“No hay camino para la paz, la paz es el camino”: Mahatma Gandhi.Las naciones están vulnerables; la paz no es un discurso, debe convertirse en una cultura y en una responsabilidad diaria. En nuestra nación tenemos un gran desafío. Según el INE, en 2025, el 60,1 % de los hogares se encontraban bajo la línea de pobreza. Por eso, construir paz también significa crear oportunidades, educación, empleo digno, instituciones confiables y condiciones para que las familias puedan salir adelante.
El 21 de septiembre se celebró el Día Internacional de la Paz, en medio de una sociedad que enfrenta la polarización, la violencia, la pobreza, la corrupción y profundas divisiones.
Existen principios que no podemos olvidar, como el respeto, el cual nos obliga a vivir con quienes piensan diferente; la justicia, pues no puede existir una paz duradera donde prevalece la impunidad; y el diálogo, que implica escuchar antes de juzgar y buscar soluciones posibles. También está la integridad, en una sociedad que no puede normalizar la corrupción, y la solidaridad.Combatir la pobreza no es tarea solo de un gobierno, y echarle la culpa es lo más fácil; es necesario que se involucren los empresarios, las iglesias, las familias, las comunidades y los ciudadanos de buen corazón.La dimensión espiritual nunca puede quedar por fuera: “Y el efecto de la justicia será paz; y la labor de la justicia, reposo y seguridad para siempre”.
Isaías 32:17 (RVR1960). La paz comienza en el corazón, continúa en la familia y se extiende hacia la comunidad y la nación. La verdadera paz no consiste en que todos pensemos igual, sino en que aprendamos a vivir con dignidad, justicia y respeto, aun cuando no pensemos igual. Una nación no cambia cuando espera que otros construyan paz; cambia cuando cada ciudadano decide convertirse en edificador de ella. Cuando elige perdonar, dialogar y construir junto a otros, la paz renace, sana heridas y abre caminos hacia un futuro esperanzador.