorando tanto el Día del Idioma como de su expresión, sea en formato impreso o digital: la palabra escrita. En el continente calificado “de los siete colores”, en feliz metáfora del intelectual colombiano German Arciniegas, los pobladores del Hemisferio Occidental -desde Alaska a la Patagonia- se comunican entre sí utilizando centenares de lenguas, tanto nativas como extracontinentales: europeas y de raíces africanas, comprobando la extraordinaria riqueza lingüística del Nuevo Mundo.
Algunas se han constituido en mayoritarias desde el punto de vista del número de personas que las emplean diariamente: el español y el inglés, hablados y escritos por millones de personas, aun si no son sus lenguas maternas.
En Honduras coexisten tanto el primero como otros idiomas, empleados en la vida cotidiana por minorías desde el punto de vista étnico: indígenas y garífunas, que corren el peligro eventual de su extinción, si las generaciones jóvenes desisten de emplearlas como parte esencial de sus respectivas identidades culturales colectivas, lo que requiere de formar mayor número de docentes pertenecientes a tales grupos étnicos, además de la publicación de libros y cartillas en dichos idiomas.
El saber expresarse -tanto verbal como por escrito- de manera fluida permite la consolidación y riqueza de nuestro léxico, por cuanto se alcanza el poder manifestarse de manera clara y precisa. Para alcanzar tal propósito se requiere reforzar cotidianamente nuestro vocabulario mediante la lectura, tanto de autores nacionales como foráneos.
De no practicar tan valioso hábito conduce a un retroceso en nuestra capacidad expresiva con nuestros semejantes.
La impresión y distribución masiva de libros, a precios accesibles, constituye un medio ideal para la consolidación de las cosmovisiones colectivas del mundo y de la vida, de la trayectoria y recorrido de las colectividades a lo largo del tiempo, en procesos formativos de las identidades locales, regionales y nacionales.
Conocer y valorar los orígenes y evolución de una nación hace posible el poder compartir valores comunes: culturales, históricos, estéticos, apuntalando de esa manera un sentimiento de patria compartida, de unidad dentro de la diversidad.
Honduras es un país multicultural y pluriétnico, lo que lejos de ser negado debe ser resaltado como testimonio de nuestro patrimonio que nos permite el poseer una personalidad propia, distintiva, diversa.
Para ello, tanto la Secretaría de Cultura como las librerías, centros educativos públicos y privados, academias, editoriales, deben coordinar esfuerzos y actividades para difundir dentro y fuera de la república a nuestros valores intelectuales en las diversas disciplinas humanísticas.
Las campañas alfabetizadoras deben continuar hasta poder alcanzar que el cien por ciento de nuestros compatriotas, de cualquier edad y condición socioeconómica, puedan leer y escribir, dejando atrás las tinieblas del analfabetismo, que aíslan e inhiben de lograr desarrollar una personalidad integral, plena.