El pasado 15 de septiembre sirvió como una encuesta de opinión pública entre las nuevas generaciones en las redes sociales para saber a quién prefieren como candidato presidencial para las próximas elecciones de 2030 en Honduras.
Paradójicamente, los más mencionados fueron “influencers”, entre ellos Fredy Rodríguez (La Bicha Catracha), Saúl Fox (La More), Shin Fujiyama y Lester Cardona (Supremo). Según las opiniones de jóvenes, mujeres y hombres, en su mayoría estudiantes de colegio, estas cuatro personas tienen capacidades para gobernar Honduras y sacar al país de la pobreza.
Es impresionante y preocupante cómo las nuevas generaciones del mundo de las tecnologías, internet y redes sociales tienen su propia manera de sentir, pensar y opinar sobre las personas antes mencionadas, a quienes ven como líderes y hasta héroes que deberían gobernar el país.
Entendemos que son emociones y opiniones motivadas por esas nuevas generaciones (zetas), en las que predomina la inteligencia artificial y la influencia de estos “influencers”, que controlan esas mentes juveniles del siglo XXI.
Pero ¿qué pasa con los candidatos de la política vernácula cuando el pueblo pensante, consciente y crítico-reflexivo se siente decepcionado e irrespetado con los actuales perfiles de candidatos precoces de los diferentes partidos políticos, señalados de actos de corrupción, avaros por el poder y sin tener las capacidades adecuadas?
La voz del pueblo pregunta: ¿Dónde están las nuevas generaciones de líderes, hombres y mujeres de estas instituciones políticas, que merecen sustituir a estos políticos añejados y petrificados, muchos de los cuales se han convertido en los nuevos millonarios de este negocio de la política?
Sabemos que la opinión de esas nuevas generaciones sobre perfiles presidenciales es pura emoción artificial. Pero, con los perfiles de los actuales aspirantes presidenciales, la sociedad está confundida y resentida en un país llamado Honduras.