Fue en junio de 1536 cuando el conquistador Pedro de Alvarado derrotó al Señor del río Ulúa, cacique Cicumba, quien residía en Ticamaya, y que el lugarteniente de Hernán Cortés, una vez victorioso, procedió al repartimiento de los pueblos y tierras indígenas entre sus tropas de acuerdo a su rango militar. Originalmente fue designada como Villa del Señor Sant Pedro de Puerto Caballos, contiguo al poblado indígena de Choloma.
Su favorable posición geográfica hizo de San Pedro la sede política, religiosa y económica del área de influencia de Puerto Caballos, actual Puerto Cortés, conectadas por un camino real, lo que facilitó el ataque de piratas en 1595.
Las condiciones climáticas no resultaban atractivas para un mayor poblamiento de hispanos, al punto que registró un descenso demográfico y su despoblamiento después del 1600.
En 1867-1868 llegaron migrantes procedentes del sur estadounidenses asentados en el sitio bautizado Medina, en honor del presidente José María Medina.
La construcción del proyectado Ferrocarril Interoceánico, entre 1867 a 1870, desde Puerto Cortés al Golfo de Fonseca no se concretó por actos de corrupción, empero el tramo que llegó a San Pedro Sula con terminal en Pimienta y Potrerillos facilitó la exportación de bienes hacia los mercados compradores estadounidenses y europeos.
El crecimiento demográfico, debido a migraciones del interior del país y del exterior, su expansión comercial, la fertilidad del valle de Sula, fueron progresivamente dinamizando este centro urbano, lo que motivó la creación del departamento de Cortés en 1893.
Desde la primera década del siglo XX, el cultivo del banano, iniciado originalmente en Islas de la Bahía por finqueros independientes, se expandió a tierra firme, llegando a constituirse en el principal producto agrícola de exportación de Honduras, con capitales y tecnologías introducidas por empresas multinacionales estadounidenses, implementando el sistema de plantación que enlazaba las fincas con los puertos vía líneas ferroviarias, que contribuyeron a la expansión urbana.
Paralelamente fue creciendo el proletariado, integrado tanto por hondureños como por obreros procedentes de las islas antillanas y de El Salvador, e igualmente por sectores medios dedicados al ejercicio profesional y comercial.
La alianza entre capitalistas y obreros ha permitido la construcción de un polo de desarrollo impresionante que ha logrado superar tanto crisis sociales y políticas como desastres naturales.
Con el paso del tiempo, nuestra ciudad ha ido creciendo, inicialmente de manera lenta, de una aldea escasamente poblada a una metrópolis. Diversos estímulos, tanto internos como externos, fueron dinamizándola.
Hoy, nuestra ciudad es el motor de la actividad financiera, industrial y comercial de Honduras, aportando más ingresos al erario nacional que cualquier otra ciudad.
El crecimiento poblacional e infraestructural conlleva crecientes problemas sociales y ambientales que deben ser enfrentados con decisión y capacidad administrativa para que la planificación impida una expansión urbana sin control.
Salud, sampedranas y sampedranos, por nacimiento y por adopción.