Una vez que comienza julio, es frecuente escuchar frases que hacen referencia a la rapidez con que pasa el tiempo, de cómo los días se han ido volando y que el día menos pensado los comercios comenzarán a exhibir los primeros productos navideños.
Y no deja de ser cierto: las hojas del calendario (quedan todavía calendarios que tienen hojas...) se suceden inexorablemente.
Parece que no terminamos de caer en cuenta de que hace poco nos hacíamos unos propósitos de año nuevo y que se acerca el momento para evaluarnos y reconocer cuántos fueron alcanzados o si ni siquiera los recordamos.
De ahí que sea este el momento propicio para dar un nuevo impulso a nuestras luchas y recomenzar si es necesario. Todavía nos quedan seis meses, medio año, y en ese período se pueden lograr muchas cosas.
No olvidemos que hay tres ámbitos de vida esenciales en los que debemos preocuparnos por dar lo mejor de nosotros.
El primero: la familia. Seguro que en este ámbito tan íntimo siempre hay cosas en las que podemos mejorar. Hay maneras de ser, modos de reaccionar, que necesitan ser pulidos. Los defectos de cada uno de los miembros de la familia salen muchas veces a flote y dificultan la convivencia armónica indispensable para conservar la paz individual y colectiva.
En este sentido, somos los mayores los que estamos llamados a ser ejemplares y batallar a brazo partido contra nuestras manías y esos rasgos de personalidad que pueden rozar con los de los demás y generar fricciones.
Luego está el lugar de trabajo. Ahí se nos pasa buena parte del día y de la vida.
Entre los colegas, podemos ser fuentes de alegría, de optimismo, de miradas cómplices y sonrisas. O bien, causas de molestia, de frustración, de amargura.
El problema es que se cosecha lo que se siembra y que se recibe de regreso lo que se envía. Así que, en pleno julio, hacer el propósito de ser un buen compañero tiene mucho sentido. Y eso implica escuchar a los demás, prestarles la ayuda que solicitan, adelantarse a sus necesidades.
Y, sumamente importante, el ámbito de la vida social. Ya decía Aristóteles que, sin amigos con los que compartir lo que poseemos, no valdría la pena tener nada.
La amistad, no me canso de repetirlo, es una relación humana fundamental para aspirar a la felicidad plena. De modo que hay que buscar la manera de estar cerca, de estar disponibles, de mantenerse en contacto, de no aislarnos.
Como ven, ya se fue la mitad del año, pero nos queda la segunda parte. Nunca es tarde para intentar ser mejores personas.