Los hijos del abandono

El abandono parental sigue dejando profundas huellas emocionales y sociales en miles de jóvenes, marcando su desarrollo y su visión de la vida

Recientemente me enteré de la historia de una persona conocida, que por aquellas situaciones de la vida había terminado la relación con su esposo, y en sus propias palabras pude escuchar una historia triste que es sumamente común en estos días.

Se trata de aquellos padres que por una u otra razón han abandonado a sus hijos, porque se divorció, se separó, porque no los reconoce como hijos, lo cierto es que los abandona, los deja atrás, que los deja a su suerte.

Los hijos del abandono rara vez aparecen en las estadísticas. Caminan entre nosotros, estudian con nuestros hijos, trabajan a nuestro lado y sonríen como cualquiera.

Pero muchos llevan dentro una herida silenciosa: la ausencia de aquel que debió acompañarlos durante su crecimiento y decidió marcharse.

Y las consecuencias de dicha acción serán en el plano afectivo, en el conductual, en el económico, en el desarrollo y afianzamiento de la personalidad, en el forjamiento de un carácter.

Y son innumerables estas historias. La más común es la del padre que se une con otra mujer y con la cual tiene otros hijos. Y como estos nuevos hijos pasan a ocupar el primer plano, sus hijos previos caen en el olvido y la madre tiene que ver cómo saca adelante esas vidas concebidas con amor.

¿Cómo podemos exigir a nuestros jóvenes que sean responsables si lo que vieron en sus casas, si fueron testigos, en carne propia, de la mayor irresponsabilidad que puede realizar un adulto?

¿ Cómo podemos esperar que nuestros jóvenes sean respetuosos si lo que tuvieron de ejemplo fue un padre que no los respetó?

¿Cómo podemos esperar que sean hombres de bien si cargan en sus corazones el resentimiento de saber que la persona que debía protegerlos les falló y los dejó abandonados?

No entiendo el corazón de esos padres. El hecho que el padre se separe de su mujer y se vaya con otra no le quita la responsabilidad. Esa es de por vida, y si tiene nuevos hijos debe tener la suficiente inteligencia y medios económicos para dar a todos las mismas oportunidades de desarrollo. No puede establecer prioridades de que unos reciban más que otros.

Si así lo hace está mandando un mensaje devastador y peligroso a esos hijos que ve de menos. Nada es peor para un niño o un adolescente que verse menospreciado por su padre por preferir otros hijos de otra unión. Esto los vuelve más vulnerables al retraimiento, la desconfianza, la inseguridad emocional y, en algunos casos, a conductas problemáticas.

Los jóvenes de hoy se enfrentan a situaciones sumamente difíciles y hostiles. Situaciones que nosotros, sus padres, no tuvimos. La violencia, las drogas, la pornografía, el culto a la sexualidad, la obesidad, la sociedad de consumo, todo está orientado a satisfacer placeres. Esa parece ser la finalidad de la vida.

Los jóvenes necesitan ejemplos a seguir. Y esos ejemplos deben empezar en casa con padres responsables conscientes del papel que juegan en la formación de la personalidad de sus hijos; es una obligación dar buenos ejemplos.

Los hijos necesitan la imagen de un padre responsable. Necesitan de esa imagen que les da la confianza de una vida segura y protegida. Eso les proporciona las bases para el desarrollo de una personalidad fuerte, segura, armoniosa y en balance.

Somos los padres de nuestros hijos, y esa responsabilidad no cambiará nunca, por nada, por nadie.

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