Roatán frena la marea de sargazo y confía en que el viento lo aleje

En menos de cinco días, las playas más emblemáticas de la isla pasaron de estar teñidas de marrón por una oleada de algas, a volver a lucir su famoso azul. Detrás del fenómeno hay cambios climáticos, corrientes alteradas y un impacto directo en el turismo, la salud y los arrecifes. ¿Seguirá llegando?, esto avista biologa isleña

Roatán frena la marea de sargazo y confía en que el viento lo aleje
  • Actualizado: 10 de febrero de 2026 a las 23:00 /
San Pedro Sula, Cortés

Las postales turquesas de Roatán, esas que durante décadas han vendido el paraíso hondureño al mundo, hace unos días amanecieron de otro color. Un marrón espeso e irregular que invadió las playas que han sido sinónimo de exclusividad y descanso.

En cuestión de días, zonas como West End y West Bay, el corazón turístico de la isla, amanecieron atestadas por alfombras de sargazo, dejando atónitos a cientos de turistas que llegaron a descansar atraídos por el mar apacible y su inigualable azul.

Gracias a esfuerzos de las cadenas de hoteles en la zona más exclusiva de la isla, al esfuerzo municipal y de las Fuerzas Armadas, que puso a disposición cuadrillas y maquinaria, el sargazo que tiñó de café el mar y la playa, de momento ya no está en esa zona.

¿El sargazo es una amenaza para el arrecife hondureño?

Ante las preguntas de qué pasará y si se volverá a repetir, los expertos no tienen claridad ni respuestas ante un fenómeno que se agrava cada vez más y que es tan impredecible como las corrientes marinas mismas o el propio viento.

La bióloga isleña Engellie Mejía lo resume sin rodeos: el sargazo se mueve como una “alfombra flotante”, y basta un cambio en la dirección del viento para que zonas que antes estaban protegidas reciban el impacto directo.

Lo que ocurre en Roatán no es un fenómeno aislado. Desde 2011, el Caribe vive la peor invasión de sargazo registrada en la historia reciente, una marea marrón que ya ha golpeado con fuerza a destinos como la Riviera Maya en México, donde se reportaron pérdidas millonarias y una caída en la ocupación hotelera durante los picos de arribazón.

Los turistas disfrutaron ayer de la belleza de la isla de Roatán.

El paraíso bajo una alfombra marrón

En las últimas semanas, el alga se acumuló en grandes cantidades en West End y West Bay, dos de las zonas más fotografiadas y promocionadas de Honduras. Pero el problema no termina ahí.

Reportes de pobladores también dieron cuenta de manchas en Sandy Bay, Camp Bay y Punta Gorda, e incluso de una franja de sargazo que se extiende desde Roatán hacia las cercanías de los Cayos Cochinos.

Muchas zonas aún no se limpian, y en otras, así como el sargazo llegó, también se fue. Para una isla cuya economía depende casi por completo del turismo, el impacto fue inmediato: cancelaciones de reservaciones, menos clientes en restaurantes, tours marítimos suspendidos y costos adicionales para la limpieza de playas.

No obstante, la reacción también fue oportuna. El alcalde Ron McNab dijo que entre más sargazo se saca, más llega. “La esperanza que tenemos es que cambien los vientos, para poder retirar los restos, limpiar lo que quede de la costa y volver a la normalidad”, expuso.

McNab añadió que lo que queda es conformar un plan de contingencias, ante la posibilidad de más arribos. Pedirá también apoyo gubernamental de entidades como Recursos Naturales. Pero con el sargazo no se trata solo de dinero.

Una de las formas de eliminar el sargazo es extraerlo con maquinaria o enterrarlo en la arena para acelerar su descomposición.

Un problema que también se respira... y se pudre

Cuando el sargazo se acumula y empieza a podrirse, libera gases como el sulfuro de hidrógeno, responsable del característico olor a huevo podrido.

Ese gas puede provocar dolor de cabeza, mareos, irritación en ojos y garganta, náuseas y complicaciones en personas con asma. El riesgo es mayor para quienes trabajan en la limpieza de playas o pasan largas horas cerca de las acumulaciones.

Además, el sargazo funciona como una esponja natural que absorbe metales pesados durante su recorrido por el océano.

Al descomponerse, puede liberar contaminantes como arsénico, cadmio, plomo y mercurio, que terminan entrando en la cadena alimentaria marina.Por eso, los especialistas recomiendan no bañarse en aguas cubiertas de sargazo.

Turistas ayer disfrutaron de las aguas cristalinas de Roatán.

En condiciones normales, el sargazo no es un enemigo. En mar abierto, es un ecosistema flotante que sirve de refugio a peces juveniles, camarones y otras especies.

El problema surge cuando llega en cantidades masivas a las costas.

Al acumularse, bloquea la luz solar y afecta corales y pastos marinos, reduce el oxígeno del agua al descomponerse, genera zonas sin oxígeno que provocan mortandad de especies.Además, libera gases tóxicos y altera la dinámica de las playas, compartió en sus redes sociales, la Fundación Cayos Cochinos, que ha compartido información educativa al público.

Además, libera gases tóxicos y altera la dinámica de las playas, compartió en sus redes sociales, la Fundación Cayos Cochinos, que ha compartido información educativa al público.

En ese sentido, Antal Börcsök, director del Centro de Investigaciones Marinas de Tela (Tela Marine Research Center), señaló que Tela, que también tiene arrecifes y depende del turismo, está creando un fondo para retirar de manera inmediata el sargazo en caso de que invadiera su franja costera.

“Estamos viendo si podemos hacer un fondo de emergencia para que ya esté aprobado por la corporación específicamente para la limpieza de sargazo cuando haya un evento de este tipo”, manifestó.

Este municipio, en la playa de El Triunfo de la Cruz, fue de los primeros en recibir arribazones. Según Börcsök el sargazo no impacta negativamente en los arrecifes y considera que afecta más la actividad ’turística, puesto que, además de provocar un paisaje desalentado.

La biológa Engellie Mejía se ha encargado de brindar charlas educativas sobre el impacto del sargazo.

En el Caribe mexicano, donde se ubica la Riviera Maya, el impacto económico del sargazo sigue siendo millonario. Estudios citados por organismos oficiales y reportes académicos señalan que el costo de limpieza y afectaciones económicas supera los 120 millones de dólares anuales en la región, especialmente en destinos turísticos como Cancún, Playa del Carmen y Tulum, donde el turismo, la pesca y las actividades recreativas son los sectores más golpeados.

A escala del Caribe, informes vinculados al Banco Mundial y estudios científicos indican que la gestión del sargazo cuesta más de 120 millones de dólares al año solo en operaciones de limpieza, sin contar las pérdidas indirectas en turismo, pesca y empleo, lo que convierte a esta macroalga en uno de los impactos económicos costeros más costosos asociados al cambio climático en la región tropical del Atlántico.

40%

de los corales

en algunas zonas del Caribe mexicano se han perdido en los últimos años, un deterioro asociado, entre otros factores, a la llegada masiva de sargazo que bloquea la luz, reduce el oxígeno del agua y acelera la muerte de los arrecifes.

Si los arrecifes mueren, no solo desaparece la biodiversidad: también se pierde la barrera natural que protege las costas de la erosión y de las olas durante tormentas y huracanes.

Sobre las causas, expertos hablan sin tapujos de un cóctel climático y humano, es decir, no hay una sola causa.

El crecimiento explosivo del sargazo es el resultado de varios factores que se han combinado en los últimos años, por ejemplo, cambios en las corrientes oceánicas por el calentamiento global así como aumento de la temperatura del agua, que acelera su reproducción.

Descargas de fertilizantes desde grandes ríos como el Amazonas y el Mississippi, incluso el polvo del Sahara cargado de nutrientes que fertiliza el océano son teorías analizadas, que ya pocos consideran descabelladas.

Hoy, el sargazo puede duplicar su biomasa en apenas 11 días, cuando antes tardaba hasta 50. Es una explosión biológica alimentada por el cambio climático y la actividad humana.

Roatán frena la marea de sargazo y confía en que el viento lo aleje

Una lucha desigual contra el mar

En Roatán, la respuesta ha sido inmediata, pero limitada.

Las jornadas de limpieza manual se repiten cada día. El alga se entierra en la playa o se traslada al relleno sanitario, una solución temporal que no resuelve el problema de fondo.

“Todo esfuerzo ayuda, pero no cambia el comportamiento del alga”, advierte Mejía.

La limpieza constante evita que el sargazo se descomponga en la orilla y libere gases tóxicos, pero no detiene las nuevas oleadas.

Para la bióloga, el país necesita dar un salto: maquinaria especializada, acuerdos internacionales y tecnología para procesar el sargazo a escala industrial.

Porque las cantidades, advierte, podrían ser cada vez mayores.

Nadie puede decir con certeza cuánto durará esta crisis.

Lo que sí es claro es el patrón: cada año se registran mayores volúmenes y playas que antes no se veían afectadas ahora reciben el impacto directo.

En concreto, Mejía respondió a la pregunta sobre ¿cuánto más puede durar este fenómeno?

"No sabemos con certeza. Ya que cada año se van encontrando en cantidades mas abundantes. Este año en la isla de Roatán se reportó en West Bay con cantidades exageradas cosa que no se vio en años previos. Lo que se puede prever que para algunas playas de las islas se tendrán años muy intensos, años moderados y algunos años relativamente tranquilos tomando en referencia los cambios en los patrones oceanográficos".

Roatán, la vitrina turística de Honduras, podría enfrentar temporadas intensas, otras moderadas y algunas tranquilas, dependiendo de los caprichos de las corrientes y los vientos.

Pero el fenómeno ya dejó de ser una rareza. Se ha convertido en una nueva normalidad del Caribe.

Engellie Mejía creció en Coxen Hole. De niña, recuerda el sargazo enredado entre los manglares, como parte del paisaje natural.

Nunca imaginó que un día cubriría las playas más turísticas de la isla.

Hoy, participa en jornadas de limpieza, da talleres y convoca a empresas y comunidades a actuar.

“Este es un problema que nos afecta a todos. No debemos esperar convocatorias. Hay que actuar de inmediato”, dice.

Y lanza una advertencia que suena más a diagnóstico de país que a comentario técnico:

El sargazo ya está aquí.Y el verano, con sus turistas, también está a la vuelta de la esquina.

Elaboración propia vía Notebook LM
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Jessica Figueroa
Jessica Figueroa
jessica.figueroa@laprensa.hn

Periodista de investigación, editora y cronista. Con 22 años en el periodismo escrito y multimedia. Con subespecialidades en diseño y edición gráfica e inteligencia artificial.