La buena música nos acompaña desde que el ser humano descubrió cómo producir sonidos, ya sea utilizando objetos o la voz. Con el tiempo, los procesos para producirla se han vuelto especializados y complejos para aquellos que entendemos poco de composición. En la historia del hombre encontramos compositores como Bach, Haendel, Chopin y otros que lograron un nivel impresionante en la escritura de partituras que hoy en día son clásicos de siempre.
Como seres sociales logramos integrar la música a nuestra vida cotidiana e incluso la asociamos con eventos considerados importantes, como bautizos, graduaciones, bodas e incluso honras fúnebres.
Como herramienta social, la música incluso establece modificaciones en la conducta, pues ¿quién, al escuchar un himno, no se ha puesto en pie y, de manera muy respetuosa, canta la letra con una mano sobre el pecho, generando una sensación de orgullo compartida por quienes se identifican con su país, un acto religioso o un equipo de fútbol?
La música activa varias regiones del cerebro, logrando diferentes manifestaciones físicas, como aumento de los latidos del corazón, júbilo, llanto. Hasta se habla del poder que esta tiene para calmar a las fieras. Es más, tiene tal poder que logra activar áreas del sistema límbico, el cual se encarga del procesamiento emocional en los seres humanos. ¿Y qué decir de su poder para hacernos evocar recuerdos que pueden llegar a ser hasta muy vívidos? Tal es así que en medicina se utiliza la música instrumental para evocar recuerdos autobiográficos.
Estudios recientes han logrado demostrar que escuchar nuestra canción favorita libera endorfinas, produciendo una sensación placentera de bienestar y disminución del dolor. En general, ayuda a mejorar nuestro sistema inmunológico, regula la tensión arterial y logra contrarrestar los efectos del cortisol y la adrenalina.
La música, desde sus orígenes, es una herramienta social y biológica que trasciende la cultura. Activa el sistema límbico, evoca recuerdos vívidos y libera endorfinas, mejorando el bienestar, el sistema inmunológico y regulando la tensión arterial.