La Honduras particular

Todavía estamos en septiembre. Todavía flamean las banderas en muchos sitios públicos y privados y se continúan escuchando discursos sobre la importancia de amar a la patria y de poner los medios para engrandecerla. Pero mantengo la impresión de que, para la mayoría, eso de “engrandecer a Honduras” sigue siendo una abstracción, algo inaprehensible e incapaz de concretarse.

Lo que tal vez suceda es que no se termina de entender que, en la tarea de sacar adelante a este país, hay una responsabilidad compartida por sus más de diez millones de habitantes y que yo mismo, usted que lee esta columna, el vecino de al lado o el colega con el que alternamos diariamente somos parte de esa población y que, por lo tanto, somos corresponsables de hacerlo.

No sé de dónde habremos sacado que es el Poder Ejecutivo a solas, o los diputados por sí mismos, o cualquier individuo constituido en autoridad, los encargados de encaminar al país por las sendas del desarrollo y el progreso. Ningún presidente, ningún Consejo de Ministros, ningún Congreso de la República, por muy buenas intenciones que tengan, va a lograr enfrentar solo los múltiples desafíos que como nación tenemos.

Ellos, en efecto, han sido electos para llevar la batuta, pero, si los miembros de la orquesta nos negamos a ejecutar el instrumento que nos ha sido encomendado, la música brillará por su ausencia, para usar una metáfora.Para que se pueda escuchar la melodía armónica que nos gustaría se diera, habría que hacer el esfuerzo de ser ciudadanos comprometidos; trabajar con dedicación buscando la perfección en lo que hacemos; cumplir con el pequeño deber de cada día en la familia, en el trabajo y en la vida social.

Cada una, cada uno, debemos estar convencidos que somos los dueños de una “Honduras particular”, una que nos pertenece y que solo nosotros vamos a sacar adelante.Si cada uno cultiva su parcela de patria con verdadero ahínco; si la mantiene limpia, si siembra y cosecha a tiempo, las cosas irán mejor, mucho mejor. Si nadie evade los impuestos, si la honradez preside nuestros actos, si actuamos con transparencia, habremos emprendido la ruta correcta.

Para algunos la Honduras particular será su despacho de abogado o su consultoría médico, para otros el puesto de trabajo en la fábrica. La actividad productiva es lo de menos. Lo importante es que todo se haga a conciencia y no se olvide nunca que el bien común terminará por ser el de cada hondureño. Que Dios bendiga a este país.

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