Las cifras divulgadas por el Instituto Nacional de Estadística (INE) confirman la percepción colectiva en el sentido de que la crisis sistémica que abate a nuestro país tiende a agudizarse, lo que no puede ni debe ser soslayado por el actual Gobierno, obligado a generar fuentes masivas de empleo, lo que también corresponde a la empresa privada, si se crean las condiciones propicias para ello.
Ello requiere de garantizar plenamente la seguridad de las personas y sus bienes, modernizar la actual infraestructura obsoleta en el rubro carretero, energético, portuario, transformar los actuales planes de estudio orientados hacia lo teórico, no a lo pragmático, empleando metodologías en la enseñanza-aprendizaje centradas en la memorización, no en el análisis e interpretación de datos, marginando el énfasis en la iniciativa personal y grupal como herramienta analítica para la resolución de problemáticas, los engorrosos trámites burocráticos que inducen al soborno a fin de agilizarlos. La precariedad laboral, el crecimiento del sector informal de la economía son evidencia objetiva de este drama. A nivel nacional, más de 1.8 millones de compatriotas se encuentran sin trabajo o con empleo precario.
Durante 2025, más de 211,000 hondureños y hondureñas se encontraban sin empleo, 1.6 millones con empleos precarios que apenas permiten subsistir. La desocupación afecta más a la juventud de entre 19 a 29 años, constituyendo 45% de los 211,000 desocupados en tal rango etario.
La desocupación -el principal problema en el mercado laboral- es mayor en mujeres: el 56% con casi 118,000 féminas. La tasa de desocupación en ellas es del 6.8%, superior a la masculina, de 3.7%. Respecto a la subocupación se subdivide en quienes laboran menos de 40 horas semanales pero desearían poder trabajar más, y quienes pese a laborar 40 horas o más a la semana devengan ingresos por debajo del salario mínimo promedio mensual del sector en el que se desempeñan y recientemente concertado entre capital y trabajo, incluyendo a los empleados temporales.
Ingresar al sector informal de la economía crece exponencialmente. Tal como confirma el presidente de la Cámara de Comercio e Industrias de Cortés (CCIC), Karim Qubain, “las personas no están en la informalidad porque quieren, sino porque no hay alternativa”, calculándose que entre el 70% a 80% de la fuerza laboral opera en esta categoría, sin acceso a la seguridad social, contratos formales y de prestaciones consignadas en la legislación.
Angustia, desesperación, frustración, estados depresivos, impotencia, resentimiento son patologías mentales omnipresentes en quienes se sienten abandonados y marginados por la sociedad. Crecen la violencia, mendicidad, prostitución, delincuencia, ruptura del tejido familiar, migración del campo a las urbes o al exterior, lo que agrava todavía más una potencial explosiva y latente realidad. En lo ambiental, la tala de bosques provoca mayor escasez de agua, incremento en las temperaturas, sequías, hambrunas colectivas, con impactos directos en la salud y calidad de vida de la población, de por sí sumida en vulnerabilidad, tanto en zonas urbanas como rurales. El incremento de precios en el petróleo y sus derivados constituye el tiro de gracia para un mayor agravamiento de la condición humana en el mundo y nuestra patria, presentando nuevos retos para los Estados y Gobiernos del primer y tercer mundo.