Una Cuaresma que nos despierte

“La Cuaresma, nos recuerda el Santo Padre, no es una costumbre litúrgica más, sino una oportunidad real de conversión”

  • Actualizado: 19 de febrero de 2026 a las 10:15 -

En tiempos donde todos opinan y pocos escuchan, donde la palabra se usa más para atacar que para construir, el mensaje de Cuaresma 2026 del papa León XIV llega como una llamada clara y contracultural: escuchar y ayunar. No es un eslogan piadoso. Es una propuesta directa al corazón de nuestra crisis espiritual y social.

La Cuaresma, nos recuerda el Santo Padre, no es una costumbre litúrgica más, sino una oportunidad real de conversión. Y toda conversión comienza por desplazar algo del centro para volver a colocar allí a Dios.

El problema es evidente: vivimos descentrados. Dispersos entre preocupaciones, estímulos constantes y discusiones interminables, hemos perdido el hábito de la interioridad.Por eso, la primera invitación del mensaje es escuchar. No simplemente oír, sino dar espacio. Escuchar la palabra de Dios en la liturgia. Escuchar la realidad. Escuchar el clamor de quienes sufren.

El papa nos recuerda que Dios mismo se revela como Aquel que ha “oído el grito” de su pueblo oprimido (Cfr. Ex 3,7). La historia de la salvación comienza con una escucha atenta. Tal vez nuestra renovación personal y social también deba empezar ahí. Escuchar implica detenerse. Supone humildad. Exige renunciar a la autosuficiencia. Y eso, en una cultura que premia la inmediatez y la reacción impulsiva, resulta profundamente revolucionario. Solo quien aprende a escuchar puede responder con justicia y compasión.

La segunda invitación es ayunar. Pero no reducida a un formalismo de privación alimenticia. El ayuno, bien entendido, nos confronta con nuestros apetitos desordenados. Nos hace conscientes de aquello que consideramos indispensable y nos ayuda a redescubrir qué es lo esencial. Es una disciplina que educa el deseo y lo orienta hacia Dios y hacia el bien. Sin embargo, León XIV propone un ayuno particularmente urgente: abstenerse de palabras que hieren.

En una sociedad polarizada, donde el lenguaje se ha convertido en arma despiadada, esta invitación es profundamente actual. El juicio fácil, la calumnia, el comentario sarcástico, el ataque en redes sociales, el rumor que destruye reputaciones... todo eso también necesita conversión. “Desarmar el lenguaje”, como sugiere el papa, podría ser uno de los mayores gestos cuaresmales de nuestro tiempo.

Imaginar una familia, una comunidad o incluso un país donde las palabras no humillen, sino construyan, no dividan, sino acerquen, no propaguen odio, sino esperanza, no es ingenuidad; es apostar por una civilización más humana.

Además, el mensaje subraya que la conversión no es un asunto meramente individual. También nuestras comunidades eclesiales y nuestra sociedad están llamadas a revisar su estilo de relación, su calidad de diálogo y su sensibilidad ante el sufrimiento de los más vulnerables.

Esta Cuaresma puede pasar sin dejarnos huella, como una temporada más en el calendario religioso. O puede convertirse en un punto de inflexión. Escuchar de verdad. Ayunar de lo que nos endurece. Ordenar nuestros deseos. Medir nuestras palabras.

El Santo Padre ha puesto el diagnóstico sobre la mesa.Ahora la pregunta es personal y directa: ¿seguiremos hablando más de lo que escuchamos o nos atreveremos a comenzar por el silencio que transforma?

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