El recuerdo de las lluvias propias de esta época en San Pedro Sula va cambiando con los años. La diferencia es que ahora, en poco tiempo, cae la cantidad de agua que solía precipitarse a lo largo de un día completo.
La intensidad de las lluvias es otra, y con ella también su impacto en la vida de la ciudad y en el bienestar de su gente.No es simple percepción, es uno de los efectos del calentamiento global del que nos han advertido por años los especialistas en la materia, que han incomodado a muchos y han provocado la negación en otros.
En cualquiera de los casos, el de la incomodidad que no pasa de allí y de la negación, el efecto parece ser el mismo: la escasa sensibilidad y la poca acción. ¿Qué podemos hacer ante los efectos de la naturaleza? Es la pregunta ante la que podemos encontrar dos caminos: quejarnos sin hacer nada o adaptarnos de la mejor manera.Va a llover, a pesar del período de sequía que se avecina, del que hablan los noticieros.
Lo hará en algún momento y con mucha más fuerza, especialmente en esta parte del mundo, en la que la temporada ciclónica apenas inicia y se extenderá hasta noviembre.Va a llover y para muchas personas el cielo nublado será el preludio del caos, que pone a flote no solamente la basura que guarda la ciudad muy adentro, sino también la falta de diálogo y de preparación.La adaptación al cambio climático trae consigo la necesidad de construir resiliencia; es decir, de desarrollar la capacidad de sobreponerse a las crisis, aprender de ellas para tomar decisiones y seguir adelante.
Es evidente que San Pedro Sula necesita acciones profundas en materia de infraestructura. En ese sentido, debe existir conciencia de que las soluciones rápidas, aunque necesarias, no son de largo plazo. Y esta ciudad, la Capital Industrial del país, ya no está para eso.
La rapidez del crecimiento poblacional desordenado de esta ciudad ha desbordado por mucho la capacidad de respuesta en términos de planificación. Detenerse a buscar culpables cuando se avecina la tormenta no parece muy sensato, quizá lo mejor es asumir un papel activo en la búsqueda de soluciones.
El Colegio de Ingenieros Civiles de Honduras (CICH) ha dado el ejemplo a través de un comunicado que ha circulado ampliamente en redes sociales, en el que “pone a disposición de la municipalidad de San Pedro Sula su capacidad técnica y asesoría especializada para acompañar las acciones inmediatas orientadas a mitigar los riesgos y atender a las familias afectadas”.
La participación de distintos sectores en el desarrollo local y en las propuestas de solución es lo que ha distinguido a esta ciudad a lo largo de su historia.
El CICH está abriendo esa oportunidad, a la que deben sumarse otros actores relevantes, dejando a un lado las diferencias, para enfocarse en objetivos compartidos.Por supuesto que la adaptación al cambio climático no es solo un tema de infraestructura; es también un asunto de gobernanza -establecer reglas y cumplirlas- de educación y de acción comunitaria; sin embargo, hay que dar pasos hacia lo urgente, no tenemos más tiempo.
El primer paso es comprender que este asunto no debe ser visto desde la óptica de la popularidad, sino de las acciones concretas, del respeto como valor compartido y de la disposición a trabajar juntos. Va a llover, avancemos pronto.