El planeta está que arde. Inconformidad generalizada, descontento total.
Le llegó el turno a Europa. La sociedad civil que muchos consideraban ejemplar está herida. Está desconcertada, boquiabierta, perpleja. No es para menos. El fuego, el humo, el vandalismo se han adueñado de sus otrora románticas calles. La miseria dijo presente.
Y es que esta es la cruda realidad que está viviendo el planeta. Decepción general, resentimiento social que sofoca, dolor de los desposeídos, corrupción e irresponsabilidad gubernamental. Ya la gente no encuentra otra manera de cobrarse la deuda que siente que la sociedad, el país, el universo, tiene con ellos.
El común denominador de esta situación son los malos gobiernos. Y esta es una pandemia. A lo largo y ancho del planeta, de arriba abajo, los políticos son los culpables. Todos los países están en una debacle por la mala calidad de las personas que ostentan el poder. No hay uno que esté exento de este sentimiento. De derecha, de izquierda, tiranías. Como que no hay sistema político que funcione.
Llámese pobreza, violencia criminal, injusticia social, inmigración irregular, doctrinas religiosas radicales. El sustrato es multifactorial. Y ha estado allí acumulado como el cieno, en el fondo, invisible, silente, pegajoso. De allí el cansancio de las personas.
Años de promesas incumplidas y engaños con alevosía. La vida les duele por injusta; la necesidad económica les destroza las esperanzas. Es un rencor acumulado contra lo establecido porque ha demostrado que no les sirve a sus fines de una vida mejor.
Pero la clase política vive para sí. Inclusive llegan a creer que sus mentiras, repetidas tantas veces, se vuelven verdad. Viven en una burbuja de estrategias y planes solapados para asegurar su permanencia en el poder. Y el pueblo..., el pueblo que se apriete la faja y arañe la vida. Aquí lo vivimos día a día. La clase política no aprende con el ejemplo de la historia.
Todos los años los médicos que trabajan en el sistema público tienen que hacer huelga para que les paguen sus salarios. Esto sucede anualmente y lo veo desde que me gradué de medicina en 1985. Todos los años, en todos los gobiernos.
La misma historia, el mismo reclamo laboral, las mismas mentiras de parte del gobierno. Es inconcebible que la clase política no haya encontrado la solución a un problema que se presenta anualmente y, lo que es peor, que saben que se presentará. Eso se llama negligencia, incapacidad gerencial gubernamental y desidia personal de los funcionarios a cargo de esta problemática.
Y todavía salen voces afines al gobierno de turno, inclusive médicos (a los que no se les atrasa el sueldo), criticando la falta de compasión de los médicos. Servilismo sin máscaras. Alguien tildó de “pinche” el sueldo de ellos. Seguramente un resentido social. Un paracaidista inveterado, acomodado en todos los gobiernos, al que sí le pagan puntual su “beca” mensual. Descaro al desnudo.
Por eso los gobiernos y los políticos van perdiendo credibilidad. Es fácil juzgar, criticar con el estómago lleno. La esclavitud quedó en las páginas oscuras de la historia. No sean inhumanos y páguenles a los médicos. Ellos no tienen que ser las víctimas de una negligencia estatal. ¿Recuerdan la pandemia del covid? 112 médicos murieron y los llamaron héroes. Hoy son criminales. ¿Cuántos de ellos estarían con los sueldos atrasados en el momento de su fallecimiento? ¿Es eso justicia? Se necesitan gobiernos más humanos, menos demagogos.