El hospital San Isidro, ubicado en Tocoa, Colón, principal centro asistencial del Bajo Aguán, atraviesa una situación de calamidad. La precariedad ha alcanzado niveles extremos, al punto de que el personal de enfermería se ve obligado a utilizar bolsas plásticas para atender a los pacientes, ante la falta de guantes quirúrgicos.
La carencia no se limita a ese insumo. Personal del centro hospitalario denunció que tampoco cuentan con materiales básicos para la atención primaria, como jeringas, gasas, algodón y esparadrapo, además de la escasez de reactivos de laboratorio.
“A veces nosotros tenemos que comprar los insumos”, lamentó Jorge Jiménez, coordinador de laboratorio del hospital, al evidenciar que en algunas ocasiones el personal de salud asume con recursos propios la compra de materiales indispensables.
“Es preocupante porque los pacientes se molestan con el personal que los está atendiendo, y es normal, porque el paciente viene por atención y que se le diga que no hay, es difícil”, añadió Jiménez.
Laboratorios paralizados y cirugías canceladas
La falta de reactivos y el deterioro del equipo han dejado a la población sin acceso a exámenes médicos vitales. Según explicó Jiménez, el laboratorio actualmente no realiza pruebas de creatinina, bilirrubina, cultivos, antígenos prostáticos, tiroides ni electrolitos, entre otros análisis fundamentales.
“Se nos dañó un aparato y no hay reactivos”, recordó el coordinador, situación que obliga a los pacientes a recurrir a laboratorios privados, una alternativa inaccesible para muchos, debido a sus limitaciones económicas.
Esta crisis también ha provocado la cancelación de cirugías programadas, poniendo en riesgo la vida de pacientes que llegan no solo desde el departamento de Colón, sino también desde zonas remotas del país, como Gracias a Dios.
Las dificultades se extienden incluso al área de alimentación del hospital. De acuerdo con las denuncias internas, el presupuesto destinado a la cocina es casi inexistente.
“Ya ni tortillas quieren dar a los pacientes. Como empleados, vamos a tener que comer solo arroz y frijoles”, señalaron fuentes del centro asistencial.
El personal también reportó un ambiente de tensión y hostilidad, ya que los pacientes, frustrados por la falta de atención y de insumos, suelen desquitar su enojo con los trabajadores de salud.
“Es normal que el paciente se moleste; ellos vienen por atención y que se les diga que ‘no hay’ es preocupante”, reiteró Jiménez.
Llamado a las autoridades
Finalmente, los empleados lanzaron fuertes críticas a la gestión gubernamental, al asegurar que en lugar de soluciones han recibido represalias.
“Este gobierno debe salir por la puerta del frente y no por la de atrás. Las autoridades no quisieron escuchar, solo tuvimos persecución”, expresó el personal en un llamado desesperado para que se intervenga de manera inmediata el hospital.