Marketing bonito

Una reflexión sobre el “marketing bonito” y la nostalgia por aquellos anuncios publicitarios que, con creatividad y mensajes memorables, lograron quedarse en la memoria de generaciones enteras.

  • Actualizado: 08 de marzo de 2026 a las 23:50 -

Hace algunos lunes (y algunas lunas), mencionaba yo al copywriter español Israel Bravo, y el asunto del marketing bonito del que habla este experto en publicidad, lo contrario a los “anuncios sin alma”, como los llama él.

Definitivamente, un “anuncio sin alma” es aquel al que se le nota desde lejos que fue creado -para “salir del paso”- por alguien a quien poco le importa lo que hace y, bueno, desafortunadamente, la falta de imaginación y de interés están a la orden del día en el actual mundo de la publicidad. Desde luego que hay excepciones, las de una que otra compañía que sí invierte bien en contratar a las personas idóneas para hacer resaltar su negocio de una manera “bonita”.

Así las cosas, no podemos evitar la nostalgia recordando los fabulosos anuncios de antaño, esos que se quedaron en la memoria de generaciones enteras que todavía recita esos eslóganes y canta esos pegadizos jingles como si no hubiesen pasado décadas ya desde su última transmisión.

Soy testigo fehaciente, en la primera mitad de la década de los 80 en Honduras, a nadie le molestaba que su programa favorito se viera interrumpido por los anunciantes porque a todos nos gustaban esos anunciantes. El de la batería donde los reyes invitaban al pueblo a “ponerse las pilas”, el del bolígrafo a precio milimétrico, o el que “no sabe fallar”, la margarina que da al arroz “la toque final”, el del banco con su “calor humano, trato de hermano”. O el del refresco verde del sediento vaquero en medio de un desierto. Por poner solo unos pocos ejemplos de cómo “se pulía” la gente de marketing en ese entonces.

La segunda mitad de esta legendaria década la viví en México, donde la televisión era parte de la dinámica familiar. Quién no recuerda esos anuncios en los que unos simpáticos dibujitos animados animaban, precisamente, a los más “peques” a irse a la cama, a las 9:00 de la noche si mal no recuerdo, porque había que descansar para el día siguiente, madrugar.

O aquellos que la Dirección Infantil -junto a la más grande televisora del país- producía para alertar a los niños de no caer en manos de adultos abusadores. Se contrataba a los artistas del momento, como Tatiana, Chabelo, La Chilindrina o Yuri, para convencer a los pequeñitos de cuidarse a sí mismos y poner “mucho ojo”.

Igualmente se concientizaba a los padres o cuidadores del daño emocional que puede causar en un niño cualquier tipo de violencia, y para ello se transmitían aquellos mensajes de “cuenta hasta 10”.

Asimismo, la Secretaría de Educación Pública les recordaba a través de un sencillo pero muy convincente dibujo hecho por un lápiz muy inquieto que las clases comenzaban en septiembre, que en febrero son las inscripciones, porque ahí “la educación básica es para todos”.

Y qué tal aquel famoso producto promocionado por Saúl Lizaso en el que recordaba que la calidad era responsabilidad de la compañía, pero la cantidad “es responsabilidad de usted”.

Y bueno, solo mientras que los actuales agentes publicitarios trabajen con las ganas, el interés, la creatividad y el entusiasmo de sus predecesores seguiremos siendo testigos del “marketing bonito”.

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