Cae la noche en Toncontín y amanece en Palmerola. Para muchos, nostalgia y tristeza tras la larga, agitada y no bien valorada historia del aeropuerto de la capital mientras que el optimismo, reflejado en múltiples declaraciones, el futuro prometedor y el camino hacia la prosperidad abren sus puertas en la zona central con la anunciada próxima llegada del primer vuelo internacional.

En el ocaso, con mucho que relatar para que las generaciones venideras lo escuchen y valoren, queda el aeropuerto de la capital al que se le busca operatividad para destinos nacionales y vuelos privados, de manera que sea un aeródromo con posibilidades de uso seguro para viajes con destinos cercanos. Y con el traslado de operaciones a Palmerola, la capital resentirá un duro golpe al empleo de centenares de familias con actividad laboral con el eje en Toncontín.

Todo lo nuevo genera expectativas, multiplica los elogios y empuja a ver con optimismo el más allá. Las instalaciones de la terminal aérea de Comayagua no son la excepción. Tecnología de última generación es la expresión más utilizada al referirse al equipo y las instalaciones, de manera que a la seguridad que proporcionan las condiciones topográficas, se une lo más moderno en el campo de la aeronáutica.

Pero no todo es miel sobre hojuelas, pues es necesario disponer y mantener las vías de acercamiento a la terminal de manera que el viaje por carretera sea seguro y rápido, particularmente desde Tegucigalpa. En otros países existen puentes aéreos, es decir, servicio con aeronaves que vuelan no en horario, sino por número de pasajeros.

Falta también considerar el factor humano, pues aquello de inteligencia artificial, última generación y otros avances ultratecnológicos tienen el núcleo en la inteligencia y capacitación de las personas, así como su profesionalismo. Y estas son palabras mayores que deben permanecer en primer plano, pues el turismo y otras actividades de la economía local y nacional dependen de la conducta de los responsables de la moderna terminal.

Se ha preparado al personal para garantizar la seguridad de las operaciones, pero es necesario no olvidarse del personal que atiende a los viajeros para agilizar el paso tanto de salida como de entrada. Las filas no desaparecerán, pero permanecer en ellas es tedioso, proporciona una mala imagen e irrita a los pasajeros. Que este amanecer en Palmerola sea luminoso y presagie una brillante y larga historia que contribuya a mejorar la imagen de nuestro país y a valorar más lo bueno que tenemos en Honduras.