Ser y parecer

La coherencia entre lo que se piensa, se dice y se hace se vuelve esencial en una sociedad donde los roles cambian, pero los valores no deberían hacerlo.

  • Actualizado: 13 de enero de 2026 a las 23:50 -

Sin duda que los seres humanos vamos por la vida desempeñando una serie de roles que nos obligan a actuar de forma sutilmente diversa según el ambiente en que nos desenvolvemos y de acuerdo con las personas que nos rodean. No nos comportamos igual cuando estamos en la intimidad del hogar que cuando estamos en el lugar de trabajo o cuando departimos con los amigos en un clima de confianza y de relax. La espontaneidad es una actitud que puede resultar conveniente, o no resultarlo, dependiendo de si estamos en la casa o si estamos en la oficina, por ejemplo.

Lo anterior, por supuesto, no significa que vamos a vivir en un proceso permanente de desdoblamiento de personalidades, pero sí que es necesario que aprendamos a comportarnos de acuerdo con las circunstancias o el contexto en que nos desenvolvamos. El lenguaje que se usa en las relaciones familiares o en un grupo de amigos podría no ser adecuado en el trato formal o en el día a día con los colegas. Igual sucede con la ropa que usamos o las posturas que asumimos mientras hablamos o trabajamos con los demás.

Claro está, repito, no es que vayamos de máscara en máscara, o que pretendamos ser lo que no somos, pero sí que sepamos respetar unas normas de cortesía que facilitan la convivencia y que denotan esa elegancia que debe prevalecer en el trato entre las personas y que hoy tanto se echa de menos.

Esta capacidad de moverse natural e inteligentemente según el rol que nos toca desempeñar, el lugar en el que estamos y la gente que nos rodea, exige una coherencia entre lo que pensamos, lo que decimos y lo que hacemos, de modo que, siendo la misma persona, profesando los mismos valores, marchemos por el mundo viviendo eso que se llama “unidad de vida”.

Lo que no vale es actuar de manera diversa según lo que nos convenga, comportarnos taimadamente haciéndonos los “vivos”, como decimos en Honduras, o padecer una suerte de “esquizofrenia”, con todo respeto para los que padecen esta enfermedad, o ser como los camaleones que se mimetizan con el ambiente para no resultar detectados.

Si hay algo que debe valorarse en el momento en que estamos viviendo es la integridad, el ser hombres y mujeres de una sola pieza, personas que vamos de frente y que no bailamos al son que nos tocan, sino al que sabemos es el correcto.

Se trata de ser y de parecer. Lo otro es propio de los canallas, de los sinvergüenzas, de los que buscan quedar bien para sacar ventajas. Y esto último es poco ético y bastante penoso.

Te gustó este artículo, compártelo
Últimas Noticias