El Día de la Madre, que en Honduras se celebró ayer, es un momento muy especial en la vida nacional.Pocas fechas mueven tanto a las personas, la economía y también las emociones como esta.
No es para menos, especialmente en un país en el que el 38.5% de hogares son liderados por mujeres, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística (INE).
Si bien es cierto es imposible desconocer el impacto que tienen las madres en los hogares y en la vida de la nación, también está “la otra cara de la moneda”, poco vista en momentos como este.
Para darnos cuenta de que no todo es tan sublime veamos qué sucede con la niñez en abandono.De acuerdo con el Censo Nacional de la Niñez en Cuidado Residencial (Secretaría de la Niñez, la Adolescencia y la Familia, Senaf; INE y Unicef, 2025) hay 3,961 niños, niñas y adolescentes viviendo en instituciones de cuidado residencial (IRCAs).
Por otra parte, se estima que más de 20,000 niños y niñas viven en situación de calle y muchos de ellos son explotados por sus padres para obtener ingresos.Son los niños de los semáforos, los que limpian vidrios y venden confites.
Podríamos continuar con datos duros que demuestren que la niñez en abandono en Honduras es una problemática compleja, estructural, profundamente ligada a situaciones de pobreza, inseguridad y violencia.Además, hay que reconocerlo, también está ligada a temas culturales.
Porque en Honduras sigue transmitiéndose la creencia de que toda mujer debe tener hijos para asegurar la compañía o cumplir con un rol para el que vino al mundo.
Porque la presión social y el miedo a la soledad siguen estando presentes en la vida cotidiana de las mujeres, enfatizando su impacto en las que se encuentran en situación de mayor vulnerabilidad socioeconómica.
La maternidad no es un estado ideal de felicidad completa, ni tampoco solo un asunto de instinto natural.La maternidad es un estado que implica grandes responsabilidades permanentes.El reconocimiento de la madre como un ser integral, con características propias, necesidades y expectativas, es también importante.
Hay que reconocer el valor de aquellas mujeres que, a pesar de sus grandes dificultades y carencias, logran llevar a cabo su rol de madre de la mejor manera, sin lugar a duda; sin embargo, también es necesario poner en relieve la importancia de romper paradigmas que tienen impacto en el presente y el futuro de las personas.
Además, es un buen momento para reconocer también a todas las organizaciones que hacen una labor muchas veces silenciosa a favor de la niñez en abandono, que se convierten en familia y sostén no solo material, sino también psicológico.
Más allá de las imágenes idílicas de los anuncios, valoremos nuestra propia historia, tan real y llena de altibajos, con la gratitud que corresponde, sin perder de vista lo que debemos mejorar como país.