Una gira con pocos resultados

La visita del presidente hondureño a Mar-a-Lago, fuera de los canales oficiales de Estado, dejó más señales de subordinación que de acuerdos concretos, en un contexto marcado por la ofensiva migratoria y comercial de Donald Trump.

Este 7 de febrero de 2026, el presidente de Honduras fue recibido por el presidente Trump en Mar-a-Lago. Un sitio inusual porque no es la sede del Ejecutivo, sino la Casa Blanca.

Días antes de la toma de posesión, el presidente Asfura hizo una gira por los Estados Unidos, pero no fue recibido por Trump, muy a pesar de que su discutido triunfo en las elecciones se debió a una intervención del mandatario norteamericano.

Según La Prensa (6/2/26), Trump no recibió a Asfura en Florida en su calidad de presidente. Fue un encuentro privado, no de jefes de Estado.

La agenda de Asfura, migración y comercio, estaba a contrapelo con las políticas de Trump, comprometido con la expulsión de los migrantes, señalados como delincuentes, y el rescate de la economía.

Para ser congruente con la promesa de Trump de zafarse de los migrantes, desde el primer día de su administración comenzó una cacería de migrantes, entre ellos los hondureños.

Honduras ha recibido una buena cantidad de deportados y muchos hondureños en EUA huyen de la migra.

Las protestas no han parado las acciones de Trump para cazar migrantes y expulsarlos.

Trump difícilmente acceda a aliviar la situación de los migrantes hondureños o a que el TPS sea rehabilitado. No ofreció respuestas concretas.

En este ambiente de persecución y violencia contra los migrantes, Trump amenaza nuevamente con que va a terminar con la migración ilegal porque es una de las medidas con las cuales pretende volver a Estados Unidos al esplendor que impresionó a la pobreza de América Latina con el consabido sueño americano.

La otra circunstancia por la cual Trump negó importancia a la visita de Asfura y su comitiva es porque ahora está con la papa caliente de la posible guerra contra Irán y las otras situaciones conflictivas que lo enfrentan con los países aliados (Canadá, México, Dinamarca y la Unión Europea) y otros adversarios, más los peligros de una destitución que ponen en riesgo la continuidad de su mandato.

En el comercio de Honduras con Estados Unidos, otro de los temas del mandatario hondureño en su agenda, es muy poco probable que obtenga concesiones importantes, o al menos, la posibilidad de un comercio mutuamente ventajoso.

La política de Trump para relanzar la economía norteamericana es la aplicación de aranceles y el retorno de las inversiones en el extranjero de tal manera que no estará en la disposición de complacer las peticiones de Honduras.

Las relaciones comerciales de Honduras con Estados Unidos no son fundamentales para Trump porque los flujos de los negocios no representan cifras sustantivas debido a la precariedad de la empresa privada hondureña que no exporta y no ha aprovechado las condiciones de exenciones fiscales para impulsar un verdadero desarrollo industrial y productivo en el país.

Gran parte de PBI no proviene de las exportaciones sino de las remesas.

Hay algo que no podemos dejar pasar por alto en las relaciones de Honduras con los Estados Unidos: no son justas, se trata de negocios entre la potencia y el subdesarrollo.

Y, tal como se ha visto en el actuar de Trump, que no ha valorado adecuadamente a grandes amigos de Estados Unidos como México, Canadá, la Unión Europea, Brasil y la misma Argentina, es lógico que con nuestra debilidad económica y la sumisión del gobierno lo que resulta de esta visita informal son condiciones impuestas que nos hundirán cada vez más en la dependencia.

Trump más bien aceptó su intervención ilegal en las elecciones hondureñas: las ganó Asfura, tras mi firme apoyo y fue gran honor apoyar su campaña presidencial, aseveró.

Al mismo tiempo reafirma su decisión de deportar a todos los migrantes ilegales.

No habrá ferrocarril, porque sería una competencia al Canal de Panamá, que Trump aspira a devolverlo a la soberanía gringa.

Según el balance de Asfura, solo regresó con promesas y exigencias de revisar la legislación hondureña para acomodarla a los intereses de Trump.

Insistir en que EUA es nuestro socio principal no deja de ser una obsesión caduca si observamos que para Trump no hay amigos sino intereses, y que los resultados de esa amistad de larga data no son consoladores.

Existen otros amigos en el mundo.

El camino no es poner los huevos en una sola canasta sino diversificar nuestras relaciones para asegurar el progreso, la estabilidad económica y la consolidación de la democracia.

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