Honduras y sus prioridades

Un llamado a que Honduras defina su propio rumbo plantea prioridades económicas, ordenamiento territorial y reformas estructurales para impulsar el desarrollo nacional

Honduras y los hondureños deben asumir la conducción del destino nacional. Nadie, sino nosotros, está autorizado para establecer los objetivos nacionales, diseñar los plazos, fijar las rutas y determinar las prioridades correspondientes. Estados Unidos tiene “interés” en nosotros porque formamos parte de su vecindario. El Fondo Monetario Internacional tiene interés en Honduras -como cualquiera otro banquero moderno- para que garantice que le pagará lo que les debe a ellos y a la banca privada y pública internacional. China se interesa por su competencia con los Estados Unidos. Aunque la filantropía internacional tiene mucho del carácter humano que estimula la fraternidad, sabemos que el destino de un país corresponde determinarlo a sus habitantes.

En el caso de Honduras, debemos ir más delante de lo que nos recomienda el FMI. Es urgente -porque tenemos mucho atraso- determinar las prioridades y empezar a remover los obstáculos que frenan el desarrollo. Abandonando las ideas negativas que en el curso de la historia se han enquistado en la mente colectiva. “Que como sociedad no tenemos salidas” y que “estamos condenados a la pobreza y que lo único que podemos hacer bien es dañarnos los unos a los otros”. Después, es necesario ordenar el crecimiento poblacional, diseñando el futuro de las ciudades y escogiendo la forma como utilizaremos los recursos: población, tierra, bosques, agua, sol y cercanía a los mercados.

A guisa de ejemplo -porque es una tarea que rebasa nuestras capacidades- hay que determinar las prioridades económicas para impulsar el desarrollo. Partiendo de nuestro carácter agrícola, es necesario potenciar el agro, utilizando las mejores tierras para cultivos rentables, dejando para la ganadería las tierras más secas y más inclinadas. Es necesario enfatizar en los cultivos en que hemos tenido éxito. Volver al banano, más allá de la política, recordando que fue la primera actividad, después de la minería, que nos permitió tener mas éxito en los mercados internacionales. Hay que priorizar los cultivos de granos básicos, diferenciando los de subsistencia -inevitable, por cierto- de los de escala comercial, privilegiando estos últimos.

Para mejorar nuestras capacidades es necesario establecer por lo menos seis distritos de riego: tres en el norte, dos en el centro y uno en el sur. Especialmente la Costa de los Amates, para controlar las inundaciones y producir verduras y legumbres para abastecer al mercado salvadoreño, que tiene dólares que necesitamos urgentemente.

Hay que buscar la industrialización del país. Empezando por una industria ligera y aumentar en el largo plazo hacia la más compleja. Las universidades deben comprometerse en la investigación científica y el desarrollo de patentes, sin las cuales la industrialización es imposible.

Y hay que liberar los mercados económicos, disminuyendo la abusiva intervención gubernamental, que no le interesa el desarrollo, sino atender su clientela electoral. Tenemos las dimensiones para contar con un mercado más libre, en el que los agentes pacten las ventas de presente y que también las de futuro, financiando a los exitosos. Una bolsa de valores, dinámica y rentable es urgente.

Y lo más importante: debemos crear una burguesía, comprometida con el destino de Honduras, con egresados de las universidades, del magisterio y los militares retirados, que teniendo experiencias y dinero, una vez jubilados, deben ser el germen de una burguesía que al invertir dé empleo y produzca bienes y servicios. Actualmente son los pobres y los descendientes de los inmigrantes que llegaron el siglo antepasado los que invierten. Ha llegado el tiempo para que los jubilados menores de sesenta años piensen y usen su experiencia para crear riqueza.

Finalmente, hay que controlar la “clase política”. Retirar obligatoriamente a los sesenta años de edad, declarando “delincuentes” a quienes quieran vivir de la “política”.

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