La prueba PISA (Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos) es un informe que pretende dar a conocer el rendimiento académico de los estudiantes, se utiliza en más de 80 países y se realiza cada tres años.
Esta y otras pruebas más dejaron claro al Gobierno sueco que el nivel de aprendizaje de los alumnos en ese país ha venido en declive desde 2016 y que llegó a su fase más crítica en 2021.
Y esto coincidió precisamente con el inicio del uso de “laptops” en las aulas escolares, una iniciativa que tenía como propósito más bien aumentar las posibilidades intelectuales del alumnado y que ha dejado ciertamente decepcionadas a las autoridades estudiantiles de esa nación nórdica, que se ha destacado no solamente por su riqueza, sistema de salud, su arte, desarrollo estructural y calidad de vida, sino también por su eficiente sistema educativo.
Desde hace cuatro años que Suecia ha venido notando las peores puntuaciones de sus estudiantes, sobre todo en las categorías más tempranas, como lo son preescolar y primaria.Sobre todo en lectoescritura, aun en la educación secundaria, que es la que prepara a los chicos para la vida universitaria.
Los altos mandos de la educación sueca han debido llegar a la conclusión de que la presencia de pantallas en el salón de clases son una fuente de distracción que dificulta la concentración de los alumnos.Si ya de por sí mantener a una clase enganchada es de una dificultad significativa, imagínese usted esa luz, movimiento y sonido emergiendo de manera intermitente en la computadora portátil de los estudiantes captando su completa atención casi que en todo momento.Se requiere de un profesor con habilidades titánicas para lograr los objetivos de aprendizaje en esas circunstancias.
Andrés Oppenheimer, periodista de CNN, habló recientemente al respecto en su programa, donde tuvo como invitada a Emiliana Vega, catedrática de Harvard, quien piensa que esta medida de dar marcha atrás (volver a los libros físicos, al lápiz y el papel) no es para nada una mala idea, sino al contrario.Llamó mucho mi atención que ella mencionara que sus estudiantes en Harvard le han pedido disminuir el uso de pantallas en sus clases y que desde que lo hace disfruta de un grupo mucho más dinámico y participativo, lo que lleva a aumentar las posibilidades de alcanzar las metas que como docente se fija.Tiene sentido.Y como ella misma declara, no se trata de eliminar del todo la tecnología, sino de saber exactamente cuándo es necesaria y cuándo está de más, o incluso cuándo resulta dañina.
Suecia se ha unido desde ya a otros países europeos como Francia, España e Inglaterra prohibiendo la entrada de teléfonos celulares a las escuelas.Su parlamento busca la recuperación del aprendizaje en los más jóvenes, y apoyado en verificación científica ha restringido el uso de tabletas y computadoras personales en el aula de clases.
Tomando en cuenta los desalentadores datos arrojados últimamente por las mencionadas pruebas y que estas no solo miden memoria y cálculo, sino también la capacidad de resolver problemas en el mundo real, nadie podría culpar al parlamento sueco.