Sandra Ramírez y la tercera edad

Una denuncia sobre el supuesto trato a profesionales de la tercera edad en el Registro de la Propiedad de San Pedro Sula plantea cuestionamientos sobre la atención preferencial y el cumplimiento de las normas

Varios colegas, compañeros de aulas en la Unah, me escriben desde San Pedro Sula, denunciando el comportamiento de Sandra Ramírez.

Es la directora del Registro de la Propiedad. De repente, el registro más activo de todo el país, después de Tegucigalpa.

La característica de su gestión es, en términos generales, de menosprecio a los colegas de la tercera edad. Totalmente irrespetuoso. Es ilegal.

En todos los lugares, públicos o privados, se les dispensa consideración especial a los miembros de la tercera edad. Esto no es un regalo. Es, más bien, un reconocimiento a los que han servido más tiempo a los intereses del país, contribuyendo con su trabajo y dedicación al bien común.

Y lo que se les da es preferencia en el servicio, mediante filas especiales que Sandra Ramírez ha suprimido arbitrariamente.

Los colegas que se han quejado tienen la obligación -fruto de su trabajo notarial- de ir a recoger las escrituras inscritas. Aquí empieza el martirio.

Tienen que estar en la fila con los más jóvenes. Y cuando llegan a la ventanilla, si tienen 10 escrituras, les dan tres y deben volver a la cola, seguir la fila, para que les den otras tres.

Y así, en un terrible ejercicio de lo que Kafka ilustró en “El proceso”. Hay que armarse de paciencia, me dicen.

Y cuando reclamamos el cumplimiento de la ley, dicen que Sandra Ramírez solo tiene un jefe: Jorge Cálix. Que este atiende en Tegucigalpa.

Que hagan fila y vayan a plantearle al diputado liberal sus quejas y lamentos.

Como en todo, anda la política; el juicio de algunos colegas se tiñe de color partidario.

“Yo voté por Nasralla, creyendo que las cosas cambiarían. Nunca imaginé que me negaran derechos que la ley me concede. Ahora estamos peor que antes”.

Como los colegas son de confianza, les ofrecí que en Abriendo Brecha atenderíamos la denuncia. Que me escribieran.

Uno de ellos lo hizo. Rodrigo Wong Arévalo, que entendió la queja, pasó la denuncia.

No tengo información de si Sandra Ramírez escucha el noticiero más influyente del país. Si es joven y no simpatiza con los viejos, como parece, es probable que no se haya enterado.

Esa es la razón para escribir estas notas. Con las que quiero rechazar el comportamiento anormal de violar la ley, irrespetar las reglas de la convivencia y negarle a los compatriotas de la tercera edad el respeto que se merecen.

Con Jorge Cálix, pese a su militancia y aspiraciones políticas, solo una vez lo he saludado. En los Estados Unidos.

Fue muy apresurado. Me dijo: “Espero que nos veamos en Tegucigalpa”. No hemos coincidido en ningún lugar, tampoco me ha llamado.

Yo, de la misma manera, no he necesitado y no necesito hablarle.

Ahora lo menciono porque se trata de un asunto público en donde él tiene responsabilidades. Y porque, según me informan, la registradora titular del Registro de la Propiedad de SPS solo atiende las órdenes de Cálix. Y de nadie más.

Espero que Jorge Cálix lea este artículo. El que le haré llegar el día que salga. Y si no reacciona, lo llamaré por teléfono.

No se trata de obstinación o terquedad. Es que rechazo las injusticias con los más débiles.

No comparto la idea de que ser viejo sea un pecado. Más bien, considero que es una prueba de calidad para sobrevivir y ser de la tercera edad en una sociedad tan frágil e insegura como la hondureña.

Antes espero que Sandra Ramírez reaccione y rectifique. Los cargos son para servir, cumplir la ley.

Su juventud es temporal. Le tocará, en su momento, ingresar a la tercera edad. Inevitablemente.

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