Así comenzó noviembre, con la fatídica cifra de cinco millones de fallecidos en el mundo desde el 11 de marzo del 2020 cuando la Organización Mundial de la Salud declaró al coronavirus como pandemia. América registra la mayor parte de esos decesos y de los contagios que ya sobrepasan los 250 millones, concentrados en grandes proporciones en Estados Unidos, India, Brasil, Reino Unido y Rusia. “La mejor manera de honrar a los cinco millones de vidas perdidas es hacer realidad la igual distribución de vacunas, aumentando nuestros esfuerzos y asegurándonos de que la vigilancia es máxima, con el fin de poder vencer a este virus”, volvió a advertir António Guterres, secretario general de Naciones Unidas. Esos cinco millones de muertos, dijo, son un claro aviso de que “no podemos bajar la guardia, que continúa el riesgo de que nuevas variantes se extiendan y cuesten más vidas”.

Al ritmo que va la vacunación se espera que para diciembre al menos el 40% de la población mundial total esté completamente vacunada, mientras que para mediados de 2022 sea al menos el 70% los inoculados. La vacunación debe combinarse con la vigilancia y las medidas que han probado ser eficaces como el uso de mascarillas o el distanciamiento social, ha insistido la ONU en su último comunicado sobre la pandemia.

En Honduras superamos los 10,300 muertos, de acuerdo con el último dato del Sistema Nacional de Gestión de Riesgos (Sinager), con 7,000 de esos decesos registrados este año. Y sí, se dice rápido, pero es un número doloroso que ha marcado a miles de familias, con demasiadas historias que nos cuesta asimilar en tan poco tiempo, en 20 meses, poco más de año y medio. Una noticia tan dramática como saber que todavía tenemos dos millones 800 mil hondureños que no se han vacunado contra el virus. La buena noticia es que cerca de tres millones ya se aplicaron la segunda dosis de la vacuna anticovid-19 y más de cuatro millones se han aplicado al menos una dosis de los siete millones aptos para vacunarse.

Con justa razón las autoridades han expresado su preocupación por esa enorme cantidad de ciudadanos -el 40% de la población- que no han atendido las campañas de inoculación, un comportamiento que ya sabemos los pone en riesgo y aumenta los daños que sufre el país. La que queda, dicen, es la “pandemia de los no vacunados”, de la gente que simplemente no quiere hacerlo, los reacios que ya están viendo restringidos sus derechos en muchos países que han tomado medidas porque está probado que bajos índices de vacunación resultan en altas tasas de mortalidad.