Todos los intentos por preservar este pulmón natural, el más extenso y diverso en flora y fauna, tanto en nuestro país como en el resto de Centroamérica, resultan neutralizados ante la avalancha de personas que penetran en sus bosques, los talan para convertir los frágiles suelos en pastizales para cría de ganado y cultivos de subsistencia, ilegalmente construyendo carreteras y caminos de penetración, con ello destruyendo cada vez más este patrimonio común de la humanidad, así designado por la UNESCO.
Su deterioro es progresivo e inexorable por parte de ganaderos y campesinos que ilegalmente toman posesión de extensas áreas pese a saber que es de propiedad de la nación.
Adicionalmente se ha constituido en refugio de narcotraficantes que ponen en riesgo letal a sus pobladores originales, los pueblos Pech, Tawahka, Miskitu y Garífuna.
Esta destrucción masiva ha motivado a dirigentes de tales etnias a reunirse recientemente en la capital a efecto de alertar al gobierno central respecto al deterioro crítico de esta maravilla natural, en donde se ubican vestigios arqueológicos de sus ancestros, objeto de saqueo por parte de traficantes para su venta en el exterior.
La presencia de un resguardo de las Fuerzas Armadas, ignoramos si con carácter ocasional o permanente, no ha sido efectiva para que los invasores se adentren más y más, ya no solo en la zona de amortiguamiento, sino también en el núcleo de la biosfera.
La magnitud de la destrucción de nuestros bosques es tal que ya equivale al área total del departamento de Colón, por ahora. Tal daño ecológico continuará de manera sistemática hasta convertir a Honduras en área desértica y estéril.
No solo en áreas rurales, también en centros urbanos se evidencia la implacable tala de árboles.
En San Pedro Sula, los vecinos de Jardines del Valle han denunciado que en dicha zona se cortaron aproximadamente veinte caobas. Algo similar está sucediendo en otros puntos citadinos: la avenida de Circunvalación, Stibys, entre otros, constituyendo un crimen ambiental, sin que la Corporación Municipal haya divulgado algún estudio de impacto ambiental, el tipo de árboles talados y la justificación para tal masiva destrucción de la flora.
Ello ha obligado tanto a la Fiscalía Especial del Medio Ambiente como al Instituto de Conservación Forestal (ICF) a investigar de oficio lo que está ocurriendo.
La creciente escasez de agua y el incremento en la temperatura, además del hostigamiento, cuando no, el asesinato de ambientalistas, son apenas algunas consecuencias de tales irracionales y lesivas prácticas autodestructivas, generalmente impunes.
Es urgente que la sociedad hondureña despierte en defensa de nuestros recursos naturales. No podemos quedarnos impávidos ante la magnitud de este problema, que no solo es de las autoridades que nos gobiernan. Es un problema en el que debemos involucrar a toda la población.