La desinformación en elecciones no desaparece con solo desmentirla. Aunque se expongan los hechos, ciertas narrativas falsas vuelven a circular en cada proceso electoral, adaptándose a nuevos contextos.
Este fenómeno es la base de la Teoría del Reflujo de la Desinformación, que explica cómo las fake news, una vez instaladas en la opinión pública, no solo persisten, sino que resurgen con más fuerza, influenciadas por los medios, la psicología colectiva y el entorno social.
Presenté esta teoría, que sigo desarrollando con rigor científico, en el evento “Desmontando la Desinformación, Procesos Electorales e IA”, organizado por Diario La Prensa y El Heraldo, medios pioneros en el uso de inteligencia artificial para fortalecer la información electoral.
El reflujo de la desinformación se evidencia en distintos contextos políticos. Un caso de estudio es la influencia de los familiares de migrantes hondureños en elecciones de Estados Unidos.
Narrativas falsas sobre políticas migratorias y fraudes cruzan fronteras y se propagan en comunidades hispanas. Aunque sean desmentidas, resurgen en cada elección con nuevos matices, afectando el voto migrante.
En Honduras, el ciclo se repite. Las mismas narrativas de fraude resurgen en cada elección, reforzadas por la agenda setting, que define qué temas dominan el debate público. A esto se suma el efecto halo, que transforma la desconfianza en un sesgo que hace más creíbles las noticias falsas.
La espiral del silencio refuerza este fenómeno: muchos ciudadanos prefieren callar antes que contradecir una narrativa ampliamente aceptada. Los factores psicológicos y cognitivos alimentan este ciclo. La ilusión de verdad hace que una mentira repetida muchas veces termine percibiéndose como real.
El sesgo de disponibilidad provoca que la gente recuerde más la información viralizada. En tiempos de incertidumbre política, las personas buscan confirmar sus creencias previas, facilitando la permanencia de fake news en cada elección.
Para frenar este fenómeno, la inteligencia artificial es clave. Algoritmos de monitoreo detectan patrones en tiempo real, sistemas de fact-checking automatizados desmienten narrativas falsas y modelos predictivos anticipan qué fake news podrían reaparecer en futuras elecciones. Entender este ciclo es esencial para limitar su impacto y fortalecer la democracia.