Nuevamente llegó el mes de la patria.
Es tiempo de ir a la bodega a desempolvar la caja que guarda el sentimiento patrio. Es hora de ir a despertar a Morazán, Valle, Herrera, Cabañas y todos los demás que participaron en la gesta de la Independencia.
Este es el mes de escuchar el Himno Nacional todos los días, varias veces al día, por las radios y televisoras. Es el mes de izar la bandera en centros educativos y en actos oficiales, aunque no se ponen de acuerdo sobre cuál de las dos banderas.
Este es el único mes en que vemos a los políticos literalmente ponerse la mano en el pecho cuando entonan el Himno.
Es el mes de los desfiles cívicos del 15 de septiembre en todo el país. Este año estará deslucido porque las bandas de guerra de los colegios moderarán sus interpretaciones: nada de reguetón o similares. Y las palillonas tendrán que vestirse más recatadamente. Esa fue la ordenanza. No habrá paracaidistas del Ejército. Le quitaron a la gente el morbo de los desfiles. Este año no obligaron a todos los colegios a desfilar; por lo menos, esos padres de familia se evitarán el gasto en esos uniformes de fantasía.
Habrá pompa y elegancia en los actos oficiales. Discursos emotivos sobre los próceres y sobre la necesidad de ser buenos patriotas. Trajes y vestidos elegantes, relojes de lujo, joyas a cual más brillantes. Sonrisas hipócritas congeladas, saludos con la mano a manera de perdonavidas. Seguramente, también banquetes con platillos finos, licores y vinos de la mejor calidad, conversaciones fútiles y huecas.
¿Y todo esto para qué? Es una farsa.
El patriotismo es el amor, respeto y compromiso que una persona siente hacia su país o tierra natal (o adoptiva). Es algo que el individuo aprende a valorar en el transcurso de su vida, pero que debe ser inculcado por el ejemplo de los líderes políticos, religiosos y empresariales de cada país. Y aquí eso brilla por su ausencia. Aquí lo que han creado es antipatriotismo con sus actuaciones. El partido Libre en el Congreso es un ejemplo de esto, creando anarquía, porque solo pueden argüir con violencia, no con palabras.
Mientras tanto, Shin Fujiyama y su organización One Thousand Schools llevan construidas ya 115 escuelas. Ha hecho más que cualquier ciudadano de cualquier sector de la sociedad. En 2024 corrió aproximadamente 3,000 kilómetros para recaudar fondos para la construcción de las escuelas a manera de donaciones, iniciando desde Reynosa, México, hasta Honduras.
La travesía duró 106 días y en varias ocasiones tuvo que ser atendido en clínicas por deshidratación.
La última escuela entregada fue en Umru, La Mosquitia. Un paraje aislado y remoto al que solo se accede por mar o avión, además de un trayecto de seis horas en lancha por un río. La mayoría no sabíamos que existía en el mapa hasta ahora. Y allí se fue a vivir mientras se construía la escuela. Pasó penurias, enjambres de zancudos de día y de noche, viviendo en tiendas de campaña, comiendo granos básicos, sin energía eléctrica, sin agua potable.
Y todavía algunos le cuestionaron por el dizque alto costo de la obra.
Él no es hondureño, pero sí es patriota, no como esos de saco y corbata que mueven los hilos oscuros de la política.
Sí, este es el mes de la patria. Saquemos las banderas. Aunque aquí su tono de azul nos divide. ¡Qué cosas...!