Las Fuerzas Armadas (FF.AA.) creadas para garantizar los derechos de los Estados ante el Poder Federal, pronto se convirtieron en fracciones “empistoladas” para defender a los gobernantes de sus enemigos internos. Hasta el gobierno de Carías solo la Fuerza Aérea era centralizada. El Ejército estaba disperso, bajo la dirección de 17 “correligionarios” suyos, que le protegían de cualquier levantamiento popular. En 1969 había solo tres batallones para enfrentar a los salvadoreños. Los defensores de occidente fueron reclutados apuradamente, poco entrenados que incluso lucharon juntos sin conocerse siquiera de vista. El III Batallón de Infantería fue colocado en la retaguardia y bajo la dirección de quien no era su comandante natural, haciendo un mal papel. El II Batallón estuvo en Marcala. Exitoso fue el I Batallón.
Hasta 1954, eran “gordos coroneles” con pistola invicta, incapaz para correr huyendo de un bombardeo. Al ministro de “Guerra y Marina” de Gálvez le apodaban “espada virgen”.
En 1954 se reorganizaron para librar una guerra internacional. Bajo el liderazgo de los Estados Unidos. En caso de conflicto por el Canal de Panamá, tienen que combatir al lado de los gringos para defenderlo. A cambio la doctrina militar hondureña se basa en que, ante amenaza externa, nuestra seguridad está en manos de Estados Unidos. En 1969 cuando El Salvador invadió Honduras, el mando militar creyó que Estados Unidos impediría que El Salvador ejecutara su plan invasor. Cuando descubrieron que no era así, fue doloroso. Y tarde.
La guerra de Ucrania y la extracción de Maduro confirman que las FF.AA. no sirven para enfrentar a Estados Unidos. El equipo ruso y chino no se maneja solo. El embajador ruso dijo que el problema no fue el equipo, sino que la incapacidad de los venezolanos para manejarlo. No tiene la razón. La tecnología estadounidense silenció los radares, anulando la capacidad de respuesta de las tropas venezolanas.
De acuerdo con estas experiencias -y que confirma la incapacidad de Rusia para someter a Ucrania- hay que replantearse la doctrina militar. El gobierno de Xiomara ha demostrado la fragilidad para permitir que su oficialidad pueda ser cooptada por un partido político. Y usada para implicarla en acciones delincuenciales comunes y contrarias a la soberanía popular. Por ello urge revisar todo el sistema educativo militar, enfatizando en el perfil del oficial democrático que queremos formar. También hay que revisar la existencia de Honduras, identificando los enemigos, los retos y formas de reaccionar. Anticipando la capacidad para que el pueblo participe en la guerra, sin cuya participación es difícil la defensa. Los recursos para defendernos hay que encuadrarlos en las amenazas cercanas: El Salvador como primer peligro. En el Caribe una disputa con Belice y Jamaica, aunque lejana no debe ser descartada.
Ucrania ha enseñado cómo se maneja una guerra contra vecinos. Tenemos que entender que pese a nuestros errores Nicaragua no es el adversario. En caso que Estados Unidos confronte con ellos tendremos que ir al frente y pelear, aunque no nos guste. Los nicaragüenses saben bien de estos dilemas. Ucrania ha podido defenderse por las alianzas logradas y el apoyo de los Estados Unidos.
Confirmándose que la guerra terrestre no es el eje de la defensa, sino que la aviación -especialmente la no tripulada- y los misiles de corto alcance que en Centroamérica solo tiene Nicaragua. Y los drones. Los F-5 están inoperables porque Estados Unidos no confía en nosotros. El Salvador ha recibido más apoyo militar de Estados Unidos.
Es necesario entonces replantearnos las cosas, nivelar fuerzas y mejorar la capacidad naval para librar una guerra en los tres frentes: terrestre, aéreo y marítimo. Y reconquistar la confianza de Estados Unidos. ¿Es contradictorio? Creemos que no.
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