Honduras ante la diplomacia asimétrica

La Cumbre Escudo de las Américas reabre el debate sobre las relaciones asimétricas, la dependencia regional y el papel de Honduras en la geopolítica internacional

  • Actualizado: 19 de marzo de 2026 a las 23:40 -

El pasado 7 de marzo se llevó a cabo la “Cumbre Escudo de las Américas”, la convocatoria fue exclusivamente para gobernantes de derecha, alineados a Washington, donde asistieron 12 presidentes de la región latinoamericana. La idea ha sido crear una alianza en contra del crimen organizado, freno de la migración irregular y fortalecer la cooperación internacional.

Cabe mencionar que no todos fueron invitados a tal cumbre. México, Brasil y Colombia quedaron al margen, sobreentendiendo que dichos mandatarios no son considerados aliados, por implementar políticas de carácter progresistas o de porte socialista, asimismo, por mantener relaciones comerciales y diplomáticas con economías como China, Venezuela, Cuba, entre otros.

¿Pero cuál es el trasfondo de estas reuniones no convencionales?, ¿de qué manera le beneficia a Honduras ser considerado un país “amigo”?, son algunas de las múltiples interrogantes que surgen ante tales acontecimientos.

Evidentemente, estamos ante una reconfiguración en el sistema internacional, la cual ha puesto de relieve la relación de Estados Unidos de América con el Triángulo Norte, y bajo esta lógica de trato se han segregado a los países en aliados y los que no, por lo que el Escudo de las Américas no fue solamente una reunión diplomática, sino una estrategia de segregación geopolítica.

Al excluir a economías fuertes como Brasil y México, el mensaje que se envía es claro, pues ya no se trata únicamente de cooperación, sino de transacción ideológica.

En este contexto, Honduras adquiere una gran responsabilidad, pues -prácticamente- la posesiona como un muro de contención ante el narcotráfico y la migración irregular, antes de que puedan llegar a fronteras norteamericanas. Esto, a su vez, se convierte en una contradicción, dado que el PIB hondureño se sustenta en al menos un 27% por las remesas que envían los migrantes desde Estados Unidos, y claramente se observa que el tema de la migración no será negociable en esta agenda.

El abordaje pasó de una perspectiva de derechos humanos a la criminalización. Acciones como la cancelación del TPS, impuesto del 1% a las remesas e incluso emitir comunicados evidenciando el malestar sobre la salida de dinero desde ese país bajo la modalidad de remesas y consideradas fugas de capital son la evidencia fehaciente de la asimetría que impera en estas relaciones.

Bajo esta premisa, la participación de Honduras y el resto de los países invitados a la Cumbre no se debe entender como una alianza entre iguales, sino una aceptación jerárquica, pues las reglas del juego deben ser aceptadas y, para una economía como la nuestra, altamente dependiente de la política migratoria y comercial con EUA, este tipo de decisiones se tornan hasta de subsistencia. Por lo tanto, hablamos de relaciones asimétricas, porque se exige lealtad absoluta a cambio de beneficios como consideración de temas arancelarios, apertura para el ingreso de capitales estadounidenses con la finalidad de mejora en la Inversión Extranjera Directa (IED), acceso a financiamiento a tasas de interés accesibles, entre otros beneficios económicos.

Sin embargo, esto limita al Gobierno hondureño a entablar relaciones con países no aliados de Estados Unidos, principalmente con China Continental, incidiendo en la soberanía del país.

Parte del trasfondo de la Cumbre es externalizar la frontera estadounidense en los países invitados y no tanto el desarrollo regional, pues si se presta atención al discurso se observa cómo coloca al Triángulo Norte en una posición donde asumirá un costo político y social al tratar de frenar la migración en los mismos territorios amigos.

Asimismo, este bloque en alguna medida busca hacer una paralela a la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) y la Organización de Estados Americanos (OEA), donde recientemente países del sur, incluyendo Honduras mediante el Gobierno anterior, han tenido una participación con posturas críticas ante las medidas implementadas por el presidente estadounidense.

Hay que enfatizar que en el caso de Honduras en las condiciones actuales y los espacios para salir de esta relación asimétrica son reducidos, la dependencia y la baja capacidad para gestionar alianzas con otros países determinan el enrolarse y ser “aliados” de nuestro principal socio comercial y migratorio.

Sin embargo, la participación en un espacio como el Escudo de las Américas debilita la negociación de Centroamérica como bloque regional, pues Guatemala y Nicaragua también fueron excluidos de dicha Cumbre.

En última instancia, la posición de Honduras en esta Cumbre refleja una preocupante transición de la diplomacia de cooperación hacia una de subordinación pasiva. Al aceptar las condicionalidades, el actual Gobierno parece priorizar la estabilidad de las transferencias de capital y el reconocimiento de Washington sobre la construcción de una agenda nacional con autonomía propia.

Evidentemente estamos ante una situación que limitará la diversificación de aliados y debilitamiento en la negociación como bloque regional.

Mientras la economía siga dependiendo de factores externos comerciales y migratorios continuará sumergida en relaciones desiguales. Sin embargo, no se pierde la esperanza que este tipo de adhesiones generen resultados a favor de nuestro país y no se convierta en parte de la retórica.

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